CAPÍTULO | 02

1547 Words
El coche se detuvo frente a un edificio de piedra clara con las ventanas iluminadas de arriba abajo, y yo me quedé pegada al cristal, con la boca un poco abierta. Había una alfombra gris que bajaba desde la puerta hasta la acera, fotógrafos a los lados y gente elegante que se saludaba con besos al aire; los flashes iban y venían como si alguien jugara con un interruptor. —Cierra la boca, que entra una mosca —bromeó Chloé, dándome un codazo suave. —No me digas que tú no estás nerviosa. —Yo crecí entre estas cosas, tontita. —Se acomodó el vestido blanco y me guiñó un ojo. El chófer abrió mi puerta. Bajé con cuidado para no tropezar con los zapatos de plataforma, y justo entonces el segundo coche se detuvo detrás del nuestro; papá salió tirando otra vez del cuello de la camisa, y mamá lo siguió con el bolso entre las manos, mirando las luces del edificio con una sonrisa que no lograba esconder. —Esto es enorme —murmuró, tomándome del brazo—. Henry, no vayas a tocar nada. —Yo jamás toco nada —protestó papá, ofendido—. Solo miro con las manos en la espalda, como en los museos. Nos reímos los cuatro mientras subíamos por la alfombra. En la puerta, una mujer con una tablet buscó nuestros nombres en la lista; apenas escuchó el apellido de Chloé, levantó la cabeza con una sonrisa enorme y nos dejó pasar sin pedir nada más. Cuando cruzamos el umbral, el murmullo de las conversaciones nos envolvió de golpe, mezclado con una música de cuerdas que sonaba muy bajito entre las voces. La sala principal era inmensa, con techos altísimos y paredes blancas donde cada cuadro tenía su propia luz, como si estuviera encendido por dentro. Había óleos de gran formato, lienzos oscuros llenos de tormentas y mares, y entre ellos, sobre pedestales de mármol n***o, se alzaban las esculturas, figuras de piedra pulida que me dieron ganas de rodear despacio. Todo olía a pintura nueva, a flores frescas (lo noté enseguida, por mamá) y a perfume caro. —Pellízcame —le susurré a Chloé—. Tres años soñando con ver algo así en vivo. —Y todavía falta mucho por ver. —Me apretó el brazo, emocionada—. Pero primero hay que saludar a mis tíos, o mi tía no me lo perdona. —Qué bueno que lo dices tú —intervino mamá, enderezando la espalda—. No quiero que piensen que somos unos maleducados. Chloé estiró el cuello entre los invitados y señaló con la barbilla hacia el fondo, donde una pareja conversaba con un grupo de coleccionistas. La mujer llevaba un vestido n***o de manga larga y el cabello rubio recogido en un moño perfecto; tenía un porte tan sereno que la sala parecía girar a su alrededor. A su lado, un hombre alto, de hombros anchos y cabello oscuro con algunas canas en las sienes, escuchaba con las manos entrelazadas a la espalda. —Cordelia y Kalen —dije en voz baja. —Mis tíos —confirmó Chloé, y echó a andar abriéndonos paso como si conociera cada baldosa del lugar. Cordelia nos vio antes de que llegáramos. Dejó la copa sobre una bandeja que pasaba, abrió los brazos y estrechó a Chloé con cariño; después se volvió hacia nosotros con una sonrisa cálida. —Así que tú eres Mila —dijo, tomándome las manos entre las suyas—. Chloé me ha hablado mucho de ti, querida. Dice que eres la mejor pintora de la facultad. —Exagera mucho —respondí, notando cómo me subía el calor a las mejillas—. Es un honor estar aquí, señora Sokolov. La galería es preciosa. —Cordelia, por favor. —Giró hacia mis padres—. Y ustedes deben de ser los señores LeBlanc. Colette, ¿verdad? Mis amigas me han hablado tanto de su floristería que ya la daba por una vieja conocida; los arreglos de la boda de los Marchand eran un sueño. —Ay, qué amable —dijo mamá, sonriendo con orgullo—. Me alegra saber que llegaron hasta usted. Fue uno de los encargos que más disfruté. —Y usted, teniente. —Kalen le extendió la mano a papá, con un apretón firme—. Un placer. Es bueno conocer a quienes cuidan esta ciudad. —El placer es mío —respondió papá—. Su galería es impresionante, señor Sokolov, aunque le confieso que de arte entiendo poco; mi hija es la que sabe. —Entonces ella se encargará de explicarles —dijo