Rosie. «¿Realmente serías capaz de hacerlo Rosie…?», escuché a la voz de conciencia de mi jodida cabeza, y mordiéndome el labio observé como la mirada de mi primo era oscura y como en sus ojos se veía claramente… Que él también lo quería. Arthur parecía desearlo tanto como yo. Por eso me volví por completo hacia él y con cierto temor, siempre viendo a sus ojos para estudiar sus reacciones me acerqué a olerlo. A medida que su axila estaba más cerca de mi nariz su rico perfume corporal se hizo mayor. En el rostro de mi primo se dibujó una sonrisa de triunfo como si se sintiera poderoso. Sus axilas estaban pobladas con muchos vellos de color castaño oscuro y despedían un olor a sudor que me enloquecía. Al principio me coloqué a una distancia aproximada de diez centímetros y solamente ol

