No quiero seguir fingiendo que no noto cómo Sabrina me observa cada vez que Andréi no está mirando. Sus ojos son como agujas punzantes, y aunque intento no darle importancia, su actitud empieza a cansarme. —Espera. Todavía no hemos pedido nada. ¿No habíamos quedado en almorzar juntos? —dice Andréi mientras se levanta y, sin previo aviso, agarra mi mano. Su contacto es rápido, pero lo retiro con firmeza—. Camila—me dice con una voz que podría sonar persuasiva si no estuviera tan molesta. —Lo siento, Andréi, pero no creo que debas preocuparte por si me voy o no. Recuerda que tienes una prometida —respondo en voz baja, esforzándome por mantener la calma mientras me aparto de él—. En serio, ¿por qué me llamaste aquí si no tenías nada que decir? Apenas hablas, y ahora quieres que me quede a a

