—Por favor, no le haga daño a la luna. —La mujer intentó quitar a Kalha quien ahora estaba recibiendo los golpes al cubrirla. —Golpéeme a mí, no a ella, por favor. —Kalha se aferró a la chica para que no le hicieran daño, no le interesaba recibir cada golpe si eso significaba que ya no vería sufrir a nadie más. —¡Tú no eres quién para darme órdenes, maldita puta! —Esta vez la mujer tomó el látigo con púas y alzó la mano para destrozar la espalda de Kalha, tenía sangre, pero para ella no era suficiente, quería verla llorar y suplicar también. Reiner que había visto toda la escena y solo dejó que le pusieran la mano encima a la luna para no ser cuestionado, llegó justo cuando Kalha recibiría el contundente golpe. Él sostuvo la mano de la mujer y la miró a los ojos, su primer instinto fue

