Punto de vista de Lolo
Mi cama nunca se ha sentido mejor en la vida, pienso mientras salgo de la inconsciencia del sueño, hacia el amanecer del siguiente día, inevitablemente despertándome. Es de esos momentos en que la cama tiene la conjunción perfecta entre suavidad, calidez, esponjosidad y básicamente sientes que te abraza y no quieres salir. Justamente suele ser en esos días en los que, lamentablemente, tienes que levantarte temprano, reflexiono resignada. Cuando eres una persona que trabaja para poder vivir, luchando para poder obtener lo que quieres, lo sabes muy bien.
Al abrir los ojos, perezosamente, me encuentro con que estoy en unas sábanas blancas, suaves y... hay un hombre a mi lado. Antes de caer en cuenta de lo que estoy pensando, debe ser que estoy medio dormida aún, lo detallo. Es bronceado con un color de piel dorado, tiene una nariz recta y fina, cabellos ligeramente rizados y castaños caen en la almohada en suaves ondas brillantes con algunos rizos, sus cejas son pobladas y tiene la boca entreabierta, en lo que parece ser un muy plácido sueño. Un grupo de pestañas largas y oscuras se apoya en su pómulo, como si estuvieran durmiendo también. Si esto es un sueño, es un buen sueño… lo primero que pienso es que él es... encantador, pareciera como que estoy viviendo en un video musical donde despiertas con un hombre hermoso. Se ve tranquilo durmiendo, uno de sus brazos toma firmemente la almohada y sus finas manos se ven relajadas y magníficas y su boca entreabierta me hace imaginar en cómo sería…
Esperen esperen esperen... ¿Qué?… ¿Un hombre? entro en pánico de repente. ¿Qué rayos sucedió? No no no... no puede ser. Me lo temía.. tomé demasiado anoche con las chicas, le dije a Greta que ese vino era poderoso y que teníamos que tener cuidado. No puede ser, ¿En qué estaba pensando? ¡Maldición! me siento en la cama de un solo golpe. No no no no… ¡Eso fue hace días! Si mal no recuerdo ayer me acosté temprano cual perdedora llorando... fue un día horrible y viene de repente todo a mi mente de golpe y se me va el aire de los pulmones en un segundo.
¡El trabajo sin terminar!
¡Lisette!
¡Al mediodía!
¡El fondo de colores brillantes!
Pienso frenéticamente, para luego volver al elefante en la habitación.
¡Hay un hombre desconocido en mi cama! Un hombre francamente atractivo… ¡Pero desconocido al fin!
¡Dormí con un desconocido!
Pensé que había dejado de hacer esas cosas hace mucho tiempo, y juro que fue solo un par de veces, de las cuales totalmente me arrepiento. Pero no no, anoche me acosté deprimida, llorando por mi triste vida y solo tomé agua. Entonces ¿Qué hace un hombre desconocido en mi habitación, en mi cuarto, en mi cama? Muy encantador y todo lo que se pueda ver. ¿Por qué está aquí si no recuerdo haberme acostado con nadie? me pregunto tomándome la cara con mis manos en clara señal de angustia.
Paso siguiente hago lo que cualquier persona haría en mi situación. Grito. Como si me estuvieran robando todo lo que tengo en la vida, es más como si estuviera viendo un payaso aterrador con un globo a media noche en un callejón oscuro.
¿Sería un ladrón? pienso mientras me duele la garganta del grito. Claro, un ladrón me roba y se acuesta en mi cama para tomar un pequeño descanso en su agitada vida. Pero el hombre en cuestión, ladrón o no, se despierta aturdido por mi grito y se levanta de un lado, aún medio dormido. Tiene un pantalón deportivo gris y una camiseta blanca con un dibujo en líneas negras de un hombre, pareciera un personaje antiguo, como el que encontrarías en cualquier hoja de un libro de historia europea. ¿Qué que hago detallando estas cosas de vestimenta? Simplemente no lo puedo evitar.
- “¿Qué sucede?” - me pregunta el supuesto ladrón restregándose los ojos, ya menos sorprendido, parado al otro lado de la cama. Lo primero que noto es que su voz es grave y fuerte como si fuera de locutor y hace que se me ponga la piel de gallina solo de escucharlo. Es francamente sexy su voz, pero trato de concentrarme aquí en lo importante, que es que está en mi casa robándome… o lo que sea, en vez de dejarme endulzar por su muy muy fantástica voz. Demonios, realmente podría trabajar de locutor, o leyendo libros en audio libros o qué bien sería tener una llamada en espera y escuchar esa voz… o… ¡Enfócate Lolo!
