~* Capítulo 05: La Favorita Del Jefe *~

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—¡Y ese fue el último, señores! —exclamó Viktor mientras aseguraba la puerta por dentro, luego de haber despedido al último cliente. Karla se dejó caer en uno de los bancos, mientras que Laura y Tom fueron menos cuidadosos y se desplomaron en el piso. Yo me recliné sobre la barra posterior, haciendo una mueca de asco al escuchar a Manuel tronar los huesos de su espalda mientras se estiraba. Eran las dos de la madrugada y nadie ahí valía ni un euro. «Bueno... Obviamente no todos», pensé al lanzarle una mirada a la nueva. Bárbara se encontraba de pie cerca de la escalera a la zona VIP, mirando a todos en silencio con una sonrisa tímida en los labios, viéndose tan fresca como una lechuga. Su moño se hallaba intacto, al igual que su impecable maquillaje, justo como cuando entró, y parecía que no había sudado ni una gota a lo largo de la noche. «Quizás sí es de plástico, después de todo», me dije con humor teñido de envidia mientras bebía un sorbo de agua. Yo ciertamente no corría con esa suerte. A mitad de la noche había tenido que recogerme el cabello en una coleta rápida para que no se transformara en un estropajo por tanta humedad, y aunque no me había visto al espejo sabía que mi delineado estaba algo corrido, nunca me sentía mal por eso porque, después de todo, Karla y Laura a veces terminaban en peores condiciones que yo, pero ahora aquella niñita había llegado para dejarnos por el suelo a las demás; porque aunque procuraban disimularlo, no me había pasado desapercibido que tanto Manuel como Tom se pasaron la noche lanzándole miraditas y sonrisas tontas. —¿Suele ser así todas las noches? —preguntó la chica mientras se acercaba a la barra. —Sí y no. Los días de semana suele ser más relajado, pero los fines de semana son así... Mañana será incluso peor, así que hazte a la idea —respondió Manuel pasándole una botella de agua. —Gracias por el aviso... Mañana traeré zapatos más cómodos. —Se sentó en una de las banquetas y se llevó una mano a uno de sus pies, intentando masajearlos por encima de los fabulosos botines rosa. —¿Quieres el secreto del éxito?... Botines planos, mi estimada. —exclamó Laura desde el suelo, alzando una pierna mientras señalaba su pie. —Es justo lo que estaba pensando. —Te lo dije, Tienes que elegir mejor tu calzado, aquí uno pasa mucho tiempo de pie y puede ser agotador, hay que pensar más en lo práctico que en lo fabulosa que quieras verte. —Alcancé a decir antes que se abriera la puerta la puerta de la oficina. —Escucha a Allison, Bárbara. Ella es la voz de la razón. —Franz bajaba las escaleras a paso lento, mientras abría los brazos en gesto dramático. Todos nos quedamos en silencio cuando apareció, conscientes de que su tono decía todo lo opuesto a sus palabras, bueno... Todos salvo Bárbara, claro, ella no se dio por enterada de nada, su sonrisa lo dejaba bien claro. —Sí, procuraré seguir todos sus consejos. Esto no volverá a repetirse —respondió gesticulando con las manos en cada palabra. En serio esa mujer era irritante, no había pasado ni un día entero y ya sentía que la odiaba. Me caían tan pesadas las chicas así... Erika era dulce y delicada en su trato, pero no era en absoluto como Bárbara, esta parecía querer que todos la tomaran por tonta, era como la típica porrista popular de las preparatorias norteamericanas, esas que siempre salían en las películas para adolescente, solo que sin la parte mezquina. Su actitud empalagaba nada más escucharla por un par de minutos. —Te aconsejo que aprendas de todos, y tomes lo mejor de cada uno —le dijo Franz, y ella sonrió de nuevo, dejando claro que era la