Capítulo 3: La desafortunada gota de mostaza

3470 Words
Punto de vista de Lolo - “¡Lorraine…! por sexta vez… ¡El cambio que pidió el cliente era en relación al título de la publicación! ¡No al fondo!” - me sobresalto cuando escucho gritar a mi jefa. Casi puedo sentir lo molesta que está desde mi pequeño escritorio, cinco segundos antes de que haya hablado, desde lejos siento su frustración. Buenos días para ti también jefa, pensaba amargamente. - “Lo siento Lissette, lo tenía anotado aquí en un papelito, solo que… tenía tantas cosas que hacer y realmente vi ese fondo con ese color tan horrible que yo pensé…”. - “¿Que tu pensaste qué?” - me pregunta exasperada pasándose la mano por el corto cabello oscuro.- “¡Lorraine no te pago para que me des tus ideas! el cliente tiene una guía muy clara de qué es lo que quiere. Ellos querían un fondo gris humo ¡No de color verde brillante! y nuestro trabajo es entregarles... exactamente lo que quieren” - me dice acercándose a mi paso a paso firme mientras yo me inclino atrás de mi silla hasta que no puedo más y tengo su cara a pocos centímetros de la mía. Literal puedo verle sus ojos oscuros brotados.  - “Exactamente lo que quieren. Vamos, repite conmigo…” - me dice como si fuera una maestra de preescolar y yo una niña de tres años que se comió un crayón. - “...Exactamente lo que quieren” - digo yo humillada. - “Así es, no lo que una chica como tú piense de los colores. ¿Qué vas a saber tú?” - me dice mirándome de arriba abajo, luego se va a su oficina murmurando “niña tonta” aunque no creo que su intención haya sido evitar que yo la escuchara y luego entra a su oficina y se encierra de un portazo. Algunos de mis compañeros me ven, otros siguen tecleando en sus computadoras como si nada hubiese pasado. Esta mujer tiene menos imaginación que una fotocopiadora, pienso. Ustedes dirán ¿Por qué no me defendí? Sobre todo si tenía razón, como la tenía, este aviso es realmente horrible. Pero la realidad es que es muy difícil trabajar en una agencia de publicidad como esta. Cuando comencé, pensé que iba a tener la oportunidad de crear cosas, de usar mi imaginación, pero la verdad es que todo está prefabricado, no hay que pensar sino seguir las normas, las guías de los clientes, que muy poco saben de diseño, estética y armonía. Las primeras veces discutí, argumenté y casi debatí, pero luego de varias reprimendas y de sentir básicamente el aliento de mi jefa Lissette en mi cara de sus gritos y ofensas, pues… desistí. Este no es lugar para soñadores.  Recuerdo cuando tomé el trabajo y pensaba que la publicidad estaba muy cercana al área de moda y que solo era cuestión de tiempo para que alguien apreciara mi talento. O quizás, con mucha suerte, tendría contacto con algún cliente prominente. Pero eso solo fue quizás quizás quizás. Al poco tiempo me di cuenta de que esto era una mafia y que el talento no era lo principal, sino los contactos, las risas con los jefes y la cacería de quién te podría dar el empujón hacia las grandes ligas. Y aún así, solo tendría que seguir lo que mis jefes dijera, sin duda una Lissette, arriba de otra Lissette y así, como esas muñecas rusas que abres y hay una dentro de otra. Es decir, una persecución sin fin. Así que intento llevar mi muy sobrecargado trabajo, armando piezas, pobres y pequeños diseños, negociando con clientes que siempre tienen la razón… esperando mi gran oportunidad en otra parte, y cobrando mi sueldo a fin de mes para no tener que regresar a casa de mi padre. No es que no ame a mi familia, pero quería ser independiente.  