—¿Cómo se supone que saldremos de aquí? —pregunté mientras intentaba zafarme de las cuerdas en mis muñecas —Pensaremos en algo, pero primero debemos quitarnos estas cuerdas. Después de unas horas de intento creí que no lograría, pero lo conseguí, y aunque mis manos destilaban sangre, ahora podía librar las manos de él. —Lo conseguí... —¿Cómo pudiste? —No te preocupes debo ayudarte. —Tus manos Elena... —Calla —desato las cuerdas de su mano y lo ayudo a levantarse—. Creo que debajo de esta cama hay una puerta. —¿Puerta? —Sí, el otro día alcancé a ver cómo se escondía entrando por ahí. —¿Y si él está ahí? —Será nuestra oportunidad de matarlo y huir de esta casa... Un sonido aturdidor me tumbó, haciendo que perdiera el control de todo mi cuerpo, podía ver a Eduardo intentand