única que ignoraba que los comentarios de nuestro jefe estaban cargados de doble sentido... De un mal sentido—. ¿Cómo te sentiste en tu primer día? —siguió él. —Pues fue un poco estresante, porque nunca antes he servido mesas, pero creo que puedo acostumbrarme rápido. Y Manuel y Allison fueron muy amables conmigo y aclararon todas mis dudas, estuvieron estupendos. Su comentario me sorprendió un poco, no sabiendo si lo decía por no haberse dado cuenta de mi actitud; y me parecía increíble que fuese así de tonta. O si lo hacía solo por querer ganar puntos con nosotros, conmigo, al menos. Porque si algo era cierto, era que yo no fui amable con ella ni una sola vez en toda la noche. —Me alegra escuchar eso, mañana quiero que todos estemos a tiempo para poner a Bárbara al día con el menú y los servicios, ¿de acuerdo? —Me lanzó una mirada al decir aquello, aunque había estado hablando para todos—. Y así todos podemos darle algunos tips para hacer bien el trabajo. Todos asentimos ante la petición, sabíamos qué había que hacer, había sido igual cuando entró Laura al equipo, un par de horas de intensivo sobre qué hacer y qué no hacer en Bavarian's, pero era imperativo que yo estuviese puntual para esa actividad, creo que mi expediente no iba a soportar otro negativo. —Y Manuel... Aún debo organizar la logística del viaje, pero si yo fuese tú, mantendría la maleta preparada. —Le comunicó mi jefe mientras sacaba su móvil del pantalón y se disponía a revisarlo sin darle demasiada oportunidad de conversar al respecto. —Vale, vale... Lo tendré en cuenta. Ninguno de los dos dio mayores explicaciones sobre el asunto, pero supuse que se trataba de algún curso de coctelería al que lo enviaría. Por razones obvias, dentro del bar, Manuel siempre era el elegido para realizar la mayor parte de los cursos a los que se apuntaba Franz en nombre del bar. Así que constantemente era enviado de paseo por varios días. La mayoría de las veces el destino era Berlín, pero ya había visitado París, Roma, y la última vez había asistido a un curso en Lisboa, convirtiéndose en la envidia de todos por meses, durante esos días en nuestros tiempo libre no habíamos hecho otra cosa más que revisar sus r************* , a la espera de una nueva fotografía. Una parte de mí lo envidiaba, eso de asistir a conferencias y cursos, hospedarse en algún lindo hotel en alguna linda ciudad, con todos los gastos pagos no se escuchaba nada mal, sobre todo para mí que, salvo por mi natal Bristol y Múnich, no conocía nada más del mundo. Pero por otro lado, toda la responsabilidad que recaía en él era una gran carga. Debía crear nuevos menús cada cierto tiempo, bebidas especiales durante las fiestas, encargarse del personal a veces, y colaborar con la administración de recursos. Él y Franz solían quedarse un par de horas después de que todos los demás habíamos partido, y si ya yo llegaba muerta a mi cama al final de la noche, no quería imaginarme cómo acabaría si tuviera que quedarme más tiempo. —Ehm... Ven Bárbara, te voy a mostrar el área de los casilleros —comentó Manuel, tomando a la chica por un hombro para que se pusiera de pie. Durante los primeros cinco segundos aquello me tomó por sorpresa, pero al notar que los demás también se habían alejado, aglomerándose en la puerta; entendí que Franz tuvo que haberles pedido a señas que nos dejaran a solas. Y mientras les veía alejarse, mis nervios iban aumentando progresivo. Le lancé una ojeada rápida a Franz, pero él seguía con su atención en el móvil. Empecé a plantearme el escenario de qué haría si decidía despedirme. Hoy había sido un día duro para él en ese sentido. ¿El disgusto podía llegar a ser tan grande que quisiera verme