Entre la espada y la pared La noche en el apartamento de Clara transcurría entre el aroma de la pizza recién horneada y la luz tenue de la televisión. Clara estaba acurrucada en un rincón del sillón, con las piernas cruzadas bajo el cuerpo y Valen, a su lado, con una mano sobre el respaldo. Estaban viendo una película, una comedia ligera que apenas lograba arrancarles sonrisas. Ninguno de los dos decía mucho. Valen notaba a Clara inquieta desde hacía horas, como si en cualquier momento algo fuera a romperse dentro de ella. El silencio se interrumpió cuando el teléfono de Clara comenzó a sonar, vibrando sobre la mesa. Ella se apresuró a tomarlo y vio que era su padre. Dudó un momento, pero contestó. —¿Papá? —preguntó, buscando no sonar nerviosa. Valen, con un oído agudo y los sentidos

