Capítulo 4: Culpable

1571 Words
Kalha se sobresaltó al reconocer al hombre que la estaba tocando tan indecentemente y retrocedió hasta hacerse bolita en una esquina de la cama. Ella lo miró con ojos grandes llenos de miedo y su corazón latió con tanta fuerza que su visitante gruñó, para él eran como tambores resonando en sus oídos. Ella registró la pequeña habitación buscando alguna vía de escape, pero tras devolver la mirada al hombre imponente frente a ella supo que no había escapatoria, pues frente a ella estaba el lobo alfa a quien todos temían. Su apariencia descuidada no le quitaba lo intimidante y aterrador de su presencia. El hombre ante ella ya no era un lobo, es un demonio que desea con ferocidad su alma y puede obtenerla cuando quiera. ¿Cómo es que un ser con esa apariencia desgastada puede causar tanta impresión y miedo? Ella deseó hablar, preguntar lo que estaba haciendo ahí, pero los movimientos no le salieron por el simple hecho de que está congelada. Kalha recorrió el largo y ancho cuerpo de Tobal, él estaba ahí, mirándola con sus ojos rojos y vacíos, observándola como si con solo ese acto pudiera doblegarla y darle órdenes. ¿Por qué debía emocionarla todo? Se preguntó a sí misma, él en ningún momento se ha mostrado violento y las caricias con las que la despertó no eran más que exquisitos estímulos. Sin medir palabra, Tobal estiró la mano y la obligó a beber el brebaje. —Ven aquí. —El tono tan profundo en su voz tan gruesa fue como miles de alfileres enterrándose en su piel erizándola. Había pasado tanto tiempo ahí callada que escucharlo fue algo repentino y la hizo obedecer en el acto, ella se acercó a él e inmediatamente bajó la mirada. —Quiero que me mires. —Ordenó sin cambiar ese tono de voz que hacía estragos en Kalha sin saber por qué. —No pierdas detalle de mí. —Kalha pasó saliva con dificultad y poco a poco fue alzando la vista hasta encontrarse con el dorso desnudo de Tobal. Sus enormes músculos captaron su atención, el camino de vellos que la guía hasta el borde de sus pantalones la hizo tragar grueso, la tableta de chocolate tan marcada la estremeció, los escasos bellos en su pecho casi le provocan un infarto y su cuello grueso y lleno de venas le resecó la garganta. ¿Por qué su corazón latía tan frenéticamente? Se preguntó justo al tiempo que sus ojos se toparon ahora provocando que dejara de respirar por completo. Tobal se tomó su tiempo para desvestirse, él se aseguró de que ella lo mirara detalladamente, dejó que su curiosidad se saciara y permitió que su excitación la dominara hasta el punto de sudar y su respiración se volviera irregular. Algo en sus confundidos e inocentes ojos le subía la líbido al cielo, su perversión estaba premeditada, pues sabe que ella es una ignorante en todo y ponerla en esa posición es gratificante para él. —¡Mmm! —Kalha gimió al ser tomada en brazos con tal delicadeza, ella lo miró atónita por el actuar del alfa, pero su asombro no terminó ahí, el delicado y desesperado beso que recibió la dejó sin respirar y no por no saber besar, sino por cómo él le tenía paciencia. Esa manera en la que la desnuda, esa forma de acariciarle el cuerpo, todo lo delicado y caballeroso que es con ella la perdió. No comprendía porqué se estaba comportando de esa manera, pero el que lo hiciera la hacía sentir bien. Su cuerpo estaba en llamas, su bajo vientre crea una presión que incrementa con los segundos y su entrepierna palpita desesperadamente. No sabía lo que estaba pasando, ni tampoco comprendía la reacción de su cuerpo, pero el recordar la primera vez que estuvo con él, le hizo comprender que aquello que estaba sintiendo es lo que sintió antes. —Todavía recuerdo la primera vez que te hice mía. —Tobal la abrió de piernas y admiró su sexo. —No sabías nada al respecto y tus inocentes ojos no paraban de enloquecerme por toda la confusión en ellos. —Mordió sus labios emocionándose por la anticipación de estar dentro de ella. —Te cogí con ferocidad. —Río colocando la punta de su erección en la cavidad chorreante frente a él. —Carajos, nunca antes me había sentido así. —¡Mmm! —Kalha gimió con fuerza por el descomunal empellón que recibió, ella se retorció y apretó los puños en las sábanas. Ese dolor