fuera del bar? Si eso ocurría, yo tendría que buscar otro sitio para vivir, no había forma de que pudiera seguir pagando la renta sin Érika ni un sueldo fijo de por medio, quizás hasta tendría que vivir con papá y Nathaly por un tiempo, y esa idea no me agradaba para nada. Esos dos vivían en una eterna luna de miel que me ponía incómoda si pasaba más de unas horas con ellos. —Allison… —La voz de Franz me devolvió a la realidad. Alcé la mirada y di un paso atrás, sobresaltada, sin darme cuenta se había acercado a mí. Lo tenía apenas a medio metro de distancia, lo que significaba que mis ojos no podían ver nada más allá de él. Su cuerpo me tapaba la vista hacia los demás, y supuse que ellos tampoco podrían verme. «Sin testigos... Esto va a ser feo», pensé mientras tragaba en seco, encogiéndome ante la mirada inclemente tras sus gafas. —¿Tienes idea del dolor de cabeza que me estás dando estos últimos días? —habló con calma, haciendo énfasis en cada palabra. Fruncía el ceño y mantenía los labios apretados. En serio estaba enfadado conmigo, lo sabía; pero eso no impidió que mi cuerpo fuese consciente de la cercanía del suyo, y empezara a hiperventilar un poco. —Lo sé, de verdad lo siento. No creí que fuese a llegar a tanto. Me incorporé y cuadré un poco los hombros, intentando que no me sacara tanta ventaja en estatura sin necesidad de levantarme, pero fue inútil, me sacaba una cabeza de diferencia estando así, y sentirme acorralada por él, más que ponerme nerviosa, solo amenazaba con desatar mi ávida imaginación. «¡Concéntrate!», me repetía, imaginándome una pequeña yo dándome una bofetada. Franz no estaba acorralándome. Su cercanía se debía solo a que quería evitar que los demás escucharan o vieran más de la cuenta. Una vez más, quería reprenderme, pero no dejarme en ridículo frente a ellos. Y aun así, yo solo podía pensar en que no sabía cómo me gustaba más... Con gafas o sin ellas, pero era una pregunta capciosa porque, a mi parecer, él estaba para comérselo de la forma que fuese. —Allison, he dejado claro una y otra vez, y tres veces más después de eso, que no quiero que permitan que situaciones como esa tomen vuelo. —Lo sé, es solo que... —Todas aquí tienen el deber de notificarle a Bastian, en su defecto a Tom, si algún cliente se propasa con ustedes. No manejar la situación ustedes mismas. Tú incluso tienes a Manuel a tu lado, ¿no te ha quedado claro esto? —Sí, lo tengo claro. —Ninguna de ustedes está aquí para manejar a esos tipos, pero a sabiendas de que están expuestas a ellos fue que le di la orden a los chicos de deshacerse de sujetos así. No quiero que corran ningún riesgo innecesario. Firmaste un contrato diciendo que lo aceptabas, Allison. ¿No lo recuerdas? —Sí, lo sé, lo sé... Aquella había sido una cláusula anexa que tuvimos que firmar las chicas, Franz era realmente atento a esos detalles, nuestra seguridad era una cosa importante ahí. —De verdad no creí que fuese para tanto, por eso no llamé a nadie. —¿Y por qué no reevaluaste la situación cuando Bastian vino no una, sino dos veces a ayudarte? —No lo sé, Franz. Es que… Era solo un tipo ebrio, no parecía... peligroso. —Toda persona puede ser peligrosa, Allison; en especial un hombre ebrio. —Me corrigió de inmediato, y su tono no daba cabida a discusiones— Lo único que les pido es que se alejen de esas situaciones. Eres la única que parece no entender que todo esto es por su seguridad. —Sí que lo entiendo, Franz. Yo... —Resoplé derrotada, no había mucho por decir—. No volverá a ocurrir. —No, claro que no, porque desde ahora Manuel tendrá la orden de intervenir cada que detecte alguna situación inusual contigo, o cada vez que yo considere que las cosas