Regan. En el hospital, las gemelas se aferran a mi o a Roy, pero jamás se separan de nosotros, no hasta que se quedan dormidas. —No podemos tenerlas aquí todo el tiempo— murmura Roy. Miro a Tara que, desde que Leyla se desmayó, no me soltó. Duerme contra mi pecho, esta aferrada a mi como un pequeño monito. Suspirando asiento, saco mi teléfono y le envío un mensaje a mi madre pidiéndole que vengan al hospital, son las únicas personas en las que podría confiar en dejarles a estas niñas. Media hora después, mis padres llegan, y al vernos, sus rostros se arruga en confusión. —Hola ma— la saludo, mamá me mira y luego a Roy. —¿Que pasó? ¿De quien son estas niñas?— pregunta despacio, pasando suavemente la mano sobre el cabello de Tara. —La madre de Leyla tuvo un problema hace rato ya, per

