Entré a la oficina y entonces lo vi. Franz se encontraba hablando por teléfono, se rascaba la cabeza mientras miraba a través de la ventana. Los músculos de su brazo se flexionaban, tensándose bajo la tela de su camisa. Imaginarme esos brazos envolviéndome y pegándome a su cuerpo, me hizo morderme el labio con anhelo; ese hombre en serio estaba volviéndome loca, jamás me había sentido tan atraída por nadie. Por un segundo estuve a punto de lamentar el hecho de que me privara de ese espectáculo al darse la vuelta para hacerme frente, pero luego lo olvidé todo. La vista de ese lado era incluso mejor. Me dedicó una sonrisa de lado que me aceleró el pulso mucho más, y me hizo un gesto con la mano para que pusiera la cerveza en el escritorio y aguardara. —Sí, bueno... Pero ese es justo el d

