La puerta sonó y entonces Franco con esa voz demandante que solía salir a relucir acompañada de un poco de enfado porque lo había irrumpido esperó a que Ludmila se pusiera ropa para poder dejar pasar a la persona que llamaba a la puerta. Era uno de sus hombres acompañado de Giuseppe. —¿Qué coño pasa? —Lombardia está siendo liberada por la policia, así que esta misma noche debemos regresar a Florencia—comunicó Giuseppe mirando a la pareja, especialmente a Ludmila—. Cuando esté lista, comuníque que quiere marcharse y tomaremos las previsiones. Espero que puedan dejarnos ir sin problemas, señor Contti y para la proxima vez, si me permite decirlo, tome decisiones menos riesgosas. Franco notó el enfado en su voz. —Lo voy a tomar en cuenta. —No me toques, puedo irme solo—soltó de form