Suspiro mientras me asomo a la oficina poco acogedora, que parece más bien un laberinto de ratones, todo es gris, las paredes tienen un enfermo color beige y todos parecen robots en sus computadoras. Antes intentaba tener amigos aquí, ahora agradezco no tenerlos, la mayoría solo piensa en ascender en este lugar dañado. Yo solo sueño con irme de aquí. Para ser una agencia de publicidad, es bastante lúgubre y serio. Inclusive mi jefa me mira mal cuando vengo vestida con algo llamativo o de color. Señora, mi ropa es lo único que le da color a mi vida, no lo voy a cambiar por más que me desmenuza con su mirada asesina. La escena recién, fue un momento poco usual en el que mi cerebro se escapó del modo automático y me distraje por un segundo, con la esperanza de que apreciaran la mejora que hice. No es algo que suceda ya a menudo. Y aquí ven los resultados. Parecería que esta discusión fue el presagio de lo que me depara el día, uno de esos días que me pregunto ¿Para qué me levanté? Escena siguiente estaba en una reunión donde hablé y mi jefa me miró para que me callara y mi voz se fue en un hilo. Después envié un mail importante sin el documento adjunto al que me refería. Yo creo que ya Lissette ni me miraba para no tener que regañarme de nuevo. Luego tenía literalmente una pila de trabajo en mi ya abarrotado escritorio, y solo quería pensar en que no quería quedarme a trabajar hasta la noche, no otra vez. No amo este trabajo como para dedicar mis horas libres y de descanso a hacer cosas horribles. Pero a veces… no queda de otra. El horario del almuerzo me la pasé sentada en un banco en una plaza cercana comiéndome un sándwich que preparé en mi casa. Es mi único momento en que veo algo de color, el verde del pasto, el azul del cielo y la gente pasear con sus perros, las señoras con sus bolsas de tiendas y yo sueño en ser así de libre, a mediodía fuera de una oficina, fuera de unas cuatro paredes color beige y con gente triste. Pero hasta comiendo metí la pata. De repente veo que, obviamente, me ensucié mi blusa blanquísima con una desafortunada gota de mostaza y ya veo lo mal que me va a mirar Lissette y su jefe cuando entremos en la reunión con un cliente. Justo cuando había reparado mi ropa la noche anterior: blusa blanca, medio seria con unas mangas abultadas arriba y puños impecables, pantalón n***o básico y zapatos bajitos negros, incluso hasta me sujeté mi cabello rojizo en un moño bajo. Ósea, parecía una mesera, básicamente. Acto seguido entré al baño e intenté quitar la mancha y... ¡sorpresa! la empeoré. Así que me coloqué un pañuelo de colores encima de mi camisa blanca que resaltaba con todos los asistentes a ala reunión, donde todos parecían uniformados de blanco y n***o. Hasta el color de mi cabello se veía fuera de lugar.  En la reunión básicamente me hice la muerta y no dije ni “buenas tardes”, pensé que casi casi me iba a salvar. Si Lolo no habla, Lolo no se mete en problemas. Pero noo, ustedes se imaginarán que un día así es insalvable. Hasta no hablando logré empeorar el día. - “¿Quién hizo este cambio de fondo del aviso nuevo?” - pregunta uno del equipo de clientes. Un señor con bigote y que parece que está perdiendo el cabello poco a poco, ataviado en un traje gris oscuro con una corbata del mismo color gris. No he volteado y ya siento la mirada de Lissette traspasándome como un puñal. Al aparecer traspapelé los documentos y entre las propuestas estaba mi anuncio con el fondo de color verde brillante que tanto molestó a mi jefa. Esta me señala y todos voltean a verme como si me estuvieran acusando de ir al paredón. Y todos logran verme aún cuando yo me hundía humildemente en mi asiento pegado a la pared. - “¿La chica con el pañuelo de colores?” - pregunta el cliente, mientras yo levanto la mano tímidamente tratando de no llamar la atención. O al menos lo menos posible. Estúpida gota de mostaza, realmente desafortunada. - “Pues creo… que quedó bien, podríamos dejarlo así” - me dice el cliente un poco amargado, como si le disgustara y gustara el fondo a la vez, quizás porque se ve mejor a la idea que ellos tenían previamente  y yo automáticamente sonrío de oreja a oreja y luego de ver la cara de mi jefa, mi sonrisa desaparece por arte de magia y me hundo nuevamente en mi silla.  