Narra Gabrielle:
Despegué mis ojos lentamente y me estiré para tomar el celular que estaba sobre la mesita de noche al lado de la cama. Marcaba más de las cinco y me sorprendió que pudiera dormir tan bien. A mi lado estaba Jane totalmente acurrucada en las mantas, parecía tranquila pero siempre tenía esa tensión en la mandíbula cuando dormía.
Había sido casi imposible no dormir cuando llegamos y no le pude decir nada a Jane sobre mi encuentro con Dank.
—Gabe —gritó Jane a mi lado y me asusté.
Ella tenía los ojos muy abiertos y lágrimas al instante comenzaron a caer.
—Gabe —sollozó y lanzó sus brazos a mi cuello.
—Jane, está bien, estoy aquí —susurré y la abracé con fuerza.
Hace un año que no escuchaba llorar a Jane con tanto dolor, cada vez que respirada su cuerpo de estremecía violentamente.
—¿Estás bien? —Pregunté una vez que estaba más calmada.
—Ajá —asintió y se despegó de mí. Sus ojos estaban rojos y la mirada pérdida, como si estuvieran reviviendo una y otra vez lo que vio en sus sueños.
—Jane —intenté llamar su atención pero ella seguía sumergida en sus pensamientos.
—Jane —grité y me observó con ojos perdidos—. ¿Qué viste?
Negó con la cabeza y frotó su escaso cabello.
—No quiero hablar de eso.
—Jane —solté con tono de advertencia pero ella solo negó hasta que Petra levantó su cabeza y comenzó a ladrar.
Bajé las escaleras junto con ella y allí abrió la puerta Raziel, pero el Triskel de la puerta no pudo pasar.
—Podrías tardar un poco menos —dijo con una ceja alzada.
Detrás de mí escuché los pasos de Jane que también asomó por las escaleras que daban derecho a la puerta por el corredor principal. Jane movió su mano retirando el hechizo de la puerta para que Raziel pasara.
—Bien, tengo que ser rápido, ya que los demonios tienen una insana costumbre de matar ángeles caídos —dijo entrando al salón principal y le seguimos.
Se sentó en unos de los sillones y en la mesa de centro sacó las flores que había en medio para poner todo un pergamino enorme que tenía dibujos y palabras por todos lados.
—Hoy en la noche va ser la mejor oportunidad para que puedas entrar a la biblioteca angelical —dijo mirándome ya que estaba justo en frente de él y a mi lado Jane con Petra en su regazo—. Casualmente Dios tiene una reunión con Lucifer y sus comandantes, están preparando la guerra y en el cielo sólo están los ángeles comunes y corrientes porque los arcángeles también irán a esa reunión. Tu mejor entrada será por detrás ya que esas puertas casi nadie las vigila porque nadie sabe de su existencia, dentro tengo una noción que el libro está en algún extremo, tal vez este en las estanterías de más arriba o en las últimas y la cubierta es algo así. —Apuntó a uno de los bocetos que estaba dibujado sobre el pergamino, era un libro con cubierta blanca con la palabra Aerum, no obstante ya sabíamos que tenía más palabras.
—Bien, lo haré esta noche —dije y sentí la mirada de Jane pegada sobre mí.
—Puedo oler a los demonios a millas, me tengo que ir —dijo poniéndose de pie rápidamente.
—Muchas gracias, hermano —dije y tomé su mano.
—Todo sea para saber la verdad —respondió.
Narra Jane:
—Iré a preparar mi cosas para la noche —avisó Gabe antes desaparecer por el corredor.
Raziel dobló el pergamino y me ofreció.
—Dile a Gabe que lo lleve, le servirá.
Asentí y él se dirigió al pasillo para irse, lo seguí para poder poner el hechizo de nuevo en puerta.
—Gracias —susurré antes de que abriera la puerta y de dio media vuelta.
—Lo estoy haciendo por todos, Jane —dijo con una media sonrisa.
—Lo sé, pero aun así te estas poniendo en riesgo —respondí mirándolo a los ojos.
—Vale la pena —susurró y lentamente se acercó a mí.
Una vez que tuve su aliento sobre mi nariz puse mi mano sobre su pecho para alejarlo y su rostro se endureció al instante.
—Los dos sabemos que ha pasado tiempo, pero no le voy a mentir a mis sentimientos y hacer algo que vaya en contra de lo que siento —dije firme.
