¿Es que acaso no soy humana? Teniendo en cuenta mi reputación de bruja de oficina, todos deben suponer que soy incapaz de tener preocupaciones comunes, como tener hambre o necesitar descansar. Lo que sea. —¡Aish! No olvides que hoy es tu regalo. No te retractes de lo que dijiste, ¿de acuerdo? —sonrío y salgo del ascensor en el momento en que se abren las puertas. Me pregunto qué debería comer. Supongo que me dejarás escoger lo que quiera, ¿verdad? Natan sonríe con sudor frío. Se encoge de hombros y asiente mientras me sigue, sin decir una palabra. Ah, no va a responder, ¿eh? ¡Qué sorpresa! . . . Miro el reloj: 5:26 p.m. —Natan, ¿hiciste una copia de estos documentos? El jefe tiene que firmarlos mañana. Es hora de que se vaya a cenar. Necesito las copias —le recuerdo mientras está a