con un cliente son inapropiadas. —Pero, Franz... Eso es absurdo... Innecesario, y... —Y es la orden que deberá cumplir Manuel de ahora en adelante si no quiere ser sancionado igual que tú. —Me cortó en seco, mirándome con fiereza—. Puedo tolerar que llegues tarde todos los días, Allison; es tu decisión si quieres trapear los pisos a diario, pero no voy a permitir que pongas en riesgo tu integridad por querer hacerte la fuerte e independiente. Tú tendrás que evaluar si también quieres meter a Manuel en tus problemas. —No. —Me limité a responder de mala gana. —Hasta tanto tú no asimiles que mientras estés aquí, trabajando para mí, tu seguridad es mi responsabilidad y si sigues poniéndola en riesgo cada noche, yo tomaré todas las medidas que considere necesarias, ¿y qué harás tú? —Acatar las órdenes y seguir las normas —respondí entre dientes—. Juro que no volverá a ocurrir. Franz hablaba con firmeza, y sabía perfectamente que cumpliría con sus amenazas si me revelaba, así que no me quedaba de otra más que aceptar calladita sus órdenes. —Bien, espero que no tengamos que tener esta conversación una vez más, está empezando a tornarse aburrida. —No, señor. Lo de hoy no se repetirá. —Él me miró en silencio por un rato mientras yo me removía incómoda en la banqueta, porque aunque en la tarde logramos esquivarlo, ya había llegado, se había instalado entre nosotros… La incomodidad luego de una discusión. —De acuerdo... ¡¿Manuel?! —Le llamó alzando un poco el tono. —¿Sí? —Me giré sorprendida, no había sido consciente de que él y Bárbara habían vuelto. Me pregunté cuánto tiempo habían estado ahí observando cómo Franz me reprendía. —Antes de irnos enséñale a Bárbara cómo servir cervezas correctamente... Sírvele una para todos. Manuel frunció el ceño, extrañado por aquella petición, igual que yo, igual que todos, supuse; pero no cuestionó al jefe. Todos los demás se acercaron a la barra esperando las cervezas que nos iba a dar Manuel, y una explicación por parte de Franz. El pedido se tardó un poco más de la cuenta porque Bárbara tenía una cabecita dura, parecía que nada podía entrar ahí, no lograba servir la cerveza sin que la espuma le dañara el proceso, pero luego de dos fracasos le tomó el hilo rápido y sirvió los nueve tarros. —¿Tarjeta o efectivo? —bromeó Manuel cuando todo estuvo dispuesto en la barra. —Solo espera a que Ben venga con otra de sus fiestecitas y lo cargas a su cuenta. —Todos reímos ante el comentario mientras cada quien tomaba su tarro. —¿Quién es Ben? —preguntó Bárbara mirando a todos lados, siendo la única que no entendió el chiste. —El otro jefe. Más internamente… El policía malo —susurró Tom siguiendo la broma. —No es ningún policía malo. —¡Oh, vamos, Franz! Claro que lo es —argumentó Karla, haciendo que mi jefe pusiera los ojos en blanco. —Es mi socio, Bárbara. Lo conocerás, eventualmente. Trabaja en una empresa de asesoría corporativa, pasa a visitarnos de vez en cuando. —Y a veces trae a sus compañeros de trabajo. Unos pijos estirados de primera categoría —agregó Laura. —Que les dejan buenas propinas a todos, y Ben siempre los pone en su sitio cuando se pasan de la raya. No exageren. —Le defendió Bastian que, junto con Franz, era uno de los pocos que sabía llevar al idiota de Ben. —Correcto, aquí no hay buenos ni malos, solo tenemos diferentes métodos, el mío solo es más popular, es todo —dijo Franz para dar el tema por saldado. Y tenía razón, Benedikt Albrecht podía ser pomposo y autoritario, pero no era mala persona, siempre nos defendió cuando alguno de sus amigos nos trató como sirvientes, eso se lo agradecíamos; y siempre era muy considerado en las fiestas, lo cual agradecíamos mucho más. Él y Franz