Hoy es mi salido con Noah y estoy muy nerviosa, no tengo la menor idea de porque me pongo nerviosa si él es solo un amigo. Finalmente me levante algo dormida y entre al baño. Me puse una ropa cómoda y baje a desayunar. En la cocina estaba Ana buscando agua. Esta parece que bebió de más ayer.
—Bombón ¿Qué te pasa? —Le pregunte sonriendo.
—Nada, solo tengo sed. ¿No puedo tener sed en la mañana? —Respondió algo dormida.
—Claro que sí. ¿A qué hora llegaste anoche?
—No me acuerdo. Solo sé que la pase genial. Josh es muy bueno en la cama, sabe usar su lengua muy bien.
— ¡Qué asco! Eso es demasiada información puerca. —Puse cara de desagrado. —Cambiando de tema. ¿Qué harás hoy? ¿También vas a salir con Josh?
No bombón, hoy pensaba ir contigo y Noah a la feria.
— Ni de broma. —La mire con mala cara.
— ¿Por qué? ¿Quieres estar sola con él? Para volver a besarlo como en la fiesta.
— ¿Ves? Por esa razón es que no vas. Eres una mal pensada y seguro si te dejo ir empezaras a hablar de más y no quiero que él piense mal, así que no vas.
—Estoy bromeando. Invite a Josh a ver una película.
— O si, una película.
—Es una película Jess, si pasa algo más será porque así Dios lo quiere.
—Ahora eres religiosa. —Me reí.
—Siempre lo he sido.
—Bueno ya para de hablar, chicharra. Mejor prepara algo de comer, estoy muriendo lento.
—Mejor salgamos a comer fuera. —Propuso.
— ¡Perfecto! Entonces subo y me pongo una ropa más decente y tú si vas a cambiarte, tienes diez minutos. —Me cambie más rápido de lo que pensaba, abajo Ana estaba tirada en el sofá.
—Hasta que te dignas a bajar. —Se quejo.
—Pero si dure menos de diez minutos.
—Ya mejor vámonos. —Salimos de la casa y Ana se sentó en el lado del copiloto.
—Pensé que tú manejarías. —Me senté detrás del volante y la mire.
—Tengo que contestarle a Josh y si manejo no podre.
— ¿Dónde iremos? —Pregunte resignada. Nada de lo que haga o diga la hará cambiar de opinión.
—Vamos por un café. —Contesto sin dejar de ver la pantalla de su celular.
—Perfecto. —Conteste poniendo el auto en marcha. Al llegar pedimos dos capuchinos y nos sentamos en una mesa en medio del lugar.
—Hola. —Saludo un chico totalmente desconocido.
—Hola. —Contestamos ambas mirándolo de manera extraña.
—Soy Aarón. —Nos sonrió. —¿Son de por aquí?
—No, pero no vivimos muy lejos. —Contesto Ana. Como siempre muy atenta y amigable, mientras que yo solo los observo.
—Yo me mude hace poco y salí a conocer.
— ¡Bienvenido! —Le sonrió Ana. —Por cierto, somos Ana y Jessica.
—Quizás puedan enseñarme un poco de aquí.
—O pero muy lanzado. —Murmure. A lo que ambos rieron.
—Pensé que eras muda. —Dijo sin ningún tipo de vergüenza.
—Es tímida. —Dijo Anna mirándome divertida.
—Entonces Jessica ¿Qué dices?
—Supongo que si Anna acepta, podemos salir un día. —Como siempre, mi perfecta mejor amiga acepto. Anotamos nuestros números en una servilleta y el chico desapareció por donde mismo había llegado.
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Llegamos a la casa, ya solo me quedaban treinta minutos para arreglarme para la cita con Noah. Me di una ducha rápida, me hice una cola alta y me puse ropa cómoda. Mi tipo de ropa cómoda, es para cualquier ocasión, es decir, para donde sea que me lleve la ropa está bien.
Estaba por bajar para preguntarle a Anna como estaba, pero no pude ya que cuando salí de la habitación escuche el timbre. Igual baje, estaban hablando muy a gusto. Anna siempre ha sido muy simpática y amable, cosa que a mí se me hace difícil. Noah no se veía nada mal.
Cuando se dio cuenta de mi presencia me sonrió, igual que como lo hizo en la fiesta. Empecé a sentir un poco de nervios. ¿Por qué?
—Estas hermosa. —Volvió a sonreír.
—Gracias. —Le sonreí de vuelta. —Entonces nos vamos.
