Giuseppe jugueteaba con su arma mientras hacía su guardía en la puerta de Ludmila. Sus ojos se mantenían fijos en el armazón mientras pensaba en armarla y desarmarla de nuevo para obtener un poco de trabajo y mermar su aburrimiento. Ludmila estaba un poco enferma. Había mentido a sus hermanos diciendo que estaba estresada y qué estaba teniendo un resfriado. Lo del resfriado no era cierto pero lo del estres si lo era. Giuseppe ni siquiera sospechaba lo que había allí detro. La italiana se mantenía en la cama, con un montón de servilletas para limpiar su llanto y sorber su nariz. Había estado buscando en internet toda clase de información y todas la ponían en el mismo camino: Estaba embarazada. Había hecho varios examenes en internet sobre embarazos y todos le habían lanzado un “Felicid

