Félix. Recientemente había llegado del instituto a mi casa, subiendo enseguida a mi habitación con cierta necesidad, puesto que durante todo el maldito día había estado con una jodida erección durante todo el rato. Me avergonzaba admitirlo a mis dieciséis años, pero seguía siendo un chico virgen, y por ende mis hormonas me jugaban una mala pasada a cada momento, provocandome erecciones por casi todo. Por las chicas con faldas cortas. Las de faldas largas. Las nalgonas. Las de pechos grandes. Las de pechos pequeños. Las profesoras. Los dibujos sexuales de v*****s que dibujaban en las paredes de los baños de hombres. Y como no, hasta me excitaba tan solo…. ¡Por meter mi maldito lápiz dentro del jodido sacapuntas! ¡Joder, odio ser un adolescente! Todo me provocaba una erección, y por eso