Después de un par de años trabajando aquí, ¡por fin a un cliente le gustó mi cambio!. Lo malo ¡Tan tannn! mi jefa lo tomó a título personal, como si yo intentara ofenderla o traspasar su autoridad, casi casi como si lo hubiese hecho a propósito. Así que descargó sobre mí una tonelada de trabajos de mis compañeros ya que yo era, y cito: “Tan brillante” “Imaginativa” “Con tan buen gusto” y luego de reírse de mi idea de ser estilista y que los estilistas eran peluqueros, literalmente me dijo que nunca NUNCA iba a lograr trabajar con grandes clientes, ni en moda, menos en desfiles y lanzamientos y que mis ideas no tendrían éxito. Señora, literalmente mi idea acaba de tener éxito con este cliente triste, amante del gris.  Cuando ya caía la tarde y todos iban contentos a su casa, ella de casualidad se dirigió a mí y de despedida me dijo que quería todo lo que me había dejado listo para mañana antes del mediodía. Es decir, tenía unas cinco horas entre lo que queda del horario de trabajo y mañana para hacer el trabajo de varias personas. Y así, como una tirana, me dejó ahogada entre papeles y deberes, que logré adelantar a la menos de la mitad antes de tomar mis cosas y dirigirme a casa, derrotada y cabizbaja. Pensando que mañana tendría que volver bien temprano para terminar este castigo y quién sabe qué idea maliciosa aparecerá temprano en la cabeza de Lissette para ensañarse conmigo. De camino a casa hablé con mi papá, aunque no le conté nada de mi día, solo le dije que todo iba bien, que estaba comiendo regularmente, haciendo ejercicio y cuando podía veía a mis amigas, que tanto él adoraba. “Los amigos son los hermanos que elegimos” siempre me repetía y me decía que yo había elegido muy bien. Pero la verdad es que ni como bien, ni hago ejercicio, solo veo a mis amigas. Mientras estaba en el metro, recostada de una una de las paredes del vagón, intentando alejarme del tumulto de la gente y sostenerme del vaivén del vehículo, veía las publicaciones de Paloma: su exquisita ropa que contrastaba con mi camisa manchada de mostaza, su cabello perfectamente peinado, sus ojos maquillados y… Hugh soñado a su lado. Y creo que Dafne tiene razón, me siento peor luego de ver tanta perfección.  Cuando salía de la estación del metro se me ocurrió que tenía el derecho de tentarme con una cena suculenta, después de este día, realmente me lo merecía. Soy Lolo la desorganizada, soñadora, desestructurada y creyente de las causas perdidas. Pero creyente al fin, y creo que alguna mejora tiene que haber, una luz al final del túnel, se podría decir. Y el mundo es muy feo, y el día aún peor, pero mínimo una cena decente merezco. Para mi decente era una hamburguesa con papas fritas del lugar de la esquina, no es que sea una delicia, pero me quedaba de paso. Compré muy contenta y me imaginaba devorarla frente al televisor mientras veía el último capítulo de la serie que me tenía enganchada.  