«¡Siempre fuiste tú!» Leonardo deseaba creer aquellas palabras, necesitaba sentir que eran verdaderas, pero sinceramente las cosas no eran así de fáciles, lamentablemente en su memoria se repetía el beso que Leandro y ella se habían dado en la sala sin importar si alguien podía verlos. Sin importar que él podía verlos y eso de alguna manera hería su corazón. —Por favor Leonardo, por favor dame una oportunidad para demostrarte que eres el hombre que amo. No voy a divorciarme de ti, no sin luchar por salvar nuestro matrimonio —aseguró con lágrimas en los ojos y el corazón de Leo se estremeció porque odiaba verla llorar, siempre fue así, cada lágrima que ella derramó por uno u otro motivo, fueron dardos en su corazón. —No llores por favor Sophia —pidió acercándose a ella y tomándola entre

