Matthew Miré mi reflejo en el espejo del baño mientras me anudaba la corbata con una fuerza que rozaba lo racional. Mis manos, las mismas que habían sostenido a Susan sobre el hielo hacía apenas una hora, aún conservaban una especie de eco térmico por su calor, ese que me acobijo en ese momento. Y no era lógico. La transferencia de calor entre dos cuerpos debería cesar en el momento en que el contacto se rompe, pero mi sistema nervioso parecía haber decidido ignorar todo lo racional y tomar decisiones por sí mismo. —Cálmate, Matthew —me dije en un susurro que sonó más a una orden de una junta directiva que a un consejo personal para mí mismo. El problema no era la caída. El problema era que, mientras estábamos allí, sobre la pista de hielo, con el mundo reducido a la blancura del invie