Pasé caminando por las lindas y caras tienda de la ciudad y veía zapatos hermosos que ni me atrevo a entrar y probarme. Son de esas tiendas que parece que te van a cobrar solo con entrar y ver. Suspiro. Crucé por otra calle y cuando iba caminando pasé por la puerta de uno de esos restaurantes caros y bellos que solo pocas personas tienen oportunidad de ir. Mmmm… solo de sentir el olor de la comida y el perfume fino de los comensales me daba a entender que era un lugar realmente de otro mundo. “Million” se llamaba, supongo que porque debe costar millones comer ahí o, debes vestirte como si valieras millones para entrar. Las letras estaban en dorado y en forma de lingote de oro y me imaginaba entrar alguna vez. Obvio que jamás lo he hecho. Si fuera sería con un traje espectacular, todo perfectamente combinado, quizás un pantalón blanco y una camisa de seda; y a la vez que pareciera que me veo divina sin hacer ningún esfuerzo. Debe ser que venía muy distraída con este pensamiento iluso que no vi venir un objeto directamente a mi cara. Cerré los ojos instintivamente ya que llevaba las manos ocupadas, pero afortunadamente era suave, luego se fue volando lejos de mi rostro y pude constatar que era un pañuelo. Un lindo pañuelo, de esos que ya no existen hoy en día. No sé si fue por amor a la linda pieza o que escuchaba lejanamente la voz de una mujer que gritaba “mi pañuelo mi pañuelo” que parecía que iba en busca del dichoso pañuelo, calle abajo detrás de la pieza de tela que iba surcando las calles como si fuera un avión de papel. En tanto, yo corría como pingüino con mi bolsa de tela con mi hamburguesa, de un lado y mi cartera colgando de mi hombro, del otro. Finalmente, y para mi fortuna, el pañuelo se cansó de volar y antes de casi caer a un charco de agua, lo sujeté haciendo equilibrio con mis cosas y me dispuse a buscar a la dueña. La misma, pareció de la nada, una señora con un delicado conjunto de traje, blazer y falda, color rojizo con un broche hermoso en la solapa. Tenía el cabello corto y oscuro en rizos suaves, de esos que tanto me empeño hacer todas las mañanas con mi cabello. No la detallé mucho, quizás por la oscuridad de la noche, pero tenía como una belleza antigua, sencilla y a la vez, glamorosa. Una cartera marrón de las que se usaban antes y unos zapatos de media tacón completaban su imagen. Percibí un acento desconocido cuando me habló: - “Gracias niña, realmente no sé cómo voló pero por nada del mundo quería perder mi pañuelo” - me dijo extendiendo su mano hacia mi. Yo aún con el pañuelo en mi mano derecha, volteé a verlo, era claro, creo que de seda, con insectos de colores rojizo, marrón claro, rosa oscuro, casi los tonos de su atuendo. Ella sí que sabe combinarse bien. - “No ha sido nada” - le dije yo con la respiración entrecortada por mi esfuerzo - “ Y la entiendo perfectamente, es un pañuelo muy hermoso, sería una pena perderlo” - “Es verdad, ya no los hacen como antes” - me indica ella y veo que tiene los ojos pequeños con algunas arrugas, que la hacen ver más interesante. Es difícil calcular la edad de la señora.  - “¡Justamente eso iba a decir! tiene una gran pieza en su poder, es realmente hermoso” - le digo extendiéndole el pañuelo en su mano y ella lo toma. - “Ya veo que eres una niña de buen gusto, además de amable. Tienes cara de chica mala, pero no... eres genuinamente gentil” - me dice ella de repente y me quedo pasmada. ¿Chica mala? ¿Tengo cara de chica mala? ¿Quién va diciéndole eso a la gente por la vida? Y lo dice como si fuera lo más normal del mundo. - “¿Yo? ¿Cara de chica mala? Quizás… ¿sexy o interesante?” - le pregunto titubeante y hasta yo estoy de acuerdo que es una tontería lo que digo. - “Eres una buena chica” - me dice acercándose y viéndome con detenimiento como si me analizara y después me da dos palmaditas cariñosas en la mejilla - “Gracias por tu gentileza, lamento que se haya estropeado un poco tu cena” - me dice para terminar y volteo a ver mi bolsa con mi hamburguesa que debe estar patas para arriba. Cuando vuelvo la veo caminar ya muy lejos. Que señora tan rápida pienso, quizás es más joven de lo que aparenta. Se ve joven pero su voz y maneras aparecen de otra época.  