se esforzaban por crear una empresa con principios y buenos incentivos para sus empleados, el mundo sería un lugar mejor si hubiese más jefes como ellos. Pero Ben sí que me hubiese despedido a estas alturas... Sin duda alguna. Una razón más para agradecer estar bajo el mando de Franz. —¿Ya me puedo tomar la cerveza, o alabaremos un poco más a Ben? —preguntó Viktor, y entonces me di cuenta que nadie había tocado la suya, sabiendo que aún faltaba la explicación de Franz. Bueno, casi nadie. La delgada línea de espuma sobre el labio superior de Bárbara la delató. Eso y que abrió los ojos de par en par al escuchar el comentario de Viktor. Me llevé una mano a la boca y contuve las ganas de reír al verla, pero Bastian, que estaba a su lado, no tuvo tanto éxito. Sorprendida vi que tosía para disimular su risa y se movía un paso hacia el frente para tapar a la chica mientras esta se limpiaba la boca. —Cierto... Las cervezas son para celebrar, chicos —exclamó Franz alzando su tarro—. No sé si ya lo sabían, pero Allison dio por terminados hoy sus días de universitaria. Están ante una licenciada en administración financiera, y eso hay que celebrarlo —concluyó mirándome con una sonrisa ladeada. El anuncio me tomó por sorpresa, porque no podía creer que se acordara de eso, y que lo considerara tan importante que decidiera felicitarme en frente de todos. Digo, no me extrañaba su gesto en absoluto, Franz siempre era muy detallista por cosas así, pero ciertamente no me lo esperaba, sobre todo después de haberle hecho enfadar tanto ese día; así que pensé que quizás sí era su favorita, después de todo. Por otra parte, su mirada orgullosa y esa condenada sonrisa de estrella de Hollywood que tenía, y que me dedicó solo a mí, me enloquecieron las hormonas otra vez. Sabía que me estaba sonrojando, pero no podía hacer nada para evitarlo mientras sonreía con vergüenza. Los chicos lanzaron un par de silbidos y felicitaciones mientras chocaban sus tarros de cerveza en mi honor. Estuvimos unos minutos charlando mientras nos acabábamos la cerveza, pero luego Bastian indicó que era hora de irnos. El bar nos proporcionaba a diario el transporte a casa y él era el conductor asignado, por supuesto, por eso rara vez tomaba más de una cerveza cuando celebrábamos algo, como esa noche. Tomamos nuestras cosas y salimos del local para esperar a que acercara la Van a la entrada, mientras Franz esperaba junto a nosotros. Él tenía su auto aparcado en la acera de en frente, pero jamás se iba hasta que todos estuviéramos dentro de la Van. Cuando Bastian regresó y las chicas empezamos a subir, él se despidió y cruzó la calle para emprender su camino. *** Llegué a casa media hora después, y estaba tan muerta del cansancio que no hice nada más que quitarme los jeans y la camisa para lanzarme a la cama en ropa interior, deseando dormir más que nada en el mundo, pero entonces recordé que yo no estaba para romper más reglas ese día, así que tomé mi móvil y mandé el mensaje de cada noche: «Ya en casa, todo en orden». La respuesta no tardó ni un minuto en llegar: “Excelente. Feliz noche, Allison. Lamento haber sido tan duro contigo hoy, espero que todo esté bien entre nosotros”. Sonreí ante ese comentario final, por lo visto, a Franz tampoco le gustaba la tensión que se creaba entre los dos al discutir, y por alguna razón eso me gustó, pero no estaba para darle muchas vueltas al asunto. Así que traté de no decir demasiado: «Todo está de maravilla, te veo mañana... Sé puntual». Solté el móvil al ver que estaba escribiendo y hundí la cabeza en la almohada mientras sonreía, ya mañana leería su airada respuesta a mi burla.
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