Antes de salir vi a Anna lanzarse en el sofá y guiñarme un ojo. Negué con la cabeza y cerré la puerta detrás de mí.
En el auto me senté en la lado del copiloto, mientras que el, en el del conductor. Durante todo el camino solo se escuchaba la hermosa voz de Shawn Méndez y su canción Mercy.
Me llevo a una feria, estaba lleno de personas, parejas que parecían muy enamoradas. Hicimos una fila para montarnos en la montaña rusa, o bueno, me obligaron hacer la fila, porque yo no quería subirme ahí.
—¿Podemos subirnos en otro juego? —Pregunte con la esperanza de que aceptara.
—No Jess, este es el mejor juego. Estoy segurísimo de que te va a encantar.
—No lo creo. —Negué repetidas veces con la cabeza. —Puedo esperarte en el puesto de algodones, es más fácil para mí. —Rogué mentalmente que aceptara, pero habían muy pocas probabilidades de que lo hiciera.
—Y dejarte sola con todos estos hombres, ni estando loco. —Me reí de su respuesta.
Esperamos en silencio que llegara nuestro turno, cuando llego nos subimos, nos pusieron toda la protección que llevaba el dichoso juego. Aunque sea es seguro.
—No tengas miedo Jess, yo estaré contigo todo el tiempo y si quieres puedes tomar mi mano. —Hice caso a lo que dijo y tome su mano.
—Porque me hiciste montar Noah, le tengo pavor a estos juegos.
El juego empezó a moverse lentamente, mientras que mi corazón empezaba a latir rápido. Sentí que me iba a desmayar cuando avanzo a toda velocidad, incluso temblé en varias ocasiones. Cuando por fin finalizo, le di las gracias a Dios por no haberme muerto en una de esas bajadas.
—Jess, ya puedes soltarme la mano, si es que aun tengo una.
—O Dios, perdón. —Lo solté y el sonrió como si nada. —Lo siento.
—No te preocupes, no es para tanto. Ahora vamos por unos algodones.
Supongo que después de que casi muero en ese juego satánico pues si tengo bien merecido el algodón. Anduvimos caminando sin un rumbo fijo durante un rato, hasta que mi espíritu de niña salió a la luz luego de ver un oso gigantesco en un puesto de juegos, me quede como una boba mirando el peluche, era color rosa y se veía adorable, necesitaba tenerlo.
— ¿Te gusta? —Pregunto Noah al verme con cara de boba enamorada.
—Me encanta.
—Entonces veamos que hay que hacer para ganarlo. —Para mi desgracia, ya alguien se había ganado el hermoso oso, ya me había conformado con el hecho de que no lo iba a tener, hasta que Noah paro al chico que se había ganado mi hermoso oso. — ¿Cuánto por el peluche?
—Lo siento amigo, pero es para mi hermana. —Contesto amable.
—Pero con el dinero puedes comprarle uno mejor, tu solo dime cuanto quieres.
—No quiero dinero. —Murmuro y me volteo a ver. —Que tal una salida con ella.
—No, por supuesto que no.
—Hagamos algo, juguemos un partido de fútbol en aquella mesa. Si yo gano quiero una cita con ella y si tu ganas te llevas el oso.
—Hecho. —Me quede con la boca abierta. Hablaron como si yo fuera un jodido objeto.
— ¿Están locos? —Les reclame.
—No te preocupes Jess, no perderé.
La confianza con la que Noah me había dicho esas palabras me hicieron confiar a mí también, hasta que el chico le empezó a ganar. Las reglas fueron que el primero en hacer tres goles ganaba, el chico ya le había hecho dos, mientras que Noah llevaba solo uno. Mis nervios empezaron aumentar cuando el chico casi le hace el tercer gol, pero Noah fue muy ágil y lo esquivo, ahí fue donde hizo el segundo punto, ahora el que hiciera un punto era el ganador. Siguiendo con mi mala suerte, el chico hizo el último punto y me toco darle mi número para la dichosa cita.
—Lo siento hermano, mas suerte para la próxima.
Y así fue como acabo el asunto, yo con una cita con un desconocido y Noah enojado, su cara estaba muy roja, nunca lo había visto así, quise discutirle porque había dicho que ganaría pero ya tenía suficiente con sentirse mal con el mismo. Aunque no todo fue tan malo, a pesar de todo recibí el hermoso oso.
Decidimos regresar a nuestras casas, en el camino trate de hacer que Noah se sintiera mejor, pero no tuve éxito, así que me despedí al llegar a la casa y me fui acostar sin hacer ruido. Dormí abrazada de mi nuevo amor.