—Lo siento, pero quiero que sepas que mis sentimientos no han cambiado desde la primera vez que te vi —dijo antes de abrir y cerrar la puerta.
Me sentí de cierta manera culpable, pero me sentía bien a no haberlo dejado besarme, sería aún peor si lo confundiera o le diera alguna falsa esperanza. Mis sentimientos seguían siendo fieles a Alex.
Subí las escaleras y justo saliendo de la ducha estaba Gabe, con ropa limpia y el cabello húmedo envuelto en una toalla.
—Jane ayer vi a Dank —susurró y me sorprendí mucho.
—¿Y cuándo me ibas contar? —Pregunté indignada.
—Cuando fuera oportuno, ayer con todo el tema de Dios me fue imposible —se justificó.
—¿Qué pasó? ¿O solo se vieron a lo lejos? —Pregunté feliz por ella.
—Nos encontramos en el bar de un demonio conocido, pero lo que más me sorprendió fue que Lucifer nos vio y nos dejó unos minutos solos —dijo tomando su ropa sucia del baño y caminando a nuestra habitación.
—Lucifer no está de acuerdo con las tácticas de Dios eso es claro, tal vez tuvo una gota de clemencia —comenté recordando el dolor de Lucifer por Sealtiel, probablemente le recordada mucho a ella.
—Tal vez —susurró Gabe.
El silencio se cernió sobre nosotras y comencé a ordenar la habitación ya que odiaba que estuviera desordenada.
—Jane cuando será el día que dejes de ser tan compulsiva con la limpieza —dijo rodando los ojos mientras se ponía unas botas negras.
—Es mi naturaleza Gabe —respondí mientras tendía la cama.
—Jane… —murmuró.
Levanté la mirada y ella me miraba con preocupación.
—¿Si?
—No crees que el sueño que tuviste tenga algo que ver con los poderes nuevos.
No quería pensar en la pesadilla y agradecía que Gabe no insistiera en preguntar, pero lo mejor que podía hacer era olvidarla.
—No lo sé, pero tampoco quiero saberlo —respondí.
—Jane hay muchos demonios que son capaces de ver el pasado, presente o futuro, tal vez deberías consultar además tendría sentido con los chispazos del futuro o los del pasado que tuviste con Alister —reflexionó y tenía bastante razón.
—No es como que pueda ir a un médico para demonios —dije con sarcasmo y ella rió.
—Pero hay algo mejor que ir al doctor —contestó con una sonrisa—. Ve al club Angels and Demons de la calle Redwood y allí pregunta por Abigor, dile que vienes de mi parte y probablemente te dará alguna bebida.
—Espera estamos hablando de Abigor, ese Abigor, el gran duque del infierno —dije con el ceño fruncido.
—Sip, ese Abigor —respondió con una sonrisa—, sólo que ahora está vetado del infierno y se dedica a su club nocturno.
—¿Y por qué lo vetaron del infierno? —Pregunté.
Gabe me miró y dudó en decírmelo, pero al final cedió.
—Porque se enamoró de una humana y no quiso dejarla.
—¿Qué pasó con la humana?
—Murió con los años.
No pude decir nada, siempre era un amor tortuoso entre la inmortalidad y la mortalidad, y siempre ganaba el tiempo.
***
La lluvia caía con fuerza a estas horas de noche y caminaba con las manos metidas en la chaqueta de cuero, referí tomar un taxi a que ir en la moto ya que no ayudaba mucho por el clima. Desde la esquina se podía ver como todos los humanos se ponían a hacer la fila para entrar a tan buen club. Gabe me había dicho que ayer les habían roto las ventanas pero lucía como nuevo.
Me dolían un poco los pies por los tacones que tuve la s*****a idea de traerlos, pero solo me podía conformar en esperar mientras la inmensa fila se movía poco a poco. Por la calle pasó una limusina que paró justo en la entrada y se bajaron tres demonios, dos entraron y uno recorrió la fila hasta mí. Era rubio y alto, con ojos azules muy intensos acompaña de rasos masculinos y atractivos junto con esa sonrisa de galán barato.
—Hola preciosa, ¿quieres venir conmigo? —Preguntó acercándose.
Tenía dos opciones, la primera era quedarme aquí con frío y seguir mojándome o entrar con él y dentro deshacerme de él.
