¿Si acaso me tiemblan las piernas cuando me dirijo a la oficina de Fabiano?
Por supuesto que no… es una mentira.
Todavía puedo sentir el hormigueo que dejaron sus labios cuando me besó en la cocina. El roce de sus manos por mi cuerpo, parece que quemó, porque cada vez que me muevo lo vuelvo a sentir.
¡Es completamente insano!
Y su esposa, ella definitivamente me odia, y no llevo ni tres días aquí. Insinuó que si acaso ya nos acostábamos, es decir, seguro que no soy la primera niñera, ¿será que él se ha acostado con las otras?
Ah, mierda.
¿Y qué me importa a mí?
En mi defensa, yo no sabía que era casado, ni que tenía hijos. Además, hoy me besó a la fuerza, me pilló por sorpresa y luego…
Luego tus manos lo acercaron más a ti, y si…
Muevo la cabeza alejando todos esos pensamientos de mí. Cuando llego a la escalera, Sienna viene subiendo con toda su elegancia. Me mira de arriba abajo con desprecio, aunque ni siquiera me conoce, pero está celosa de mí. Pasa por mi lado sin decir nada, así que yo tampoco pronuncio palabra alguna.
No le debo respeto a quien no me respeta.
Además, quien me paga es el señor Kingsley, no ella, o al menos eso espero.
Toco suavemente la puerta. Cuando él contesta que pase, lo hago para encontrarme nuevamente con su torso desnudo. Definido, marcado y todos sus adjetivos. Un six pack, unos brazos que pueden manipularte fácilmente, unos dedos gruesos que son capaz de hacerte llegar al orgasmo por sí solos, la V de las caderas que incitan a pasar la lengua.
Déjà vu: Ya lo hice.
—Raina —dice levantándose.
Y la forma en que me dice mi nombre, como si fuera un pecado que está deseoso de conocer.
Dios, ten piedad de mí.
Solo soy una humana.
—Señor, Kingsley —respondo.
Me asombro de lo firme que salió mi voz, pensé que saldría toda temblorosa. No entiendo por qué me pone tan nerviosa, los hombres no suelen hacerme sentir así. Ni siquiera Greg. Pero este hombre frente a mí, exuda sensualidad, poder y sexo. Es de esos hombres que ves y dices: debe ser un animal en la cama. Y lo son, eso es lo peor.
—¿Durante la tarde tuvo problemas con Sienna? —pregunta dando vuelta a su escritorio para caminar hacia mí.
Niego con la cabeza. Estoy demasiado tentada a dar un paso al lado o atrás, cualquier cosa que me aleje de él. Sé lo que está haciendo y maldita sea que estoy cayendo en su juego.
—No, ella salió y volvió hace unas horas.
Asiente, mirándome como si yo fuera su presa. Cuando su olor llega a mi nariz, doy un paso atrás. Es un olor amaderado y a gel de ducha masculino. Sus ojos verdes me cuentan cosas, cosas sucias que quiere hacerme.
«Se firme, Rai», me digo mentalmente.
—Tengo su contrato, para que lo firme —vuelve a decir.
Le doy un gesto afirmativo y me dejo un mechón de cabello detrás del oído.
—¿Dónde está?
—En mi escritorio, justo con el lápiz a la mano.
Doy el primer paso sin caerme, efectivamente el contrato está en la mesa junto al lápiz, también soy consciente de que tendré que inclinarme y que él está justo detrás de mí. Pero quiero darle un poco de su propia medicina, no es justo que solo yo esté pasándola mal. Así que me inclino de la forma más sensual que puedo, y tras darle una leída rápida, lo firmo.
—Listo.
Me enderezo y mi espalda toca directamente el pecho de Fabiano.
—¿Qué harías si te inclino en el escritorio y te follo duro como esa noche? —pregunta con voz ronca.
—Diría que no —digo tragando saliva. Mi boca se siente seca, mi respiración se agita y lucho contra las ganas de echar mi culo hacia atrás y comprobar si está igual de excitado que yo.
—Mmm.
Fabiano deja un beso en mi cuello y yo salto, empujándolo. Le apunto con un dedo molesta y excitada a la vez, lo que es una maldita mala combinación.
—¡Basta! —grito.
Me callo al instante, porque no quiero que alguien nos escuche. Fabiano echa la cabeza hacia atrás y se pasa las manos por la cara. Eso, lejos de fastidiarme, termina de mojarme completamente las bragas al ver como se extienden sus músculos. Es un maldito cuerpo echo para que mujeres como yo, caigan en la tentación.
—Necesito este trabajo, no puedo darme el lujo de renunciar solo porque no eres capaz de aceptar un no por respuesta —digo furiosa—. Nosotros no vamos a volver a tener sexo, esa noche fue un error. No sabía que tenías esposa y dos preciosos hijos, y yo definitivamente no tengo material de amante. Si eso no le gusta, envíeme un mensaje para saber si mañana no debo venir. Adiós.
Paso por su lado rápidamente saliendo de la casa. Estoy enojada con él y conmigo por seguir deseándolo. Mi padre estaría muy avergonzado si supiera que me acosté con un tipo casado.
—¡Maldita sea! —grito cuando voy caminando por la calle.
Es seguro que mañana vendrá a almorzar, y yo debo comenzar a comportarme a su lado. Si cada vez le doy indicios de que él me gusta, más me presionará. Saco mi celular y marco el número de mi mejor amiga, Damara. Ella está pasando las vacaciones en la casa, bueno, también en la mansión de su padre en otro estado.
—Hey, bebé —saluda cuando responde.
—Amiga —comienzo.
—Mierda, esto es serio —casi puedo verla enderezándose en el asiento, como siempre hace.
—¿Recuerdas que estoy trabajando de niñera? —le pregunto.
—Sí.
—Mi jefe es ese hombre con el que follé hace unas semanas —le cuento.
Damara hace un sonido de exclamación.
—¡No te creo! ¿Al que le media casi un brazo?
Cierro los ojos cuando la imagen de su m*****o se vino a mi mente. Todo en Fabiano es grande. ¡Maldita sea!
—Sí, ¿sabes lo que es peor? Me reconoció y ahora me persigue porque dijo que quiere tenerme otra vez.
—¡Mi dios! Lo que me pierdo por estar acá —dice ella. Muevo la cabeza sonriendo, pero mi sonrisa se borra rápidamente.
—Está casado. Aunque bueno, parece que se odian, pero no importa porque, ¡está casado!
—¡Noooo! —grita ella a la par.
Seguimos hablando con Damara, luego de contarle mi experiencia, me dice que le plante cara, lo que tengo pensado hacer. Le pregunto por sus vacaciones y me cuenta que se está cogiendo al jardinero de su padre que es de nuestra edad. Me hace reír con las cosas que me cuenta, para cuando llego a casa, me siento mucho más liviana de mente y de alma.
Nada que una conversación con tu mejor amiga no pueda solucionarse. Ahora debo ser fuerte, si quiero salir invicta en dos meses, debo ser fuerte y plantarle cara a Fabiano, eso si es que vuelvo a trabajar mañana.