2 Mariposas ?

1938 Words
Capítulo 2 :Mariposas? Clara estaba en su escritorio cuando lo vio entrar por la puerta. La misma figura que, a pesar de su esfuerzo por ignorarlo, le hacía revolotear algo en el estómago. El mismo hombre que parecía saber exactamente cómo hacer que su día, que había comenzado normal, tomara un giro extraño, como si él fuera un torbellino en medio de su vida perfectamente ordenada. Valen la miró con una sonrisa torpe pero sincera . En sus manos llevaba una rosa roja , un gesto tan clásico que a Clara no pudo evitar soltar una pequeña risa . —Hola, Clara —dijo él, con voz suave pero llena de una falsa solemnidad. —¿Y eso? —preguntó Clara, levantando una ceja . En su interior , una pequeña alarma empezó a sonar , pero ella intentó no mostrar mucho interés. —Es una disculpa . Pensé que un ramo de flores podría … —Valen se detuvo , como si hubiera buscado la palabra correcta , y luego se encogió de hombros — , bueno , algo tiene que funcionar , ¿no? Clara no pudo evitar reír de nuevo . Algo en su risa le hizo sentir que se había relajado un poco . Esa risa espontánea que no podía controlar era, de alguna manera, un alivio para él . —¿Y qué… qué tipo de disculpa es esta? — preguntó Clara con sarcasmo , sin poder evitar una sonrisa divertida . —Te prometo que no hay mariposas ni lombrices, pero cada vez que te veo , siento que mi estómago está por estallar . O quizás tengo un alien adentro — dijo Valen , guiñando un ojo . Clara lo miró sin poder evitar sentirse atraída por su desfachatez . ¿Cómo podía ser tan… diferente a todos los demás? En ese momento , Clara bajó la guardia sin querer . No entendía qué estaba pasando , pero algo en la actitud de Valen la había dejado más relajada , más dispuesta a verlo como alguien más que solo un compañero de trabajo . —Vale , está bien . Acepto tus disculpas —dijo finalmente , extendiendo la mano hacia la rosa . Valen le entregó la flor con una sonrisa satisfecha , un brillo en sus ojos que Clara no supo identificar , pero que de alguna forma le resultó… cálido . No fue un gesto grandioso, pero en su interior , Clara sintió que algo había cambiado , aunque no podía ponerle nombre . No quería , o más bien , no sabía si quería . Pero cada vez que lo veía, algo en ella empezaba a… quebrarse . Valen no podía dejar de sonreír al ver cómo Clara aceptaba la rosa . Aquella mujer con su mirada desafiante , su actitud imperturbable , se había rendido . Y no solo eso , aceptó el pequeño gesto como si fuera lo más normal del mundo . En algún rincón de su mente, Valen ya se había dado cuenta de lo que quería , pero no estaba dispuesto a dar un paso en falso . Clara tenía una coraza que nadie había logrado romper. Pero ese día , esa sonrisa , esa aceptación , todo parecía diferente . Después de salir de la oficina de Clara , Valen no perdió tiempo en buscar la manera de estar cerca de ella . Cuando vio que un espacio vacío cerca de su escritorio se había quedado libre , no dudó ni un segundo en pedir que le cambiaran de lugar . La excusa era el brillo de la ventana , claro , pero en realidad , lo que necesitaba era estar cerca de Clara . Necesitaba ver cómo reaccionaba ante sus bromas , sus torpezas y tal vez, en algún momento, encontrar la manera de entrar en su corazón . Valen caminó hacia el escritorio de Felipe, que estaba trabajando en su computadora, tecleando rápidamente un informe. Valen miró a su alrededor y vio la luz brillante que entraba por la ventana cerca de su escritorio. Sus ojos brillaron con una idea. —Oye, Felipe —dijo Valen, con un tono casual pero con una chispa de entusiasmo—, ¿te molesta si cambio de escritorio? El brillo de la ventana me está matando. Creo que estaría mejor con una vista más tranquila. Felipe levantó la mirada y sonrió de forma ladeada, claramente divertido por la idea. —¿Pero estás seguro, Valen? —respondió Felipe, arqueando una ceja—. Mira que tú tienes la mejor vista de toda la oficina, hombre. La ventana te da una luz natural impresionante. ¿Por qué quieres cambiar? Valen se encogió de hombros, haciendo todo lo posible por ocultar el verdadero motivo detrás de su excusa. —Bueno… no sé, algo de la luz me está molestando. ¿Tú sabes? ¡El sol a veces se mete justo en los ojos! Y con todo este trabajo, no quiero quedarme ciego. Además, ya he estado un rato aquí. Quizás te interesa un cambio… Felipe miró la oficina con interés, viendo cómo Valen ya se había adelantado, tomando su papel y algunas cosas para prepararse para el traslado. —¡Yo? ¡Encantado! —dijo Felipe, levantándose de su silla—. Si tú quieres, no me importa. ¡No te preocupes por mí! Y si te vas, me quedo con la vista espectacular. Valen no pudo evitar soltar una ligera risa. De todos modos, no pensaba que Felipe lo fuera a cuestionar mucho. Cuando Felipe se dio cuenta de lo que realmente estaba pasando, y vio el nuevo “escritorio” que Valen había elegido, sus ojos se abrieron un poco más de lo normal. Estaba junto a un armario, en una esquina oscura de la oficina, sin más luz que la que provenía de un foco de arriba. Valen