Capítulo 02: Caricias en el bus.

1349 Words
Daniela. Primero que nada me presento mi nombre es Daniela y tengo veintidós años. Mido 1.65 aproximadamente, y mi cabello es de un color café oscuro. Soy de piel bastante pálida, y soy un poquito gordita. Por esa razón muchos chicos me rechazaron cuando cursaba el instituto. Y bueno, supongo que por eso me sorprendió bastante cuando… Eso sucedió. Siempre creí que ningún hombre estaría interesado en mí por mi gordura, pero estaba demasiado equivocada por mis complejos y la presión de la sociedad por tener el cuerpo perfecto. Lo que estoy a punto de contarles sucedió hace unos días atrás, estaba en el turno de la tarde en el trabajo y por ende salíamos a altas horas de la noche, además de tener que tomar el transporte hacia mi casa y eso era de una hora aproximadamente. Cosa que siempre provocaba que la noche cayera terriblemente, y yo estuviera montada en el bus rumbo a mi casa. Normalmente solía llegar a mi casa cuando el reloj marcaban las once y media de la noche, y por eso daba gracias a Dios de que no tuviera unos padres estrictos. Aunque cuando al principio me iba sola en el bus, me daba un poco de miedo porque a esa hora no se subían muchas personas al camión. Después me gustó salir tardísimo del trabajo, debido a que comencé a irme con un chico. Él no solo era un chico, era el muchacho por el que había sentido algo demasiado fuerte desde antes. Era ese Crush soñado desde la secundaria, ese que era tan inalcanzable que ni siquiera trataría en hacer que se fijara en mí en los pasillos del colegio. Como era demasiado tímida y acomplejada por mi cuerpo, jamás tuve el valor de hablarle, pero gracias al trabajo fue que nos acercamos, y de esa manera nos volvimos amigos. Y a veces me preguntaban si él se imaginaba que yo lo desnudaba todo el tiempo en mi cabeza, y que rogaba por un beso suyo. Ese mismo muchacho de mi trabajo, quien por cierto era de mi edad. Vivía en el mismo lugar que yo, así que de ahí nos hicimos amigos y nos veníamos platicando en el camión, además de estar casi en la misma área de trabajo y a la hora del almuerzo platicábamos. Él era bastante guapo, esbelto, delgado, ojos cafés y una muy bella sonrisa. Me había gustado desde antes, puesto que habíamos estudiado en el mismo instituto, más nunca le hable hasta que trabajamos juntos. Un día estábamos en el camión hasta atrás en la orilla, platicando de cosas triviales, hasta que sin darme cuenta él se empezó a poner cariñoso conmigo, y yo me sentí demasiado abrumada por su madera de comportarse. Estaba echa un manojo de nervios, pero no actué de manera torpe para no verme estúpida. Cosa que se me dificultó cuando él me abrazó y me dijo que estaba muy bonita, así que dí gracias de que las luces dentro del bus fuesen tenues ya que él no podría ver el calor que había subido a mis mejillas. En ese momento creí que todo era un sueño, me sentía terriblemente muy atraída hacia él y con las esperanzas de que pasara algo, le aventé la típica de tener frío, él se quitó su chaqueta y nos tapamos los dos, acurrucándonos uno junto a otro en los últimos asientos del autobús, el cual se encontraba a oscuras pasando por un túnel de luces amarillas. Mientras que el resto de las personas, que por cierto eran pocas, se encontraban con las cabezas pegadas al vidrio, mirando hacia el exterior. Parecían estar demasiado cansados por haber salido recientemente de sus trabajos, y no nos estaban prestando atención. Por otro lado él me dijo que me acercara más a su cuerpo (él estaba en la ventana y yo a su lado) así que lo hice y me abrazó, nos miramos a los ojos en medio de la penumbra del bus durante unos segundos y antes de que me diera cuenta él me besó en los labios. Después de lo mucho que estuve resignandome a que pasara