Capítulo 13. Hoy te lo diré...
Estamos en el Royal Brompton Hospital. El doctor Constantin Aldridge limpia la herida, mientras que la enfermera Talía, ruborizada, no le quita la mirada de encima a Marcus. Frunzo el ceño enojada.
Un dolor punzante me hace pegar un brinco y Marcus mira mal al doctor. Vaya, no soy la única con el sentimiento.
- Ya está limpia. Sólo hay que darle algunos puntos- Constantin se quita los guantes y coge la planilla que la enfermera le pasa- la zona afectada tendrá una leve inflamación durante los primeros días, eso es normal, así que no te preocupes- asiento. Talía comienza a colocar varios objetos en una bandeja y deja caer algunos varias veces.
Pobrecita. La entiendo, a mi también me desarma Marcus.
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- Y recuerda, Maddison. Nada de hacer actividades que pongan en peligro a tu pierna y no hacer movimientos bruscos- me regala una sonrisa y se la devuelvo por cortesía- puedes decirle a tu hermano que te ayude en todo lo que necesites.
Marcus se tensa y entrelaza nuestros dedos.
- Es mi esposa y la trataré como una princesa- alzo la dos cejas mientras lo miro. Estoy incómoda en esta silla de ruedas- ahora si nos disculpan; tenemos asuntos que resolver- me da la vuelta y empuja la silla de ruedas hasta el ascensor.
- ¡Un placer atenderte, Maddison!- exclama el doctor y Marcus gruñe.
Al llegar a la primera planta nos encontramos con Iván y cuando nuestras miradas se encuentran el corre hacia mi y me abraza sin lastimarme. Gracias a Dios que no preguntaron la causa de mi herida.
- Me alegra que estés bien- le sonrío cariñosa y le aprieto la mano- creo que es hora de decir adiós- mi sonrisa se borra.
- ¿ A donde vas?- no quiero que se vaya. A pesar del poco tiempo que llevamos conociéndonos, se que es una gran persona.
- No lo sé. Creo que voy a alquilar una habitación y luego buscar trabajo- se encoge de hombros y yo halo el suéter de Marcus.
- Que Iván se quede con nosotros- él niega y hago un puchero- vamos Marcus, es sólo un chico sin hogar y sin trabajo.
- No. Ese chico fue uno de los que te secuestró - se cruza de brazos- y tiene suerte que aún esté con vida- le hago ojitos y el intenta evadir mi mirada.
- Vamos. Eres mi prometido. ¿En dónde quedó la parte en que ambos tenemos que estar complacidos?- me mira y se que eso atrajo su atención. Asiente y aplaudo tal cual niña pequeña.
- Oye, tu - ruedo los ojos mientras Iván camina hasta aquí- te quedarás con nosotros.
- Me niego. No quiero ser una molestia- lo llamo y él se acerca a mi. Le pido que se agache y en cuanto me obedece, le jalo una de sus orejas.
- Vivirás con nosotros y punto. No te preocupes por el trabajo; serás mi guardaespaldas personal. Junto a Lachlan y James, claro - señalo a mis otros dos ninjas que se encuentran mirando hacia la puerta de salida.
- Por más que quiera golpearte y torturarte no puedo- mi Jefe se acerca a él.
- Lo que hice no era por decisión propia. He vivido toda mi vida bajo las órdenes de mi tío. Tuve que dejar mis estudios por él- vaya. Esto es algo inesperado- no le hice daño a Maddison, por más que me decían que la golpeara, no podía.
- Desde ahora trabajaras para mi y cuidaras a Maddison. Estudiaras en tu tiempo libre y cuando hayas acabado podrás irte, mudarte bien lejos de aquí;casarte y tener veinte mocosos en una casa en Alaska.
Que exagerado y d*******e es. Le pregunto a Iván su edad y me sorprendo al oírlo. Para tener 19 años parece un hombre de 30. Es sólo un niño que está disfrazado bajo un cuerpo corpulento.
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Sawyer nos abre la puerta de una Chevrolet Suburban, negra, me sostengo de Marcus y me levanto de la silla de ruedas sin hacerle mucha presión a mi pierna derecha. Con ayuda de el entro a la camioneta.
Iván va en la parte de copiloto, Lachlan y James en los asientos del medio y en los últimos estamos Marshall y yo.
- Vi como te miraba Talía- decido romper el pulcro silencio.
- ¿Qué Talía?, ¿La cantante?- por mi expresión se da cuenta que no estoy bromeando. El sabe que esa enfermera se lo comía con la mirada- no le des tantas vueltas a eso, Maddison. Ni siquiera le presté atención.
Vale, el tiene razón. Pienso demasiado en las cosas, busco mil maneras de volverlas complejas y les doy tanto asunto que mi cabeza siempre se vuelve un lío.
- Tengo muchas preguntas por hacerte- observo por la ventanilla a los autos pasar a velocidad. Dos truenos encienden el cielo por dos segundos y comienza a llover.
- Lo sé- con su pulgar acaricia mis nudillos - Lo siento- lo escucho suspirar pero no hago intentos de mirarlo- por mi culpa mira lo que te ha pasado. Si no hubiera llegado a tiempo te hubieran matado.
- No tienes la culpa de nada, Marcus- agarro su mano y le doy un pequeño apretón- por un momento pensé que no llegarías y que mi muerte estaba a la vuelta de la esquina- le da un beso a mi mano y la coloca encima de su muslo.
Ninguno de los dos habló por el resto del camino. Las rejas color dorado se abren y nos da paso a la entrada de la gran mansión de Marcus. Un gran proyecto arquitectónico.
Sus colores marrones y cremas combina a la perfección con los árboles que sobresalen de la parte de atrás de la casa y los ventanales de cristales dejan ver la grandiosa piscina que hay en el patio delantero. Primera vez que estoy aquí.
Sonará raro, pero es la verdad. En los años que tengo a su lado jamás he invadido su espacio personal. Hasta ahora. Piensa la voz de mi conciencia.
Lachlan me abre la puerta y con su ayuda bajo de la camioneta. Marcus llega hacia mi lado y con un solo movimiento me carga como recién casados. Suelto un chillido al no sentir el piso junto con mis pies.
- No pesas nada. Tendré que darte una buena porción de comida- los chicos abren la puerta de par en par y espera a que entremos hacia la casa. No me da tiempo a observar el salón principal ya que conduce por unas escaleras dobles y sube conmigo aún en brazos.
- Iván, Siéntete como en tu casa. Tu habitación está en la parte de abajo. Elige la que quieras- Iván asiente y pronuncia un gracias- si necesitas algo puedes pedírselo a uno de los chicos.
- Buenas noches, chicos- cada uno responde a mi saludo y los pierdo de vista no sin antes recibir un guiño por parte de Iván.
A medida que caminamos puedo ver cinco puertas de color marrón. Marcus abre una de ellas y me deja con sumo cuidado en el suelo.
La habitación es blanca completamente, la cama tiene un espaldar acolchado decorado con piedras y un edredón color azul rey acompañados de almohadas rojas.
- Esta será tu habitación. En ese closet está toda tu ropa- señala un gran armario de madera y no me atrevo abrirlo ahora. Se encamina hacia otra puerta, la que supongo que es el baño y se adentra en el. Como puedo lo sigo y observo desde la puerta como llena la bañera de agua y le echa una especie de jabón en el interior de esta.
- Hay toallas en esa gaveta. Esta todo equipado para que lo uses. En el armario hay pijamas- cierra la llave de la ducha y antes de salir por la puerta me mira- estaré abajo haciendo un par de llamadas. Volveré en 15 minutos.
Sin esperar respuesta de mi parte , cierra la puerta y me deja sola en esas paredes frías. Me encamino hacia el espejo de cuerpo entero situado en una esquina del baño y me miro de arriba hacia abajo. Estoy hecha un desastre.
Mi cabello está sucio y enredado, tengo el maquillaje corrido por todo el rostro y no se diga de mi falta de ropa. El pantalón de vestir que tenía puesto, ahora se encuentra cortado por la mitad y la camiseta corta está manchada de sangre y suciedad. Arrugo la nariz.
Me despojo de mi ropa y entro con cuidado en la bañera. Dejo el pie herido en la esquina de esta para que no se moje la herida. Lavo mi cabello y todas las partes de mi cuerpo y salgo del baño en cuanto termino de asearme.
Con una toalla envuelta en mi cuerpo salgo del baño y abro la puerta del armario. Por Dios santo, hay demasiadas prendas aquí, aún con su etiqueta. Madre mía, cada prenda vale más de la mitad de mi sueldo. Debió de costarle mucho dinero todo esto.
Me coloco ropa interior de encaje n***o junto con un conjunto de pantalón corto y blusa de mangas color blanca, de seda. Con la toalla me seco el cabello y lo dejo suelto.
