Capítulo 01: La primera vez.
Anna.
Puede ser que el sexo sea algo normal para algunos, pero alguien virgen como yo pensaba que el sexo tenía que llegar en su determinado tiempo al llegar al casamiento con tu pareja. Pero tenía treinta y cinco años, y nunca antes había tenido relaciones sexuales. Ni siquiera, había logrado hacer sexo oral. Una vez casi llegué a ver una polla, la de mi último ex novio, a quien por cierto encontré engañándome en el instante que se la vi. Pero esa es otra historia que contar en otro momento, pues de lo que estaba cansada era de seguir siendo virgen. Pensé que le entregaría mi virginidad a mi última pareja, y hasta seguí pensando que llegaría al matrimonio con la virginidad intacta.
Pero mi relación se acabó hace unos meses, él me mintió como mis demás ex’s parejas lo hicieron en su momento.
Y ya estaba casada de lo mismo.
Además, ya no quería ser una virgen.
Necesitaba tener sexo ésta noche, y por eso me preparé en mi departamento para ir al Club que estaba calle abajo. Me puse una de las faldas que me descubrían las rodillas, y que hizo juego con la blusa blanca que cargaba. Calcé mis tacones y una vez me puse mi chaqueta decidí salir. Era Viernes, así que no tendría que preocuparme mañana por el trabajo. Y aunque, sabía que no era una muy buena idea ir sola a un Club, pues ya no era una adolescente. Había dejado esos temores en el pasado, porque era una mujer, y sabría cómo protegerme.
Y lo más importante, necesitaba follar ésta noche.
O me volvería loca.
Estaba segura de que lograría pescar algo en el Club, pues era una mujer bastante atractiva. Tenía unos pechos muy levantados, y un poco grandes, y ésta noche los estaba mostrando sin vergüenza alguna a través de mi escote. También me había depilado entera, y guardé un par de condones en mi bolso de mano por si acaso. Estaba un poco nerviosa, pero no era estúpida. No necesitaba en éstos momentos un embarazo que no deseaba ahora en mi vida.
Antes de salir de mi departamento me miré en el espejo del pasillo, estaba luciendo de una manera muy atrevida esa falda negra que tenía, y que hacía resaltar perfectamente mis curvas femeninas. La blusa hacía mostrar mis pechos, y me había dejado el cabello rubio suelto. Sabía que estaba tomando acciones ciertamente arriesgadas, pero ya estaba cansada de seguir siendo virgen, y una inocente chica fiel.
Solo quería olvidarme del amor, y follar como nunca antes.
Terminé respirando hondo y sin titubear caminé con seguridad sobre mis tacones blancos, decidida en lo que quería. Llevaba semanas planeando ésto, y ahora que tenía el tiempo para hacerlo, no dudaría. Porque quería que mis oscuras fantasías se hicieran realidad, esas en donde era follada de piernas abiertas. Esa donde le practicaba sexo oral a un hombre.
Cuando salí del edificio de mi departamento me detuve frente a la acera, y detuve un taxi para que me llevase al club.
***
Al entrar al club me dí cuenta de que el ambiente me fue succionando de a poco, pues la música estaba sonando muy fuertemente. Vi cuerpos danzantes de aquí para allá, y en especial resaltaron el de esas bailarinas que estaban sobre unas pequeñas plataformas, practicando el Pole Dance. Cuando se balanceaban sus pechos se movían con erotismo, al igual que sus cabellos sueltos, y habían hombres que no dejaban de verlas con deseo. Lanzándoles dinero, animándolas a seguir. Y aunque, en otra ocasión hubiera aborrecido esa clase de comportamiento de los hombres hacia las mujeres, en este momento fantaseé por un segundo que era yo la que estaba bailando en ese tubo, y que todos esos hombres se estaban concentrando en mí.
«Eso fue muy atrevido, Anna», me dije a mí misma, meneando la cabeza de un lado a otro, riéndome por las ocurrencias que se me venían a la mente por ser una jodida chica virgen. Joder, ¿cómo había soportado una relación de cuatro años donde estuve siendo engañada terriblemente?
Ni siquiera quería pensar en eso, solo quería ser una persona completamente diferente esta noche.
Otra Anna.
No la inocente secretaria.
