Valen seguía recostado en el sofá, rodeado de documentos y notas desordenadas. La investigación estaba avanzando, pero eso no le daba tranquilidad. Cada dato nuevo que surgía lo acercaba a una verdad que podía destruir a Clara y su familia. La idea lo carcomía, y el hecho de que él fuese quien debía destapar todo lo que Iván ocultaba solo añadía peso a sus hombros. Aunque había jurado actuar con integridad, esta vez el costo personal parecía demasiado alto. El timbre de la puerta lo arrancó de sus pensamientos. Miró el reloj, sorprendido. No esperaba a nadie, pero tenía una corazonada de quién podía ser. Al abrir, encontró a Álvaro Méndez, su viejo amigo y compañero, parado en el umbral con una expresión seria y una carpeta bajo el brazo. —¿Qué tal, Moreno? —dijo Álvaro, con voz grave—.

