CAPÍTULO XIII —Vaya, qué hombre tan más engreído —señaló Tobías, mientras le daba un sorbo a su limonada. Él y Selene se encontraban en el enorme jardín de la mansión Wexford, sobre unas tumbonas, a la orilla de la piscina. Selene, su madre y Tobías, se habían preparado para mudarse ese día a la mansión. A petición de Tobías, los tres usaban paliacates en la cabeza y se vistieron con ropa cómoda para realizar la limpieza; sin embargo, cuando llegaron a la enorme casa, todo estaba completamente limpio y acomodado. Maya, el ama de llaves, ya tenía todo listo para su llegada. —Puedes creer que me ordenó salir con él. Tremendo patán —señaló la joven. —Así son los hombres de su tipo amiga, acostumbrados a tener todo lo que quieren en cuanto truenan los dedos. — Pues a mí no me gusta que