Presioné mis labios pintados, y cuando un mesero pasó cerca mío le pagué en efectivo un trago que tenía en una bandeja, el cual me bebí de un sopetón. Era vodka, y estaba demasiado fuerte, así que torcí un poco el gesto. Pero, enseguida caminé entre la multitud danzante para poder acercarme a la barra, donde me quedé durante un momento bebiendo para tratar de encontrar el valor de acercarme a uno de esos hombres, quienes para mi mala suerte estaban bien acompañados con sus amigos, o parejas. Mientras que yo estaba sentada en el taburete, sola. O, al menos así había sido hasta que lo vi en medio de la penumbra de la Disco.
Mis ojos se encontraron con ese sexy hombre al otro lado del lugar, quien estaba pegado de espaldas contra la pared. Parecía un poco solitario, bebiendo algo y mirando a las bailarinas moverse en sus escenarios.
«Es ahí, Anna», me animé y terminando de beberme otro chupito. Me bajé con cierta torpeza del taburete, dándome cuenta en ese momento de que estuve tomando mucho, puesto que me sentí mareada. Pero, aún así caminé entre la multitud, sosteniendo fuerte mi bolso de mano, sintiendo mis piernas temblar un poco y mi respiración acelerarse de modo que me acercaba a ese esbelto hombre moreno.
«Tu puedes hacerlo, Anna», seguí animándome cuando los nervios me atacaron y solo quise irme corriendo, pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, supe que debía de continuar con ésto… Perdería mi virginidad.
Y por eso terminé de acercarme a ese hombre.
- Hola… ¿Qué tal?- le hablé en un tono un poco tímido, pero bastante amigable, quedándome a su lado.
- ¿Hola?- él me sonrió con extrañes, pero siendo bastante amable, pues no le importó que me acercara.
Noté por el rabillo del ojo que me estaba mirando de pies a cabeza, y que parecía un poco consternado porque había tomado la iniciativa de acercame a hablarle. Además, estando cerca suyo, estuve segura de lo guapo que era. No estaba nada mal el hombre, lucía de unos veintítantos aproximadamente. No era tan alto, pero al menos me alcazaba estando yo en plataformas. Su cuerpo era ancho, tenía el pelo claro y estaba segura de que hacía ejercicio, cosa que lo comprobó el hecho de que tenía puesta lo que parecía ser una chaqueta de algún equipo de Futbol Americano.
Su físico era demasiado atlético, y por un pequeño instante me pregunté cómo sería su… Polla.
- Qué guapa eres...- de pronto me dijo en un tono que me tomó por sorpresa, provocando que las piernas me temblasen un poco, y aún más cuando le vi acercarse a mí, inspeccionándome con una mirada oscura-. Te vi a lo lejos, y estoy seguro de que también estás sola.
«No la cagues, Anna», me dije a mí misma, pues me estaba sintiendo un poco eufórica por el alcohol que había ingerido, y podía sentir un poco de sudor cubriéndome la frente por los nervios.
- Si, e-estoy sola- titubeé, mordiéndome el labio y volviéndome hacia él para demostrar que tenía seguridad.
En ese momento nuestros ojos se encontraron expectantes, de una manera que me atrajo por completo y casi me volvió completamente loca. Era un hombre bastante atractivo, sus ojos eran intimidantes, pero tenía una ligera sonrisa coqueta en sus labios que me hipnotizó.
- Tú también eres guapo...- dejé escapar de mis labios sin darme cuenta, y nos quedamos mirándonos fijamente.
- ¿Sonaría vulgar si te dijera lo sexy que eres?- su tono de voz me sacó por completo de mis pensamientos, y me hicieron sonrojar al escuchar ese tono tan grueso de voz que tenía.
Oh Santo Dios.
No podía creer hasta el punto en que estaba llegando con este hombre desconocido, supongo que este Club estaba dando sus frutos y que todos esos chupitos que me tomé también lo hicieron. De pronto, él me pasó una cerveza cuando un camarero se acercó con un par, y los dos comenzamos a beber. Me sentí estúpida cuando me la bebí de golpe, y me dí cuenta de que él estaba bebiendo muy lentamente la suya, se le corrió un poco por los labios. Estaba segura de que eso fue apropósito, me dieron ganas de lamer ese chorrito de cerveza.
