Narra Jane:
Eran las tres de la madrugada y estaba a punto de terminar el collar, su cadena que en un principio era plateada ahora era negra y la esmeralda del medio se había tornado negra, ahora solo quedaba agregar un componente. La esencia del cielo y el infierno, tenía que ser sangre pero, ¿cómo? Si la sangre de un ángel estaba en contacto con la un demonio se envenenaría al instante.
Apoyé mi cabeza con frustración sobre la mesa y decidí que iría a dormir ya que tenía que levantarme en un par de horas. Arrastré mis pies junto con Petra hacia las escaleras pero justo cuando iba dar el paso para subir los escalones y Petra gruñó en dirección a la puerta, me devolví y fui a abrirla.
Tomé el pomo de la puerta y un escalofrío me recorrió no obstante abrí la puerta igual. Allí estaba parado Miguel junto a Uriel, ambos parecían iracundos.
Sin siquiera pedir permiso quisieron entrar pero el Triskel de la puerta los detuvo justo en el marco.
—¿Qué quieren? —Pregunté de mala gana.
—Sabemos que aquí los estas ocultando —dijo rojo de ira Miguel.
—Sólo está Petra conmigo —respondí con una ceja arqueada con fastidio.
—Es mentira —replicó.
—Oye imbécil no tengo tiempo para tus estupideces —dije y detrás de ellos apareció Rafael. Genial ahora tengo un trío de idiotas en mi puerta.
—Miguel siente la verdad en sus palabras —dijo Rafael con tono calmado.
—Ella tiene que estar mintiendo Rafael, ¿dónde más irían ellos con su brujo herido? —Dijo y procesando la información rápidamente me di cuenta que había una posibilidad que el tío Alister estuviera herido.
—No tengo tiempo para sus tonterías —solté con disgusto y cerré la puerta.
Caminé hacía mi habitación con evidente intención de no dormir ya que tendría que esperar a que se fueran los ángeles e ir hacia donde estuvieran mis tíos y los ángeles caídos. Escuchaba como aun peleaban en la entrada de mi casa hasta que al parecer se aburrieron.
Ahora tenía que buscar algo que me hayan dado alguno de ellos, pensé con rapidez en el libro que tenía en mi laboratorio que Alister me lo había prestado ya que estaba al tanto de mi experimento. Bajé con rapidez las escaleras y allí puse el libro de cubierta oscura sobre la entrada del baño conjunto a mi laboratorio, por lo menos ahora tenía la certeza que si ocupada magia del caos no me moría tan rápido por la sangre de demonio.
—Alftel —dije con voz imponente, tomé el libro en mis manos y abrí la puerta traspasándola junto con Petra.
Tuve una leve sensación de mareo que se desvaneció casi al instante junto con todo a mí alrededor. Levanté la mirada y estaba en una cabaña vieja, por la ventana se podía distinguir un bosque pero estaba muy oscuro para ver con detalles, la madera crujía bajo mis pies al instante pareció Lilith por una de la puerta muy alarmada y con una espada de hoja roja en su mano.
—Oh, Janie. —Exclamó con alivio.
—Lilith los ángeles me dijeron que Alister no está bien —dije acercándome a ella rápidamente.
—Te dije que irían su casa al instante —escuché la voz de Michael detrás de mí.
—Era obvio —susurró Lilith quien estaba aún muy tensa.
—¿Cómo está él? —Pregunté preocupada.
Lilith no dijo nada pero se quitó del marco de la puerta, la madera era toda oscura y muy antigua. Dentro de la habitación solo había una cama grande y al lado una silla, además de ser de la misma madera de la sala de estar. Allí estaba Alister acostado con una manta encima, a simple vista no parecía herido.
—Hola Janie —saludó y con la escasa luz de la vela a su lado me di cuenta de su rostro que estaba demacrado, con marcadas ojeras, pálido y brillo sobre su frente por el sudor.
—Hola —me acerqué hasta sentarme a su lado y limpié su frente con la toalla que estaba sobre la silla.
Mis dedos rozaron suavemente su frente y una visión me invadió al instante. Estaba paseando en Irlanda con Lilith y los ángeles los interceptaron preguntando por Amon, Ello no dijeron nada y Miguel atacó con intención de matar a Lilith pero Alister de interpuso.
Miré sorprendida ya que nunca había tenido visiones que involucraran al pasado, solo a unos minutos del futuro.
—Alister déjame ver la herida —indiqué y el me miró con una sonrisa tierna.
—No te preocupes, estaré bien —contestó acomodándose.
Escuché pasos dentro de la habitación y había entrado Michael con Lilith, solo que la demonio estaba llorando sangre.
—El tátara abuelo de Alister es Bathim —comentó Michael.
