CAPÍTULO XXVII ENTRE BRUJAS NO NOS LEEMOS LA ESCOBA Así continuaron los siguientes días, aquellos dos, hablando de todo un poco, también fueron a pasear en barco, a conocer los alrededores y las caminatas interminables por la playa. Sin embargo, ambos tenían compromisos que los aclamaban, por lo que se vieron obligados a regresar. Selene dio un suspiro de tranquilidad cuando llegó a su casa, aunque se la había pasado de maravilla junto a Solomon en la villa, también, estaba ansiosa por regresar. —Solomon, mil gracias por todo, estuvo increíble; pero por favor, la próxima vez que pienses en hacer algo así, avísame, me gusta tener la oportunidad de decidir. — pidió Selene. —Entonces, ¿puede haber una próxima vez?— inquirió con una sonrisa de oreja a oreja Solomon. —Eres imposible — exc

