Maite había llegado apenas unos minutos antes que Blas. No habían vuelto a hablar desde el beso y el volver a verlo se estaba convirtiendo en una tortura para ella. No sabía como debía actuar y eso jamás le había pasado con él. Siempre había estado convencida de que era simplemente su jefe y aunque para ella siempre había sido atractivo, él nunca le había dado el menor indicio de que se sintiera igual. Ahora estaba en terreno desconocido, temía perder su espontaneidad, pero más temía que él volviera a ser distante. -Lista para dejarlos con la boca abierta, chef. - dijo Blas a modo de saludo al ingresar a la inmensa cocina del salón y sin esperar respuesta comenzó a dar órdenes al resto de los ayudantes y meseros. Maite decidió centrarse en su trabajo, al fin al cabo, estaba allí pa

