Enrique. Sentado en el suelo con la espalda apoyada en el sillón miro tele y juego con mis hijos, bueno, más bien se me tiran encima y salen disparados porque tienen miedo que los agarre, y aunque sonrío y gozo de las caricias de Sabri en mi cuello y pecho no dejo de pensar en que no encuentro una puta huella de Pedro, no voy a descansar, juro que no porque se la tengo jurada al maldito, ya su familia estos meses me fue conociendo, los estoy hundiendo en el pozo más hondo que puede haber, no tengo ni voy a tener piedad alguna. —Papi pásala. —agarro la pelo de goma de los perros y la tiro hacia las escaleras, los perros van ladrando y los nenes atrás riendo donde luchan con ellos para agarrarla. —Uuhhh. —Sabri esta entretenida en la peli sin dejar de pasar sus manos sobre mi pecho—. Ay n

