CAPÍTULO XXIV —Solo tienes que saber que mi tío te amaba, te extrañó cada momento y estaba dispuesto a dar su vida porque lo supieras… y tal vez lo hizo. Selene lo miró sorprendida. —No eres la única que busca respuestas, Selene. —Aclaró Aidán. —Sé que la ambición de mi madre te causó mucho sufrimiento y no confías en mí en absoluto, sin embargo, debes creer cuando te digo que haré lo que sea para encontrar al asesino de mi tío, no importa quién sea. —Podría ser tu madre. —Aseveró Selene. —Podría ser cualquiera. —¿Sospechas de alguien? — inquirió la joven. Aidán desvió el rostro de la mirada de ella. —Vamos, Aidán. Prometiste responder todas mis preguntas. —La responderé más adelante, cuando tenga algo en concreto. —Estás investigando por tu cuenta, ¿cierto? —¿Y tú no lo haces