Por fin llego a mi hogar, dulce hogar. Me lavo las manos y al sentarme frente al televisor constato que, de hecho, mi hamburguesa está bastante desorganizada, pero aún tiene la capacidad de hacerme feliz junto con las papitas que ahora lucen tibias y arrugadas. Luego de un par de horas viendo capítulos, me levanto renuente a bañarme y colocarme mi pijama ya que mañana, lamentablemente me toca irme a la oficina desde temprano. El ser humano es literalmente el único ser que se levanta temprano y llega antes de lo debido a un lugar que odia y que tiene certeza que la va a pasar mal.  En el espejo del baño minúsculo me cepillo los dientes aburrida, detallando mi nariz, a mi parecer ligeramente grande, mi piel pálida, mis ojos que si sonrío mucho parecen dos rayitas y mi cabello rojizo, al que tengo que darle una pintada en los próximos días para que se vea más rojizo de lo que realmente es. La Lolo super atractiva de la boda de hace un par de días, se ha esfumado totalmente y quedo solo… yo.  Al acostarme en mi cama, detallo en la oscuridad mi pequeño departamento alquilado en el que vivo desde hace ya demasiado tiempo. Es pequeño como una caja de fósforos, con la cocina abierta, mi closet que no cabe ni la cuarta parte de mi colección de ropa, mis cosas desordenadas por todos lados, una pila de revistas y libros de diseño y moda, afiches de eventos que me gustaría estar y un par de muebles que más que para sentarse sirve para sostener cosas. Prefiero voltearme a la pared y ver mi mesita donde está mi celular y un retrato de mi mamá. Ojalá ella estuviera para decirme que todo va a salir bien y que va a mejorar. Ella creía tanto en mí, me impulsaba, me enumeraba todos mis talentos y quizás… realmente no tenga ninguno, quizás solo era eso, su creencia y amor en mi. Y cuando ella se fue... se llevó todo eso consigo. Seguramente me diría igual que tengo que pensar que todo mejorará ¿Pero realmente mejorará? me pregunto honestamente.  Quisiera saber si en algún momento todo encontrará su camino, solo pido saber al menos alguna cosa positiva y así quedarme tranquila. Saber si podré dejar este horrible trabajo, si lograré algo de lo que sueño, si dejaré de estar... tan sola, pienso mirando mi cama, mi departamento tan vacío. Muy lejos estoy del aura de felicidad y enamoramiento que presencié en la boda del hermano de Greta. Ese amor tan dedicado y apasionado de ellos, es solo una idea lejana para mi. Me pregunto si eso es realmente el matrimonio, esa felicidad y candidez que irradiaba de ellos. De nuevo solo quisiera saber si llegaré a algún destino. ¿Lograré demostrar que tengo talento? ¿A alguien le importa siquiera? Saber que no pasará otro año, y otro año y otro año y seguiré siendo la misma Lolo de siempre, en un departamento triste, con un baño mínimo y un espejo que se cae, sola, en un trabajo mediocre y solo con las ideas y tontos sueños en mi cabeza como única compañía. A veces quisiera que me despertaran y me dijeran que ya es final de año y que todo pasó, ir directamente al futuro y ver qué rayos sucedió ¿Sirvió de algo tanta lucha? ¿Todo lo que soporté? Quizás llegaría a recordar estos momentos con nostalgia, hasta podría reír al rememorar estos días. Uff ¿te acuerdas de los tristes días en que tenía que soportar a Lissette? ja ja ja ja ¿y que a mis clientes no les gustaban mis cosas? qué perdedores, que tiempos aquellos. Así, lucho por dormirme finalmente, con la triste idea de que tengo que volver a la oficina mañana para terminar la pesadilla de trabajo que me espera, antes del mediodía para no escuchar los gritos de mi jefa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD