Leyla.
Desde hace semanas, sabía que algo malo pasaría.
Era ese maldito instinto que me había atacado cuando mi padre murió.
Lo presentí, y así fue.
Cuando me enteré que mi hermano había muerto, grité. Grité y lloré tanto que me quedé afónica y tuvieron que sedarme.
Por segunda vez después de que lo hiciera cuando mire la devastación en la que quedo la base.
Luego otra vez en casa a cada nada que mencionaban el nombre de mi hermano.
Estuve entre la inconsciencia y la conciencia, viendo como mi madre, mis tías y primas entraban a cuidarme, volviendo a medicarme.
Hoy era mi primer día sobria, se podría decir, aún me sentía entumecida.
Pero sabía que tenía que estar en ese maldito cementerio viendo como metían la maldita caja vacía.
Vacía por que no había un solo pedazo intacto de mi hermano en ese lugar.
La rabia y la impotencia podían más que la tristeza y la desolación.
Por Liam había entrado a esto, por Liam era quien era en estos momentos.
Era mi hermano mayor, mi vida. Se volvió mi padre cuando papá se fue.
Y ahora estábamos solas, mi madre, mis sobrinas y yo.
Mis sobrinas habían perdido a su madre al nacer, y ahora a su padre, apenas tenían 6 años.
¡6 años!
Era una puta injusticia para ellas, apenas y podían verlo.
Recibí la bandera y la estruje en mis manos hasta que mis nudillos se pusieron blancos.
Quería largarme de aquí, quería volver a sumergirme en ese sueño sin sueños.
Cuando finalmente todo acabó, y la gente se acercó a darnos el pésame, quería correr de aquí.
Y ahora, ahora tenia al imbecil de Roy Gibson, con su muñequita de prometida.
—¿Como dices?— pregunto el amigo de Liam, con el ceño fruncido.
Enderece mis hombros y respire hondo, apretando entre mis dedos la sortija de mi padre.
—Oh, ¿no lo sabían?— me hice la tonta.
Roy claramente no le había hablado de mi a su familia.
Su chica, me miraba recelosa, mientras buscaba respuestas con la mirada.
Era un chihuahua.
—No— fue lo que dijo.
Su mano izquierda brillo ante un rayo que se colaba por las ojos de los arboles, entre cerré los ojos y vislumbre mi ex- anillo de compromiso.
—Ay, eres un gran hijo de puta— sonreí burlona inclinando la cabeza, como hacían los cachorros. —Le diste el anillo de tu abuela —
Roy se removió incómodo.
Mierda. Me sentía tan bien.
Renzo carraspeó, era el más joven, Liam me había contado un poco de él, pero era la primera vez que veía a los hermanos Gibson.
Roy y yo habíamos estado juntos durante 4 años, estuvimos comprometidos durante un año debido a nuestras misiones separadas después de que me ascendieron a capitana, y fue ahí donde todo se jodio.
El Imbécil no pudo mantener la polla en sus pantalones y me fue infiel.
Me tarde un tiempo en darme cuenta, hasta que los rumores de que me habían pintado los cuernos fueron puestos en una proyección durante una junta informativa.
Un maldito video de el y otra cadete.
Y los rumores se volvieron realidad.
Fue tan humillante, que quise teletransportarme y cortarle la polla en ese instante.
Dos días después, le envié su estúpido anillo y quemé sus cosas de mi casa.
—Leyla...— su advertencia me valió un pepino y mire a la chihuahua.
–Entre mujeres, te digo que te alejes de este cabrón. La distancia no se le da bien— me encogí de un hombro.
Regan se enderezó cuando vio que me acerque a la chica. Interesante.
—Creo que mejor nos vamos— murmuró Roy. Tomo a la chica del codo y la atrajo hacia su lado, comenzando a caminar y discutiendo.
Dejaron a los otros dos aquí.
—Gracias por venir— me gire. Y comencé a avanzar hasta que Regan me llamó.
—¿Porque no sabíamos nada de ti?— preguntó confuso.
—No lo se, pero Liam sabía de él — le dije apretando los labios —Y creo que fue mi culpa que lo cambiaran de batallón— solte con culpa.
—¿Porque seria eso tu culpa?— pregunto Renzo.
—Liam no quería que su amistad contigo se viera afectada por el odio que le tenía a tu hermano, luego de enterarse de nuestra ruptura— me acerque de nuevo.—Así que pidió su cambio—
Regan frunció el ceño.
Dejando de lado a Roy, Regan era guapo, tenía esos ojos color miel claros, sus largas pestañas enmarcadolos y casi hacia que sintiera envidia. Su fuerte mandíbula afilada, y el rastro de su barba le ensombrecia las facciones.
Era puro músculo, y sí, ponía a cualquiera.
—Roy puede ser un poco...
–¿Imbécil?— se le escapo un sonrisa, y vaya, tiene hoyuelos.
–Si, a veces. Pero, adora a Keysi, y si le hace algo, lo arruinaría— suspiró.
—Tal vez tengas razón, y yo solo fui un error en el camino hacia ella.
Asintió.
—Gracias, de verdad, por venir— volví a agradecerles, y me gire para dejarlos ahí.
Ya no me ataba nada a los Gibson aparte del pasado con Roy, así que esperaba no volver a verlos nunca.
*****
Hablé demasiado rápido.
Cuando fui a sacar mi correo, y verificar que me habían enviado mi nueva misión, encontré algo que me hizo reír mucho.
La invitación a su maldita boda.
—Ese cabrón...
Volví al interior de la casa y deje todo sobre la encimera de la cocina.
—Tía Leyla— me gire hacia Ana.
–¿Que sucede? ¿Donde esta Tara?— Oh si, mi hermano y su madre se volaron con sus nombres.
–Esta atrás, jugando con el gato, pero no es eso.— sus manos se retorcian nerviosa.
–¿Entonces?—
Ella me miró y sus ojitos se llenaron de lágrimas, me acuclille frente a ella y acuné su rostro en mis manos, sintiendo como se me apretaba el corazón.
—¿Papá ya no va a volver?—
¿Que le digo? No me prepararon para esto, no.
Mi labio tembló, y ese dolorcito en mi pecho volvió.
Respire por la boca, buscando qué decirle a esta niña que su padre jamás volvería, de una manera que no haga que lloré eternamente.
No puedo. No puedo porque ni siquiera yo comprendo que así va a ser ahora.
Él no volverá.
—Sabes... tu papá, no quería que nos estuviéramos preguntando esto– (y no se como decirte que no volverá sin que me duela el alma)–. Ana, papá siempre estará aquí — señale su corazón. —Y siempre estará con nosotras aunque no podamos abrazarlo— apreté los labios cuando el temblor en ellos regreso.
Ana se toco el pecho, frunció el ceño, y casi me suelto a llorar al ver la misma mueca que hacía su padre cuando analizaba algo.
Dios, era como verlo en ellas, era tan doloroso.
—¿Estás segura?— preguntó finalmente mirándome, mientras yo trataba de sonreír y asentía. Una sonrisa de dientes incompletos, me alegro el día.—Gracias, tía Leyla. Papá tenía razón, eres la mejor— me dio un beso en la mejilla y salió corriendo.
Mientras yo me tapaba la boca aguantando los sollozos y no hacer que ella volviera.
En el suelo de la cocina, lloré, lloré por que esas niñas no crecerian con su padre, lloré por mi hermano que pensaba que yo era la mejor.
¿Mejor en que, Liam? Porque esto no era mejor, nada lo era.
No podía consolar a tus hijas sin que tuviera que romperme después.
Te necesito.
Ellas te necesitan.
****
Juguetes en la sala regados, mientras recogía la ropa sucia para comenzar la colada.
Mi cabello estaba desordenado en un moño, mis leggins estaban pegajosos de sudor, y mi camiseta tenía manchas de pasta de dientes y café.
Era un jodido caos.
Era difícil entender como es que estuve en la milicia, porque en cuanto llegue y volví a mi vida civil, dormía hasta tarde, no tenía orden ni disciplina.
Joder, amaba dormir hasta tarde.
Pero necesitaba ayuda, urgente. Pronto volvería a servicio.
—¡Tara!— la llame, mientras recogía sus mochilas y acomodaba sus libros en el interior.
Sus risas y sus pisadas inundaron el pasillo, mientras llegaban hasta mi.
—¿Han terminado la tarea?— respiran entrecortadamente mientras se dejan caer en el sofá. Niegan, y yo suspiro —Bien, déjenme qué lleve esto al cuarto de lavado y vuelvo para que la hagamos— miro a mi alrededor —Podrían, por favor, recoger esto, la abuela no se siente bien, y necesito su ayuda para mantener la casa limpia— solte agotada.
Las niñas parpadearon y asintieron, y comenzaron a recoger.
Daba gracias a que mi hermano las educó bien aunque fueran cortas sus visitas, y además, mamá las mantenia a raya.
Pero ahora mismo, yo era su única opción.
Y la tía Leyla, no podía hacer más.
Me volvía loca con cada día, necesitaba ocuparme en algo, era en lo único que no podía reprogramarme.
Necesitaba volver a la acción.