ALEJANDRO La junta terminó y Javier Sotomayor se fue, con una sonrisa de derrota elegante y un apretón de manos que decía "ganaste esta batalla, pero no la guerra". No me importaba, lo único que me importaba era la mujer que estaba a mi lado, recogiendo sus cosas de la mesa de juntas con manos temblorosas. "Directora de Estrategia". Había quemado las naves y había reescrito el organigrama de mi empresa en diez minutos solo para tener una excusa legítima para mantenerla a mi lado sin escondernos y cuando el último ejecutivo salió de la sala, cerré la puerta, puse el seguro. Mariana se giró, sus ojos brillaban. - Estás loco —susurró, con una sonrisa incrédula. - Estoy cuerdo por primera vez en mi vida —repliqué, caminando hacia ella. La levanté en brazos, ella rodeó mi cint