algo, él se acercó a mí y me besó suavemente en los labios, y yo me quedé pasmada al comienzo. Sin saber cómo debía reaccionar. Fue un beso bastante tierno y lindo. Sin embargo, cuando menos nos dimos cuenta los dos nos miramos directo a los ojos y empezamos un pequeño juego de seducción, los besos se volvieron más apasionados que nada, me acariciaba la pierna y la jalaba, quería que me subiera en él, pero teníamos que ser discretos entre el bus. Yo tenía mi mano en su pecho y él de vez en cuando llevaba su mano a mi trasero y lo apretaba suavemente. Por mi parte, estaba bastante caliente y bajé mi mano a su entrepierna y se la empecé a masajear por afuera del pantalón. Él estaba bastante excitado y me empezó a masajear los pechos por encima de mi blusa. Yo estaba completamente volteada hacia él y él hacía mi, deseábamos hacerlo ahí pero con algunos en el camión despiertos era imposible. De pronto, él me empezó a besar el cuello y a masajear mis pechos por debajo de mi blusa, ya que había colado su mano de una manera ágil hacia dentro. Gemí por lo bajo. Lo bueno era que su chaqueta nos seguía cubriendo, y que el autobús seguía a oscuras pasando por ese túnel de luces amarillas. Él se aseguró de que nadie nos estuviera viendo y se inclinó un poco para sacar mi pecho por debajo de la camiseta; y por debajo del brasier. De esa manera lo empezó a besar y succionar con sus labios, haciéndome reprimir descontrolados gemidos que se querían escapar de mi boca. Su húmeda y caliente lengua se deslizaba sobre mi pezón endurecido haciendo círculos, provocandome gemidos que amortiguaba mordiéndome el labio. Podía sentir como mis bragas estaban extremadamente mojadas, y como su figura masculina me estaba llamando en el deseo. Me encontraba muy excitada pero vigilando que nadie nos volteara a ver, después yo le dije que subiera y nos seguimos besando y acariciando. Bajé mi mano de nuevo, desabrochando su pantalones de manera instintiva, sacando su polla que salió disparada de su bóxer cuando la saqué, y entonces comencé a hacerle una paja a pesar de que por la penumbra no pudiera verle con claridad el pene. Pero estaba más que claro su grosor, y podía sentir lo caliente, húmedo y venoso que era. Él estaba gimiendo levemente y me besaba con necesidad. Esa necesidad que podía ver que tenía por querer poseerme. Esa necesidad de hacerme suya. Hasta que sin darnos cuenta habíamos llegado casi a nuestro destino y por eso nos tuvimos que acomodar rápidamente las ropas, siendo ese el momento en que el bus se detuvo en nuestra parada y tuvimos que bajarnos para caminar hacia nuestras casas. Fue muy extraño volvernos a mirar a la cara después de eso, y solo nos echamos a reír. - ¿Por qué me… Besaste?- le pregunté con la voz en un hilo, mientras que nos encontrábamos caminando por la acera en medio de la fría noche. Entonces él entrelazó nuestras manos, y con esa sonrisa tan radiante que tenía me contestó dulcemente: - Porque también me gustas... Y después de eso ninguno de los dos dijo nada, pero nuestros dedos permanecieron entrelazados hasta que él me acompañó a la puerta de mi casa, y se despidió de mí, susurrándome al oído: - Tú también fuiste mi Crush en el colegio. --------------------------------------------------------- ¡Hola gente linda de Internet! Desde hoy comenzaré a actualizar diariamente durante todo este mes, y quizás para el otro también, así que tendremos mucho de este tipo de relatos durante un buen rato. Bueno, espero que les esté llegando a interesar y entretener, pues es el objetivo con el que estoy escribiendo esta serie antológica de sexo donde se encontrarán con muchas historias húmedas y muy oscuras.... ¡Espero disfruten de cada uno de los relatos! ¡Saludos!
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