Kalen, mirándome con amabilidad—. Disfruten de la velada. Los artistas andan por ahí, y seguro que mis hijos estarán encantados de conocer a una colega. Agradecí con un asentimiento y me dejé llevar por Chloé hacia el ala de las pinturas, mientras mis padres se quedaban conversando con Cordelia sobre flores y sobre la apertura. Caminamos entre los invitados, deteniéndonos frente a cada obra. Había una enorme, un mar n***o bajo un cielo rojo, que me dejó sin palabras; las pinceladas del agua eran tan gruesas y tan violentas que casi se oía el golpe de las olas, y yo, que llevaba tres años aprendiendo a mezclar sombras, no habría sabido ni por dónde empezar a copiarlas. Me quedé tanto rato mirándola que Chloé tuvo que tirarme de la manga para que siguiéramos. En otra, una mujer de espaldas, con el cabello suelto, estaba pintada con tanta delicadeza que parecía respirar. Me acerqué para leer la placa dorada junto al marco y alcancé a ver la firma en la esquina: una K enorme, trazada con furia. —Es de Kai —dijo Chloé, a mi lado—. Siempre firma así, como si estuviera enojado con el lienzo. —Se nota que le gusta pintar —murmuré, sin apartar la vista. Me incliné un poco más para fijarme en la textura de las pinceladas, tanto que no me di cuenta de que alguien se había detenido justo detrás de mí hasta que retrocedí un paso y choqué de lleno contra un pecho firme. El bolso se me resbaló del brazo y cayó al suelo con un golpe seco. —Perdón, yo… —empecé a decir, girándome con la cara ardiendo. Las palabras se me quedaron atoradas en la garganta. Frente a mí había un hombre alto, de cabello oscuro revuelto con elegancia y unos ojos de un azul gris tan claro que parecían atravesarme; llevaba una camisa negra con los primeros botones desabrochados, y ya se había inclinado a recoger mi bolso antes de que yo reaccionara. —Fue culpa mía —dijo, con una voz grave y pausada que me erizó la piel—. Me quedé mirando cómo miraba ese cuadro y no me di cuenta de que estaba tan cerca. Me tendió el bolso despacio. Lo recibí con los dedos algo torpes. —Gracias —logré decir—. Y perdone, soy muy distraída. —No se disculpe. Me gusta que alguien mire mi trabajo así. Parpadeé, tardando un segundo en entender sus palabras. Detrás de mí, Chloé soltó una risita. —Mila, él es mi primo Kai —anunció—. Kai, ella es Mila, mi mejor amiga. —Un placer, Mila —dijo él, pronunciando mi nombre con lentitud, como quien prueba una palabra nueva en la boca. —Igualmente —respondí, aferrando el bolso contra el pecho—. Su cuadro es increíble, de verdad. Esa mujer parece que va a girarse en cualquier momento. —Quizás lo haga —murmuró, y sus ojos se deslizaron un instante por mi cara y por el collar con el corazón n***o—. Cuando alguien la mire como se debe. No supe qué contestar. Sentí cómo me ardían las orejas, y una parte de mí quiso salir corriendo mientras otra, más tonta, quiso quedarse un minuto más. Fue Chloé quien me rescató, tomándome del codo con una carcajada. —Primo, no la asustes, que apenas la conoces. Anda, ve a saludar a tus invitados; mis tíos te están buscando. —Seguro que sí. —Kai inclinó apenas la cabeza—. Disfruta la noche, Mila. Se perdió entre la gente con paso tranquilo, y yo me quedé mirando el sitio donde había estado, con el bolso apretado y el pulso acelerado. Todavía sentía el roce de sus dedos sobre el cuero, y me pregunté cómo era posible que alguien dijera tan pocas palabras y me las hubiera dejado todas dando vueltas en la cabeza; después me reí de mí misma, porque era un hombre que apenas conocía y lo único que había hecho era recoger mi bolso del suelo. —Respira, que te quedaste colorada como un tomate —se burló Chloé, pellizcándome el brazo. —Es que casi lo tiro al suelo —me quejé, riéndome de mí misma—. Qué vergüenza. —Anda, vamos —dijo, arrastrándome hacia el siguiente salón—. Que mis tíos me matan si no te enseño las esculturas de Kael. Me dejé llevar entre risas, con el corazón todavía revuelto, mientras de fondo seguía sonando la música de cuerdas y la sala se llenaba cada vez más de invitados.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD