Horas más tarde, en medio de la espesa madrugada, Naomi aún no lograba contener el ardor en sus ojos, inflamados por el llanto. Se sentía indefensa, ajena al mundo que habitaban aquellos seres. Su pecho dolía con sólo pensar en él… el hombre que sanó su carne y su alma, a pesar de no haber nacido bajo ninguna ley natural. Scott era algo que no comprendía del todo, algo ajeno a este mundo, y aun así, lo amaba. Y es que cuando una mujer se enamora, queda indefensa. Torpe. Vulnerable. Pero, quizás, esa llamada "debilidad" era la que realmente forjaba su fortaleza. Porque sólo cuando se cae se entiende quién se es… y quién está dispuesto a herirte sin motivo alguno. Naomi lo había aprendido a la fuerza: el dolor te hace fuerte, incluso cuando nace del amor. —¿Eres un demonio… o una especie d