Me levanto de un solo salto como puedo y me quedo viéndolo, y de repente siento como me mareo un poco, y un dolor punzante me late en la cabeza y procedo a colocar una mano en mi nuca, mientras el supuesto ladrón me mira extrañado, viendo cada paso que doy ¿Ahora que hago? Quizás no fue buena idea el grito, ahora que lo pienso... no sé tampoco si es lo que cualquier persona haría en mi situación. Debí haberme parado con cautela y huir. Demonios. O buscar algo con que pegarle, un bate o algo así. Mi corazón late apresuradamente mientras busco como una niña perdida algo a mi alrededor y, lo que se me ocurre, es lanzarle lo que tenga antes de que me ataque. Así que empiezo a arrojarle lo que tengo a mi mano al hombre, en este caso las almohadas de la cama, mientras él se protege con el brazo de mis ataques. Mis suaves ataques ¿en qué estaba pensando? ¿ahogarlo con algodón esponjoso?
- “¿Qué haces? ¿Qué sucede?” - me pregunta el supuesto ladrón sorprendido y, al parecer, algo ofendido por haberlo levantado a gritos y ahora por atacarlo con almohadas. Se para firme al otro lado de la cama y sus movimientos son ágiles.
- “¿Cómo que hago? ¿Quién rayos eres y qué haces en mi cama?” - le pregunto lo más autoritaria que puedo intentando sonar como la persona que tiene el control en esta situación. Que evidentemente, no la tengo.
- “¿Qué? ¿Es broma?” - me pregunta el atónito inclinándose en la cama y puedo observar que tiene unos ojos castaños muy marcados, como misteriosos y unas pestañas muy oscuras. También veo que tiene el inicio de una barba, de esas que por más que se emiten, queda una ligera sombra. Después de quedarme detallándolo, obviamente doy un paso atrás alejándome y buscando algo más para lanzar. Soy muy detallista pero una mujer precavida al fin y al cabo.
- “¿Te parece una broma esto?” - le digo mientras encuentro un sweater y una revista que también va por los aires, él va evadiendo todo muy fácil con sus brazos que se ven fuertes y bronceados.
- “¡Basta Lolo!” - me dice de repente levantando la voz, mientras ataja otro cojín que le lancé y yo me quedo pasmada, parada como una estatua, con unas sandalias en la mano que estaban a punto de surcar la cama, y que esperaba que le aterrizaran en la cabeza.
- “¿Qué… qué me dijiste?” - le preguntó aturdida. Mi corazón late más deprisa, y el dolor punzante en mi cabeza se acrecienta y florece.
- “Dije: ... basta Lolo” - me repite él bajando la voz y de forma calmada, como si explicara algo muy difícil. Sin embargo mantiene las manos ligeramente extendidas en frente de su pecho como si me mostrara que no me va a hacer daño, pero a la vez, está preparado para protegerse en caso que se me ocurra lanzar algo más contundente. Su cabello se ve despeinado cayendo de un lado, con un remolino con sus rizos y tiene una apariencia genuinamente sorprendida de mis preguntas ¿Qué rayos está pasando aquí?
- “¿Quién eres y porqué me llamas así?... Muy poca gente me llama así” - le pregunto desconcertada. Para todos soy Lorraine, pero para muy pocos soy Lolo.
- “Ya hablamos de esto hace años, quedamos en que yo te podría decir Lolo” - me dice él como si nada.
- “¿Cómo que hace años? Jamás te he visto en mi vida” - le espeto fríamente - “¿Quién eres?” - le pregunto de nuevo. Él me mira seriamente, como intentando discernir si estoy bromeando o no. Parece convencerse de que no, ya que a continuación, y de la forma más clara y posible me dice las tres palabras que, literalmente, jamás pensé escuchar.
- “Soy... tu esposo” - y yo me quedo congelada. Suelto las sandalias que le iba a lanzar, que caen desordenadas en el suelo. Él poco a poco va rodeando la cama, caminando hacia mi y yo entro en pánico.
- “Soy tu esposo… Adam” - me dice señalándose a si mismo con la mano como si fuera Tarzán y yo fuera Jane. Pero yo sigo sin respuestas y estoy segura de que mi cara debe ser un poema porque él empieza a acercarse un paso a la vez, con cara de preocupación. Inclina su cabeza de lado y en su mirada oscura y en sus ojos cálidos veo dudas, mientras sus largas pestañas se mueven con el rápido parpadeo de sus ojos.