- ¿Y tú también… haz venido solo?- le pregunté haciendo conversación, mientras que los dos mirábamos a las personas a nuestro alrededor, danzando al ritmo de la música electrónica de la Disco.
- He venido con unos amigos, pero esos cabrones me abandonaron en ésta esquina, deben de estar por ahí- me contestó, riéndose.
Su sonrisa era como la de un modelo, y joder, estuve un poco mojada al ver cómo sus bíceps se marcaban mucho en su chaqueta.
- ¿Estás en algún equipo?- acabé preguntándole sin darme cuenta, mirando la botella de cerveza vacía en mi mano.
- Si- él afirmó, relamiéndose el labio-, soy jugador de futbol Americano, y pues, mi equipo y yo hemos venido a ésta ciudad a por un partido. Y como hemos tenido el tiempo libre, decidimos venir a distraernos.
- Vaya… Entiendo- susurré bajito, mirándolo de arriba abajo, viendo como su pecho era fornido, y como un notable bulto se le marcaba en los pantalones… Hasta que él me encontró mirándole ahí, y yo desvié la mirada ruborizada, soltando en medio de los nervios y por el alcohol:
- ¿Q-Quieres bailar?- pregunté rápidamente, mi voz sonó muy torpe, y me dí cuenta de lo mucho que le divirtió a él.
El hombre sexy me miró por un momento, y me habló con ese tono ronco:
- ¿Sabes? Me encanta tu seguridad...- y entonces me tomó del brazo suavemente para que caminásemos hacia la pista del baile, entre el gentío.
Yo sonreí con torpeza, aliviandome de no haber hecho el momento incómodo, dejándome guiar por él hacia donde la multitud estaba danzando. Con una seña le pedí una cerveza a un mesero, él la trajo al instante y me la bebí de un sopetón, pues necesitaba coraje para continuar con ésto. Cosa que lo conseguí media hora después una vez que perdí la cuenta de mis tragos.
Me encontraba más mareada y viendo todo borroso, sentía el cuerpo de ese sexy hombre junto a mí, los dos estábamos muy pegados, ya habíamos roto la barrera de espacio personal. Restregándonos el uno con el otro, de pronto él comenzó a besar mi cuello y a tocarme mientras que yo cerraba los ojos y me dejaba tocar. Sentía todo mi cuerpo caliente, y entonces abrí los ojos al sentirlo morder levemente mi cuello, él subió una de sus manos hasta uno de mis pechos y cuando menos lo noté ya me lo estaba apretando de una manera que arrancó un gemido, después se detuvo de repente de una manera que me dejó abrumada.
- ¿Qué te parece sí vamos a un lugar más “intimo”?- me habló roncamente, mordiendo levemente mi oreja.
Entonces sentí que mis piernas temblaron todavía más, y que tuve que aferrarme a su grueso cuerpo para no caerme. Ese hombre me hablaba de una manera que me estaba volviendo loca, y me estaba dejando muy cachonda. Por eso no hice más que asentir con sumisión, y él me tomó de la mano para que comenzáramos a caminar entre el gentío hacia el pasillo donde se encontraban las habitaciones del Club. Cuando pasamos por el pasillo pude escuchar cómo vagamente se oyeron gemidos en algunos cuartos, pero nada de eso me importó más que caminar con ese hombre hasta la última habitación, que parecía haber pagado, y yo me pregunté sí él también estaba esperando pescar algo para ésta noche.
Por fin entramos al dormitorio del Club, adentro solo se encontraba una cama matrimonial y un sillón largo. Ese hombre me empujó sobre el colchón y yo caí encima de éste, jadeando. Las piernas me temblaban, el corazón me latió a toda prisa, y por la falda que cargaba podía sentir mucho aire colándose entre mis piernas de una manera que me estaba haciendo jadear constantemente.
- ¿Cómo... te llamas? Mi n-nombre es Anna- solté arrastrando las palabras, pues estaba borracha, y creo que él también porque se abalanzó sobre mí y me besó ferozmente en los labios sin dejarme hablar.
