Estábamos tomando una taza de café bajo el reflector de la luna y la soledad del camino, cuando los sonidos ahogados de los esclavos se hicieron presentes. —A veces me olvido que tenemos compañía —dijo Eduardo sarcásticamente. —Adoro tu sarcasmo, gracias a ti estamos donde estamos. —Trabajando en equipo conseguimos lo que nos proponemos, aunque el intento sea un riesgo completo. —Tú me cuidas y yo cuido de ti y por eso estamos juntos donde estamos. —Me gusta la forma en la que te comportas, es como si la luna sacara ese lado seductor de tu ser. —Lo hace, siempre tuve esa conexión con ella —lo miro directamente a los ojos—. Tenemos que continuar, ahora es tu turno de elegir a la persona. —Estaba pensando en la señora Laura, ella no tiene familia así que nadie reclamaría o lloraría
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