Cadmus despertó al siguiente día por la tarde, su cuerpo había sanado por completo, se incorporó de la cama un tanto confundido, en la habitación donde se encontraba, había una pequeña niña solitaria que lo vio fijamente, cuando por fin se sentó en la cama esta corrió patio afuera con su muñeca de trapo en mano. El pelirrojo se encontraba estirando sus brazos mientras, estaba tratando de recordar lo que había pasado, en medio de la confusión notó que tenía un hambre voraz. Sus pensamientos de hambre se vieron interrumpidos cuando Eira entró despavorida, se quedó en la puerta con los ojos más tiernos que el chico pudo haber visto en ella observándolo por unos instantes, con lágrimas a medio salir, la rubia no lo pensó más y se abalanzó en sus brazos. Cayeron al colchón de la cama. - No