le hizo recordar la primera vez y no fue agradable para ella, la asustó. Tobal al verla con los ojos brillantes por las lágrimas ladeó la sonrisa y todo control en él se esfumó, sus caderas tomaron un ritmo que Kalha casi no podía seguir. Le estaba pasando lo mismo que la primera vez, su lobo estaba enloquecido por salir, su excitación estaba escalando rápidamente y su deseo estaba a flor de piel. Kalha quien no podía controlar los latidos de su corazón ni a su loba, se sintió con una culpa enorme al sentir tanto placer. Cada vez que su cuerpo choca con el de Tobal la descarga que recibe es incomparable, siempre que su piel roza con la de él un fuego vivo se extiende por ella y con cada caricia indecente que él protagoniza toda ella pierde el control. No sabe lo que hace, ni siquiera comprende del todo lo que está pasando, pero cada vez quiere más de ese hombre y su manera de hacerla sentir mil cosas a la vez. Las posiciones cambian incluso antes de que ella se acostumbre a la anterior, pero le gusta. —Joder, Mielir... —Escuchar al alfa pronunciar el nombre de su difunta luna fue como si la aventaran al vacío para que despertara del sueño. —Me mata follarte de esta manera. —El sentimiento de placer no disminuyó, él no deja de moverse y ella de sentir, pero estaba mal. Ahora lo comprendía todo, él la estaba tratando de esa manera porque se está imaginando a la mujer que ama, él la trató así de bien y se lo está haciendo con tanta pasión porque se imagina que es su mujer muerta. El dolor no tuvo comparación y las lágrimas encontraron su camino. Ver la sombra de ambos abrazados y sentir la pasión de su cuerpo fue un golpe bajo para ella. Él era el mismo, solo pensaba que ella era otra. ¿Cómo pensó que la podía tratar bien? ¿Cómo se imaginó que él podía cambiar sin más? Es la culpable de la muerte de la luna y por supuesto él jamás la trataría bien. —“Esto no está bien” —Kalha quiso detener esa locura, pero Tobal estaba tan ocupado poseyéndola que no le hizo caso. Él no paraba de besar su piel, morderla y penetrarla sin descanso. No quería detenerse, tal cual pasó la primera vez no fue capaz de resistirse o controlar su deseo. Ver el pequeño cuerpo tendido en la cama abierto de piernas recibiéndolo por completo a pesar de su gran tamaño fue demasiado para él y como la primera vez, él explotó llevándola a un orgasmo que amenazó con detenerle el corazón. Kalha lo miró agitada, sintiendo tantas cosas que no supo cuál dominó. Ella desvió la mirada cuando los ojos de Tobal se posaron en ella y al sentirlo salir sintió un vacío que golpeó su corazón, sabía que él estaba ahí por necesidad y le hizo todo eso por creer que era su mujer muerta, pero que se echara a su lado y la abrazara de esa manera tan posesiva la descolocó. —Duerme. —Ordenó pegándola más a su cuerpo, pero su orden no fue escuchada, Kalha había caído rendida por el cansancio de su cuerpo. Incómoda, así se sentía Kalha, despertó en medio de la noche y su primer impulso fue saltar de la cama para no molestar al alfa, pero el fuerte agarre de Tobal la mantenía bien cerca de él y el miedo a despertarlo y que le fuera peor la paralizó. —“¿Por qué no puede soltarme?” —Hizo las señas al viento, como si alguien pudiera responderle. —Fuiste la culpable de la muerte de la mujer que amaba. —Kalha se tensó al escucharlo tan claro y fuerte. —Dicen que el destino me hizo encontrarte, pues Mielir no era mi destinada, lo eres tú. —El corazón de Kalha se aceleró y mil preguntas se le vinieron a la cabeza. —Aun así, ella es la mujer que amaba y seguiré amando por el resto de mi vida. —La giró para mirarla a los ojos y el enorme parecido a la mujer que ama era demasiado. —A pesar de ignorar la conexión, todo y que pasé el rito ella no sobrevivió y, por lo tanto, aceptaré nuestros lazos solo para mostrarte que nunca serás igual de buena que ella. —Kalha sintió sus ojos arder. —Seguirás siendo mi esclava s****l y vivirás bajo la sombra de la única mujer que es dueña de mi corazón y alma. —Besó sus labios. —Te daré el privilegio de ser mi mujer. —Esa mirada llenó de pánico a Kalha quien tocó su rostro. ¿Acaso él la había cambiado al darle ese brebaje?
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