Bathim, es un gran duque del infierno muy poderoso. La espada angelical de Miguel lo atravesó justo en el pecho, a pesar que las espadas de los ángeles no podían matar humanos pero si a los demonios y en este caso Alister tenía sangre demoniaca.
—Déjame ver la herida —ordené.
Sentí como mis vibras cambiaron, como si mi esencia lo hiciera por completo. Miré a Lilith que sus ojos se habían encendido del mismo color naranjo que el de Amon o el mío.
De mala gana Alister se quitó la manta y estaba sin camisa, justo en el centro de su pecho había una herida que no sangraba, eran una mancha negra que alrededor líneas blancas se espacian como raíces. Me recordó mucho a la herida de Gabe al año pasado, sólo que esta vez las líneas eran blancas, sin embargo esto estaba hecho con un arma, no con sangre. Tal vez si podía sacar las partículas de esa sustancia que dejó la espada lo podría salvar. Había un hechizo avanzado que era para mover partículas que es muy similar a los hechizos elementales. Puse mis manos sobre el pecho y me concentré en atraer ese líquido blanco a mis palmas.
Bajo de mí se comenzó a retorcer levemente y apretando la mandíbula. Una gota salió de su pecho pegándose a mi palma y así le siguieron las demás, era como si fuera plata líquida pero de un tono aún más claro. Una vez que todo estaba en mis manos Lilith me ofreció una fuente en donde dejé caer todo ese líquido. El pecho de Alister gradualmente volvió a color natural y sus ojos me miraban sorprendido.
—Gracias Jane —me abrazó Lilith aun llorando.
En un abrir y cerrar de ojos en frente de la ventana estaban el trío de ángeles que habían ido a mi casa. Mis pulmones se cerraron y al instante Miguel tenía a Lilith pegada a la pared de atrás con su espada sobre el cuello y Uriel sometió a Michael de rodillas en el suelo con la espada igual en su cuello. Uriel era consciente que un movimiento de Michael y la mataría al instante, que cobarde. Rafael me miró con lastima, pero aun así ni siquiera me tocó pero miraba con atención a Alister para que no hiciera nada, aunque con su fuerza actual sería imposible.
—Buenos noches —saludó con una sonrisa forzada Dios que iba personificado de un hombre joven a******o. Cada vez crecían aún más sus personificaciones, así que estaba perdiendo su gracia.
—¿Qué estás haciendo? —Pregunté con desprecio.
—Solo estoy haciendo un experimento —sonrió.
—¿Enserio piensas que Amon vendrá? —Preguntó con un risa cínica Michael.
La mirada severa de Dios se fijó en ella y Uriel apretó su agarre. Escuché las leves pisadas al otro lado de la pared y Dios me dedicó una mirada sorprendida. Dejé que mi conciencia se escapara hacía a Petra.
—Bye —sonreí antes de que se moviera.
Mi cuerpo se adaptó rápidamente a Petra y detrás de mí sentí pasos apresurados pero desaparecí entrando a la dimensión espiritual. Me guié por mi instinto sabiendo que encontraría a Gabe, ella era mi alma gemela. La entré caminando por la calles del centro y en cuando me sintió paro al instante, me materialicé con Petra y ella antes que dijera algo tocó mi cabeza y aparecimos en la habitación en donde Rafael tenía mi cuerpo en sus brazos y Dios iracundo se paseaba de un lado a otro.
—No esperaba menos de ti padre —dijo Gabe una vez allí.
Caminé hacia mi cuerpo sin antes gruñirle a Rafael, puse la cabeza sobre mi regazo y volví a mi cuerpo.
Dios no se inmutó pero decidió mantener el silencio. Había llenado a Gabe con trabajo para que me dejara sola y en algún lado fuera de la casa me ocuparan como carnada para Amon, que buen padre.
—A ti no te interesan ellos —dijo Gabe calmada—. Un ángel caído, una demonio y un brujo.
—Ese brujo debería estar muerto después del insulto que me hizo en Grecia —dijo con orgullo.
—¿Dónde está tu perdón padre? —Preguntó. Sin decir nada desapareció junto con los ángeles.
—Cuando vea a esa maldita perra no voy a dudar en cortarle la garganta —dijo con odio Michael.
—Y yo cortarle las alas a Miguel —respondió Lilith que se acercó al instante a ver como se encontraba Alister.
—Gracias Jane —me sonrió Alister.
—De nada, son mi familia —respondí y Gabe me miró con urgencia.
—Dudo que a Dios le agrade que sigamos aquí —dijo con una sonrisa forzada a todos.
—Bien vámonos, denle mis saludos a Raziel. —Me despedí antes de abrir un portal en la puerta de hacia la sala de estar.
—Adiós chicas, cuídense —dijo Lilith y todos se despidieron.