El dolor en mi cabeza se va extendiendo como una ola por mi cerebro y yo me tomo la cabeza, mientras por primera vez detallo la habitación. Es amplia con ventanas grandes, parezco estar en una casa, no un departamento. Está exquisitamente decorado, con paredes de colores pasteles, muchos colores claros y con mucha luminosidad. Parece salido de una publicación de diseño de interiores, y a la vez, parece una casa de verdad, un hogar donde las personas pasan su vida, no un armado para una publicación y un par de fotos. Y la realidad me cae. Definitivamente este no es mi mini departamento desordenado. Nop, dista mucho de ser mi triste mini departamento. Esto fue todo, me ha caído la desgracia definitivamente concluyo. Después del día horrible que tuve ayer esto es lo que me faltaba.
Me han raptado.
Ya está, me raptó este loco que quiere que sea su esposa y quiere incluirme en este juego perverso, quién sabe qué más querrá conmigo. Pánico, pavor y terror son fieros invasores que toman mi cuerpo y entro en estado de alarma. Tengo que buscar una forma de escapar, pienso, a toda costa. Doy una media vuelta, sin dejar de mirar al tal Adam, que se acerca descalzo como si yo fuera un pobre animalito herido en el bosque y veo que detrás de mí, a unos pasos hay una puerta, que por lógica, tiene que llevar a alguna parte, si tengo suerte a la calle, afuera.
- “No te me acerques” - le digo histérica pero firme extendiendo un brazo para darle a entender que mantenga el espacio entre nosotros.
- “Lolo… por favor… déjame ayudarte” - me dice y se ve sincero. Claro, como todos los psicópatas.
Así sea lo último que haga yo no voy a jugar a la casa de muñecas con este demente. Y en lo que me permiten mis piernas corro a la puerta, la abro de sopetón y entro cerrando fuertemente y apoyándome, mientras veo si tiene un cerrojo. Parece que si, lo paso instantáneamente. Lo escucho gritar al otro lado de la puerta y dar pequeños golpecitos, mientras me dice alternando entre Lolo y Lorraine. ¡Qué ágiles que están los locos hoy en día! pienso mientras me detengo a ver donde estoy, ya hasta averiguan el nombre de sus víctimas y detalles íntimos, como el sobrenombre de tu infancia, ¡qué barbaridad!. Afortunadamente, veo que estoy en un baño, podría ser peor como un armario. Hay una pequeña ventana, la cual me podría servir de vía de escape. Pero no tengo ni algo que me sirva para romper nada, ni tampoco un celular, me lamento.
El baño, al igual que la habitación donde estaba, es amplio y lindo. Está todo organizado, pulcro, cuidado y arreglado. Con colores preciosos y detalles refinados y a la vez hogareños, como una casita de campo antigua. Dios mío, que no esté en el campo abierto abandonada a mi suerte. Me asomo por la ventana saltando lo más que puedo e inclinándome en punta de pies, hasta que veo un pequeño jardín y más allá casas, techos y humo de la ciudad. No es el campo, suspiro, estoy en la ciudad, en la civilización, mi raptor no me dejó en el medio de la nada. Una buena noticia al menos. Sigo escuchando al hombre llamarme, insistiendo ahora con Lorraine.
Empiezo a revisar que hay en el baño. Encuentro sorprendentemente, cosméticos agradables, maquillaje hermoso, perfumes deliciosos, hay hasta flores. Demonios, como quisiera que este fuera mi baño. De repente me veo en el espejo del baño. Y de la nada, el horror me posee de nuevo, inclusive peor que antes. Grito otra vez desesperadamente como si hubiese visto un fantasma.
En segundos, mi raptor vuelve a dar golpes a la puerta, llamándome con su voz grave, que ahora suena preocupada y preguntándome si estoy bien, si me ha pasado algo. ¿Cómo que si ha pasado algo? me pregunto congelada frente al espejo. Levanto mi mano hacia mi cabello, ahora muy liso, largo y rubio. Completa e íntegramente... rubio platinado. Y no, no es una peluca, confirmo mientras me jalo las hebras rubias. Es mi cabello, pero mi cabello rojizo, ya no está, es mío y a la vez no. Enfrente de mí está una mujer que no conozco. Soy yo, pero a la vez… no soy la Lolo de siempre. Estoy con el rostro anguloso, con un bronceado que no parece muy normal, con la boca un poco más grande… y rubia. Me detengo a ver mi ropa y tengo un pantalón sedoso rosa con una camiseta abotonada a conjunto. Parece que estoy en mi propio cuerpo pero a la vez no. ¡Qué difícil es esto! ¡Es la peor experiencia que alguna vez sentí en la vida! Después de gritar un par de veces más me quedo prácticamente muda mirándome en el espejo.
Me pregunto como rayos no estoy desmayada ya tirada en el piso. Ya no sé si fui raptada, si los aliens tienen que ver, si alguien tomó mi cuerpo, si entraron a robar o qué rayos.
¿¡Qué diablos pasó conmigo!?