De pronto, nos encontrábamos besándonos con desesperación sobre la cama, frotando nuestros cuerpos y tocándonos con locura. Él me estaba haciendo gemir sin control, y mis piernas se abrieron para él automáticamente, pues ese hombre se había ubicado entre ellas sin titubear, haciéndome sentir un enorme bulto cerca de mi sexo. Gemí terriblemente. Besaba tan rico que me había puesto al cien tan rápido, mis piernas para ese punto estaban temblando como nunca, y gemí fuerte cuando subió una mano a uno de mis pechos y me lo apretó, provocando que mi lengua se encontrara con la suya.
De pronto me rodeó con sus brazos, me acercó a su cuerpo y me apretó muy fuerte. Una mano subió a mi pelo rubio, y la otra me recorrió la columna hasta la cintura y siguió avanzando, siguió la curva de mi trasero y me empujó suavemente contra sus caderas. Sentí su erección, que empujó lánguidamente contra mi cuerpo, así que volví a gemir sin apartar los labios de su boca. Apenas pude resistir las desenfrenadas sensaciones «¿o eran hormonas?» que me devastaban el jodido cuerpo.
Lo tomé por los brazos y sentí sus bíceps. Era sorprendentemente fuerte… Musculoso. Con gesto indeciso, subí las manos hasta su cara y su pelo alborotado, que es muy suave. Tiré suavemente de él, y mi sexy hombre gimió. Entonces en medio de aquellos desesperados besos, y de la calentura que tenía, a penas me dí cuenta cuando me sacó la blusa que cargaba de un tirón y me dejó expuesta de esa manera. Le vi con mayor lujuria en sus ojos negros, y desvié la mirada con vergüenza cuando le vi quitarse el chaquetón que tenía al igual que su remera.
Santo Dios.
Tenía la vista borrosa, entreabrí mis labios en un jadeo al verle el torso desnudo finalmente, estaba demasiado fornido, sin llegar a ser exagerado. Su hombros eran anchos, sus pectorales marcados, al igual que sus bíceps y su abdomen. Guau. Ese hombre tenía un cuerpazo, y enterré inconscientemente las uñas en las sabanas de la cama cuando le ví desabrocharse el pantalón y bajárselo sin previo aviso, mostrando su bóxer n***o y el enorme bulto que se le estaba marcando.
Era realmente enorme, y cuando vi aquello mis piernas comenzaron a temblar terriblemente como nunca antes me había pasado.
Él no parecía darse cuenta de eso, puesto que de pronto se bajó el pantalón de golpe con su ropa interior, y su polla salió disparada de donde estuvo escondida, dejándome paralizada sobre el colchón al verla sacudirse de una manera que me dejó inmóvil. Enterré más fuerte las uñas en el colchón, y no pude apartar mis ojos de su prominente polla…. Esa cosa podría considerarse hasta monstruosa.
Era enorme.
Y sin darme cuenta me estaba asustando un poco, pues mi pecho estaba subiendo y bajando con mucha rapidez y hasta él se dio cuenta de que me estaba poniendo nerviosa.
- ¿Qué sucede, linda?- me preguntó, sentándose a mi lado en la cama, con un tono de voz un poco más comprensivo. Mientras que yo estaba temblando como una hoja sobre el colchón.
- Yo… Yo...- apreté mis labios, y me senté torpemente a su lado, con la mirada puesta en mis manos-. Yo… Yo soy virgen- dejé escapar en un susurró, cerrando los ojos con vergüenza, deseando que así no hubiera sido.
Él se quedó en un completo silencio en ese momento, y yo estuve segura de que lo había arruinado.
«Él te dejará, Anna», pensé con cierto dolor en el pecho, puesto que lo haría como todos los hombres en mi vida lo hicieron. Como todos mis ex’s novios lo hicieron, ¡como mi padre lo había hecho!
O, al menos eso creí que pasaría, porque de un momento a otro me tomó del mentón y me hizo mirarlo a los ojos. Abrí los parpados con temor, y obedecí como quiso cuando le escuché decirme:
- Mirame, Anna.
Le hice caso.
- No voy a hacerte daño… Voy a darte mucho placer, y te haré venir como ningún hombre lo hará jamás- dijo con un tono de voz grueso y marcado, dejándome pasmado frente suyo-. Sé que ésto será solo sexo, pero dejame complacerte.
- ¿No te importa… Que sea virgen?- susurré, tratando de mantenerle la mirada, y él sonrió de una manera que me volvió loca.
- No, al contrario… Me puso más duro- ronroneó, y estrechó de nuevo sus labios sobre los míos.
Nos besamos con pasión en ese momento, mientras que una música bastante sensual estaba de fondo y yo no dejaba de sentir que me estaba yendo. Esto parecía ciertamente irreal. Sentí náuseas en un punto, quise apartarlo de mí e irme corriendo. Pero al final estuve decidida en lo que quería, y lo quería a él dentro de mí. Ya no quería seguir siendo la misma chica inocente que creía en el amor.
Ahora, quería ser una chica mala.
Y por eso comencé a quitarme la ropa junto a ese sexy hombre, mientras que nos frotábamos y nos tocábamos. Hasta que de pronto él se apartó y parándose frente a mí, completamente desnudo, me enseñó su polla dura con descaro, y la sacudió frente a mí, demandando roncamente:
- Ven a chupar, linda.
Tragué saliva, pues su polla era tan grande que no estaba segura de que me entraría todo en la boca. Pero aún así gateé sobre la cama hacia él, y miré su polla de manera inexperta. Sin embargo, acabé tomándola entre mi mano sin vergüenza alguna, pues había una voz en mi cabeza que me decía que me dejase llevar, y quise obedecerle esa noche.
Quise darle paso a otra versión de mí.
Tomé su polla firme entre mi mano, y al principio le masturbe suavemente, escuchando como él jadeaba gruesamente y llevaba la cabeza hacia atrás. Le estaba gustando, y por eso no dejé de masturbarlo, hasta que estuve lista y abrí los labios, tragandomela toda de un bocado. No me entró más de la mitad, pero al menos engullí lo suficiente para que él gimiera. El sabor de su polla era uno que jamás había experimentado antes… Me gustó.
Su polla tenía un sabor delicioso.
Y comencé a moverme, succionando todo su falo de manera inexperta, pero quedándome mamando con esmero su polla, mientras que le escuchaba gemir gruesamente. Movía mi cabeza hacia el frente y hacia atrás. Hasta que él me sujetó fuerte del pelo, y comenzó a ser él quien controlara la situación, embistiendo mi boca de una manera que me provocó arcadas, que los ojos se me humedecieran y que sus bolas golpeasen mi barbilla. Su vello público me estaba haciendo cosquillas en la nariz. Y estaba follando mi boca tan fuerte que tuve que colocar mis manos en sus caderas, gimiendo por su gran trozo perforándome la boca sin piedad.
Así que agradecí una vez que sacó de mi boca su polla para darme un respiro, cuando lo hizo comencé a jadear entrecortadamente. Pero no estaba cansada de ésto, en cambio de eso, estaba más ansiosa de que todo pasara de una vez. Mis mejillas estaban ruborizadas, y mis piernas seguían temblando. Podía sentir como sudor frío me corría por la columna vertebral. Él me miraba de una manera oscura, y supe lo que quería en ese momento, por eso tome aire, e intenté tomar todo lo que pude en mi boca, relajando mi garganta y dejando pasar un buen trozo en mi cavidad bucal, él entonces me tomó por la nuca mientras acariciaba mi cabello y movía las caderas suavemente, saqué su m*****o de mi boca con un "plop" viniendo de este y bajé a sus bolas húmedas, lamiendo y masajeándolas, deleitándome con los gemidos que ese sexy hombre hacía, comencé a subir de nuevo por su falo, recorriéndolo totalmente con mi lengua y usando gentilmente mis dientes, al llegar a su esponjoso eje purpura, me detuvo con una mano.
- ¿Qué…. Qué sucede?- susurré entre jadeos, mientras que estaba a cuatro patas sobre la cama.
Noté entonces que su mirada era demasiado oscura y penetrante, y que mi intimidad se humedeció terriblemente cuando me habló:
- No te contengas, linda…
- ¿Por qué… lo dices?
- Porque sé que lo estás haciendo- él me afirmó, sujetándome de la barbilla-, viniste para que algún hombre cumpliera tus fantasías oscuras esta noche, y ese seré yo- dijo y se acercó a mi rostro-. Así que no quiero follar a una mujer inocente…. Quiero hacerlo con una Anna sucia y mala.
- ¿Quieres que sea… Mala?- jadeé, perdiéndome en el vacío de sus ojos negros-. Porque… Porque puedo serlo- dejé escapar sin darme cuenta, y él me besó en los labios.
- Eso le gustará a Will- ronroneó, sobre mis labios y yo le pregunté sonriendo:
- ¿Tu nombre… Es Will?
- Si, y recuerdalo…. Porque seré yo quien te quitará la virginidad ésta noche.
El tono de voz con el que habían salido esas palabras me dejaron abrumada, pero a la vez me provocó una descarga en todo el cuerpo que me enloqueció, y mande todo a la mierda cuando le contesté:
- Hazlo…. Follame duro.
Y entonces Will se inclinó sobre mí, me agarró de los tobillos, me separó rápidamente las piernas y avanzó por la cama entre ellas. Se quedó suspendido encima de mí. Me retorcí de deseo.
- Sé una buena niña… No te muevas- susurró roncamente.
Se inclinó hacia abajo, me besó la parte interior de un muslo y fue descendiendo hasta que me arrancó un terrible jadeo cuando sentí el aire caliente de su respiración rozando mi v****a húmeda, que comenzó a palpitar al sentir ese simple tacto. Él pareció mirarla durante un momento, y después solté el grito más grande de mi vida cuando su boca se presionó entre mi coño mojado, él empezó a lamer y succionar mi intimidad como si hubiera nacido para ello. Volviéndome completamente loca, provocando que arañase las sabanas, haciéndome gemir.
De pronto, dejó de comerse mi coño, e introdujo un dedo dentro de mí, y yo grité mientras que lo sacaba y volvía a meterlo. Me frotó el clítoris con la palma de la mano, y grité de nuevo. Siguió introduciéndome el dedo, cada vez con más fuerza. Gemí.
De repente se sentó, me quitó las bragas y las tiró al suelo como hizo con todas mis cosas. Después se inclinó un poco para buscar algo en sus pantalones, y mi sorpresa fue grande al ver que él había venido preparado, puesto que sacó un condón de sus pantalones. Se arrodilló frente a mí y deslizó el condón ya abierto por su largo m*****o. Oh, no… ¿Cómo va a entrar todo eso en mí?
- No te preocupes- me susurró mirándome a los ojos-. Tú también te dilatas.
Se inclinó apoyando las manos a ambos lados de mi cabeza, de modo que quedó suspendido por encima de mí. Me miró a los ojos con la mandíbula apretada y los ojos ardientes. En este momento me dí cuenta de que también estaba sudando un poco y se veía agitado.
- ¿De verdad quieres hacerlo, Anna?- me preguntó en voz baja.
- Por favor, Will- le supliqué.
- Abre bien las piernas- me ordenó con un tono rudo. Obedecí de inmediato-. Ahora voy a follarla, señorita Anna- murmuró colocando la punta de su m*****o erecto delante de mi sexo-. Duro- susurró, y me erizó por completo la piel.
Y entonces, antes de que me dejase pronunciar palabra alguna metió su polla de golpe dentro de mi intimidad, arrancándome un fuerte grito en la habitación. Will me penetró bruscamente.
Al desgarrar mi virginidad, sentí una extraña sensación en lo más profundo de mi ser, como un pellizco indescriptible. Se quedó inmóvil y me observó con ojos en los que brillaba el triunfo.
Tenía la boca ligeramente abierta y le costaba respirar. Gimió.
- Voy a moverme, linda- me susurró un momento después en tono firme.
Retrocedió con exquisita lentitud. Cerró los ojos, gimió y volvió a penetrarme. Grité por segunda vez, y él se detuvo.
- ¿Más?- me susurró con voz salvaje.
- Sí- le contestó.
- ¿Sí?- él gruñó, empujando más adentro con rudeza y provocandome un grito-. ¿Si qué, Anna?
- S-Si, señor- jadeé descontroladamente, y me dí cuenta de la enorme sonrisa de satisfacción que apareció en su rostro al ver que le había llamado «señor»-.
- Eres mi perra ahora, ¿lo sabes?
Tragué saliva.
- L-Lo sé…. Señor.
- Bueno, espero seas una buena perra tragona- ronroneó roncamente-, porque te follaré tan duro que no lo olvidarás.
Un escalofrío me cubrió la espina dorsal, y sus palabras me asustaron. Pero aún más el hecho de que no tenía miedo de que me hiciera sangrar.
Solo quería que me follara duro, y por eso gemí:
- Hazlo, ¡Follame duro!
Eso pareció animarle al seguir, puesto que se acomodó sobre mí. Apoyándose en los codos, de modo que sentí su peso sobre mí, aprisionándome. Al principio se movió despacio de una manera tortuosa, entró y salió de mi cuerpo. Y a medida que fui acostumbrándome a la extraña sensación, empecé a mover las caderas hacia las suyas. Aceleró. Gemí y me embistió con fuerza, cada vez más deprisa, sin piedad, a un ritmo implacable, y yo mantuve el ritmo de sus embestidas.
Me agarró la cabeza con las manos, me besó bruscamente y tiró de mi labio inferior con los dientes. Se retiró un poco y sentí que algo creció en lo más profundo de mí, como antes. Voy poniéndome tensa a medida que me penetraba una y otra vez. Me temblaba el cuerpo. Arqueé la espalda inconscientemente. Estaba bañada en sudor. No sabía que sería así… No sabía que la sensación podía ser tan agradable. Mis pensamientos se dispersaban… Estaba perdida en el placer… En solo él… Solo yo… Oh Santo Dios… Mi cuerpo se ponía cada vez más rígido.
Gemí descontroladamente y enterré mis uñas en su espalda, mientras que él aceleraba las estocadas y las hacía más violentas hasta el punto en hacerme gritar sin control. Su pelvis se enterraba en lo más profundo de mí de una manera que me hizo enloquecer, haciéndome gritar:
- ¡Will! ¡Ah, Will! ¡Soy tuyaaa!
- ¡Eres mi perra! ¡Mi perra, Anna!- él me gritaba también, embistiendome duro sin piedad alguna-. ¡Y las buenas perras soportan las vergas grandes! ¡Las buenas perras soportan!
- ¡A-Ah! ¡Si! ¡Soy una buena perra!- dejé escapar descontroladamente, enterrando todavía más mis uñas en su espalda.
De pronto, como si fuera más posible Will aceleró el ritmo de sus estocadas de tal manera que el sonido de nuestras pieles chocar ya se estaba oyendo, y yo me sentí perdida en la lujuria, quedándome abrumada cuando estuve a punto de llegar al orgasmo y él se detuvo en el momento en que escuchamos que la puerta del cuarto se abría de repente.
Me quedé quieta debajo del fornido cuerpo de Will, y él se volvió detrás suyo con seriedad, mirando como del otro lado se estaban mostrando varios muchachos que tampoco conocía. Entonces me dí cuenta de que al parecer todos se conocían entre sí, porque de pronto entraron cuando Will les sonrió, y me quedé anonada al ver que ese grupo de muchachos estaban entrando, mirándome con lascivia en sus ojos.
- ¿Son… Tus amigos?- le susurré a Will debajo suyo, jadeando un poco con el cuerpo sudoroso. Me dí cuenta de que todos ellos tenían las mismas chaquetas.
- Si, ¿no tienes problemas con que los invitemos?- me preguntó con picardía, sonriendo de lado, y yo sentí como el corazón se me aceleró a mil, y como mi v****a estaba bombeando con la polla de Will dentro mío.
La cabeza me estaba dando vueltas, y podía sentir como las hormonas me estaban devastando el maldito cuerpo en ese momento, y supongo, que por eso acabé respondiendo:
- No tengo… problemas, señor- susurré sumisamente-, quiero estar llena de leche en todos lados.
- Buena perra- él ronroneo, mientras que el resto de los muchachos cerraba la puerta y se comenzaban a acercar a nosotros-. Quítense la ropa hermanos, que ésto acaba de iniciar- les habló a los demás, y sus amigos empezaron a desabrocharse los pantalones.
Empecé a temblar en el momento…. Pero estaba segura de que tenía más agujeros para todos ellos.
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¡Hola gente linda de Internet! Bienvenidos al primer episodio de "Lujuria y Pecado", el cual constará de muchas otras historias de esta manera. Cada una tendrá una trama independiente, espero que les guste y que me apoyen, pues me estoy saliendo de mi zona de confort con ésta Antología Erótica. Pero la estoy escribiendo con los fines de entretenerlas a todas.
¡Si te ha gustado no olvides apoyarme, y dejar un comentario si gustas!
¡Saludos!