ya se había instalado allí, mirando de reojo a Clara, como si la nueva posición hubiera sido elegida con mucho más cuidado del que había mostrado inicialmente. Felipe, al notar la falta de luz natural y la oscura esquina donde Valen había terminado, soltó una risa incrédula. —¿Esto…? —dijo Felipe, señalando el nuevo “escritorio”—. Valen, ¡esto no es un escritorio! ¡Esto es un ataúd! ¿No podías haber elegido algo con un poco de luz? ¿Te está molestando tanto el sol que prefieres… esto? Valen se acomodó en la silla, mirando al frente con una sonrisa tensa, mientras su mirada se deslizaba hacia la oficina de Clara. —La claridad de mi oficina… —respondió él, con un tono juguetón—. Claro, ya lo tengo claro. Felipe, aún mirando su “nuevo” escritorio, levantó las manos en señal de rendición. —¡Está claro! ¡Tú eres el que lo tiene claro! —dijo, con una sonrisa burlona—. Pero, no sé si te has dado cuenta, Valen, que más bien… ¡tú eres el que va a necesitar una lámpara en ese rincón oscuro! Y ni siquiera vas a ver nada… excepto, claro, a Clara cada vez que cruza por allí. Valen soltó una risa cómplice, mientras se acomodaba un poco más en su nueva silla, que parecía más incómoda de lo que había imaginado. Pero al menos ahora podía verla, podía verla sin que nadie lo notara. —Exactamente, Felipe —dijo Valen con una sonrisa satisfecha , sin apartar la mirada de la ventana donde , a lo lejos , Clara pasaba sin percatarse de que él la observaba. Felipe se echó hacia atrás en su silla , riendo entre dientes mientras Valen seguía mirando a Clara , sin que las sombras de la oficina apagaran esa luz especial que él veía en ella. El nuevo escritorio no era lo que él esperaba. Apenas tenía luz , estaba junto a un armario y la única forma de ver algo era esperar que alguien abriera la puerta. Todo lo que veía era el ángulo de la oficina de Clara y eso le parecía perfecto . Cuando ella estaba frente a su computadora , él podía observarla de reojo , sin ser demasiado obvio , pero suficiente para notar sus gestos , su expresión , sus pequeños cambios de ánimo . Claro que todo eso se volvió más complicado cuando el foco de luz en su escritorio empezó a fallar. Al principio , intentó acostumbrarse , pero el lugar era casi un ataúd . Pensó que podría buscar una lámpara , pero se dio cuenta de que no tenía tiempo para eso . Estaba más preocupado por lo que sentía cada vez que veía a Clara desde allí Clara estaba en medio de una llamada telefónica cuando notó que Valen se acercaba a su escritorio . No le dio mucha importancia hasta que lo vio de reojo , con su postura torpe y esa sonrisa de siempre. En ese momento, no pudo evitar notar que algo en él había cambiado. Estaba más cerca de lo que solía estar , más… accesible , quizás. Y entonces, lo vio . Esa manía que tenía de hacer las cosas con un toque de humor y una falta total de pudor. Esa forma en la que se atrevía a ser él mismo , sin miedo a mostrar sus inseguridades. Y algo en ella, algo que había estado cerrado por tanto tiempo, comenzó a ceder . Era extraño. Cada vez que lo veía, sentía una sensación extraña en el estómago , como si algo estuviera a punto de explotar. Pero no era miedo ni ansiedad , no era lo que ella había experimentado antes. Era una mezcla de intriga y algo más… algo que no quería reconocer. Su sonrisa, esos ojos marrones llenos de una energía que la cautivaba sin que ella pudiera evitarlo. ¿Qué era eso? ¿Por qué lo sentía? Clara frunció el ceño, pero ya no podía ignorar lo que le pasaba. Valen, mientras tanto, no dejaba de pensar en Clara. Era la única persona que lo hacía sentir de una forma diferente. Cuando la veía, algo dentro de él se despertaba, como si finalmente estuviera tocando algo que nunca había experimentado. No quería adelantar nada, no quería arruinarlo. Pero no podía evitar buscar cualquier excusa para acercarse a ella. La nueva oficina era un desastre, pero no le importaba. Estaba ahí por una razón. Y, cada vez que la veía, esa razón parecía ser más clara. Clara era su objetivo, no en el sentido tradicional, sino en el más puro. Quería saber todo de ella, entender qué la hacía tan especial, por qué esa sonrisa de dientes perfectos y esa mirada fuerte lo hacían sentir… tan vivo. El foco de luz era un dolor de cabeza, pero tenía claro que el verdadero foco de luz era Clara. Y no iba a dejar de verlo , no importaba lo que tuviera que hacer. Clara, mirando a Valen desde su escritorio, no podía evitar preguntarse si él también lo notaba. Ese pequeño cambio entre ellos. No quería admitirlo, no quería aceptar que, quizás, algo dentro de ella estaba cambiando. Pero, de alguna manera, su presencia en su vida, aunque fuera a través de bromas tontas y gestos simples, la estaba haciendo cuestionar muchas cosas. ¿Qué pasaba con ella? ¿Por qué no podía dejar de pensar en él? Y mientras tanto, Valen, con su mirada llena de intenciones no expresadas, seguía buscando la manera de estar cerca. Tal vez, pensó, solo tal vez, las respuestas estaban a punto de llegar.
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