—Vamos. —Opté por la segunda ya que mis vaqueros no se ponía sentir más mojados de lo que estaban.
Entramos bajo la mirada enojada de muchos y muchas, dentro el olor a drogas era impresionante y la música llenaba todo el ambiente, las luces se paseaban de un lado a otro y solo se podía ver con claridad la barra.
—Así que tú eres la hija de Amon —susurró en mi oído el demonio.
—Así es, —me di media vuelta para mirarlo a los ojos—. Gracias por ayudarme a pasar pero tengo mis propios asuntos aquí —le sonreí antes de irme.
Me dirigí a la barra y allí a un barman moreno le pregunté por Abigor él me apuntó a una esquina en donde estaba uno de esos sillones en forma de “u”, encuerados y de color rojo. Allí estaba un afroamericano alto y musculoso que solo llevaba vaqueros blancos y botas, y estaba rodeado de chicas pero había una que era a la que más abrazaba, ella era también afroamericana bastante alta y con el cabello lacio largo.
Me acerqué y me paré en frente de la mesa baja que estaba llena de botellas, vasos, drogas y cigarrillos.
—Abigor, vengo de parte de Gabe —grité para que me escuchara entre la música.
Al instante que escuchó el nombre de Gabe capté su atención y se puso de pie para acercarse a mí.
—Un gusto soy Abigor, tú debes ser Jane —dijo con una gran sonrisa.
Asentí y me llevó a la barra en donde se sentó conmigo en una esquina.
—¿Y cuál es el motivo de su visita? —Preguntó mientras llamaba al barman.
—Gabe me dijo que me podrías ayudar con algo —respondí y llegó el barman al otro lado de la barra.
Me miró en señal que pidiera y pedí un Gin tonic.
—Tequila —dijo Abigor y el barman se fue.
—¿En qué le podría ayudar este humilde servidor? —Preguntó.
—Quiero saber que poderes tengo —respondí y él levantó las cejas.
—Pero princesa, ya ha pasado casi un año desde la edad para los híbridos, ya lo deberías saber qué cosas puedes hacer y cuales no —dijo tomándose el mentón con sus dedos huesudos y largos.
—¿Princesa? —Pregunté con el ceño fruncido.
El barman llegó y dejó los tragos a nuestro lado.
—Gracias —dijimos al unísono.
—Porque eres la hija Amon, él es uno de los pecado capitales y digamos que en la escala eres algo así como una duquesa —respondió—, pero princesa te queda mejor.
Rodé los ojos y pregunté: —¿Puedes ayudarme o no?
—Claro, sígueme —dijo y me paró tomando su vaso y yo lo imité.
Me llevó hacia una puerta en la parte trasera del club y una vez que la abrió reveló un pasillo con paredes negras guiándome hasta la última puerta. Dentro de habitación las velas alrededor se prendieron al instante y dejó ver toda la decoración roja alrededor.
—¿Es una forma de estar en casa? —Pregunté con sarcasmo antes la idea del típico infierno donde todos se queman.
—Algo así, pero el rojo siempre ha sido mi color favorito —respondió sentándose en el encuerado sillón.
Me senté en frente de él con el gin tonic en la mano y me ofreció un cigarrillo de una cajetilla que estaba en medio de los dos, lo acepté y lo prendí con el fuego que podía manipular con mi mente.
—Así que puedes dominar el fuego —sonrió de lado—. Como Amon, ese bastardo podía controlar toda clase de fuego.
—¿Hasta el celestial? —Pregunté con curiosidad mientras le daba una calada al cigarrillo.
—Hasta ese —respondió mirando a la nada.
Subí las cejas con impresión ya que nunca había salido de un demonio de tal categoría.
—¿Qué más puedes hacer? —Preguntó bebiéndose el tequila de un trago.
—El fuego y premoniciones de unos minutos solamente, aunque tuve una experiencia con el pasado de un mago tan solo con tocarlo y también… —dejé la frase colgada en el aire ya que todos los pensamientos de la tarde volvieron como avalancha a mí.
—¿También? —Preguntó buscando mi mirada.
—Hoy tuve un sueño, no sé si es premonitorio o simplemente una pesadilla —murmuré mirando el vaso con el licor.
—¿Qué sucedía en tu sueño? —Encontró mi mirada que sabía que solo reflejaba miedo.
—Dios asesinando a Gabe.