Abro la puerta de la habitación y observo el solitario pasillo. Una de esas puertas tiene que ser el dormitorio de Marcus. Bajo las escaleras con cuidado de no lastimar la pierna y observo cada detalle de la casa. Hay varios cuadros que simulan una especie de mosaico y atrapa tu mirada en cuestión de segundos. Desvío la mirada hacia el frente y bajo lo que resta de las escaleras.
Llego al salón principal y no hay rastros de Marcus por ningún lado. Hay varios muebles de color crema y una pantalla plana que cubre una pared entera. Todo aquí es grande y lujoso.
Escucho ruidos y caminando despacio llego a la cocina . La pared del fondo es de cristal y da una preciosa vista hacia la piscina.
Hay un comedor de alrededor quince sillas . Me siento rara aquí. No he estado acostumbrada a lujos y no es como si pudiera permitirmelo.
Marcus está abriendo una botella de whisky. Nuestras miradas se encuentran y por un momento se me olvidó como respirar. Mi corazón se acelera cada vez que me mira a los ojos. Sólo él tiene la capacidad de acelerar mi ritmo cardíaco. Me riñe por bajar las escaleras en mi estado y me disculpo.
-¿ Te apetece un poco de Glent Grant?- hasta el nombre del whisky suena fino en sus labios. Niego. Sólo quiero preguntar y preguntar.
- Puedes comenzar, Maddison- se sirve un poco de alcohol en un vaso de cristal.¿ Acaso soy muy obvia o lee mis pensamientos?
Ahora estoy muda. Antes de venir aquí ensayaba todo lo que le iba a preguntar y toda esa práctica se ha esfumado por completo. Así soy yo. Soy de las que se mata planeando lo que va a decir y cuando llega el momento no dice nada.
- ¿ Desde cuando eres un mafioso?- del refrigerador saca dos platos de ensalada cesar y los coloca en la encimera de la cocina. Yo no tengo hambre. No ahora.
- Digamos que hace unos cinco o seis años atrás. No te puedo decir una fecha exactamente- me pasa un vaso con jugo de naranja y bebo un poco- ahora come. Luego hablamos.
Cojo el tenedor y en silencio comenzamos a comer. Termino antes que él y sonríe.
- Siempre tan impaciente- me encojo de hombros. Coge la botella de whisky, su copa y me ayuda a caminar hacia los sofás de la sala.
- Puedo caminar sola, gracias- no dice nada y deja que me siente en el largo sofá. Se sienta a mi lado y coloca su antebrazo en el respaldo de este.
Se ve tan cómodo y a gusto con su figura; mientras yo, trato de no moverme para no hacer nada tonto.
- ¿Cumples órdenes de algún jefe criminal?- sonríe.
- Soy mi propio jefe. No necesito recibir órdenes de nadie, salvo de ti- su respuesta me descoloca. Yo no le ordeno nada o eso creo.
- Entonces, ¿Cuando haces tus negocios sucios, te escondes de las personas y de los medios ?- trato de acomodar mi pierna en el sillón y él me ayuda.
- No me escondo de nadie. Trabajo con discreción - bebe un gran trago de su vaso - le pago muy bien a 30 hombres para que estén conmigo al momento de hacer mis entregas.
¡j***r!. El asunto es más peligroso de lo que pensaba.
- ¿Los chicos y todos los guardaespaldas que trabajan para ti, saben lo que eres?- asiente.
Me pica la curiosidad.
- Tu relación con Amber Sitalo, ¿Cómo era?- su mirada cambia drásticamente y arruga la frente.
- ¿De verdad quieres saberlo?- obvio, si no , no estuviera preguntado. Contesto de forma afirmativa su pregunta.
- Nuestra relación se basaba en sexo, solamente. Ella decía frente a todos que éramos novios, sin nosotros serlo- he recibido demasiada información, pero quiero más. Necesito saber más.
- ¿Y no que ambos estaban comprometidos?- cierra los ojos un segundo y los vuelve a abrir.
- Ya te lo dije, Maddison- su mirada se endurece- fue ella la que me pidió matrimonio y yo no había aceptado. Y no lo iba a hacer, sólo la quería para tener relaciones y ya.
Supongo que eso quieres hacer conmigo. Pienso.
- Jamás- se acerca más a mí y coloca mis piernas por encima de las suyas. Pensé en voz alta. Mi yo interior se encuentra chocando su cabeza varias veces contra una pared- tu eres diferente. No te elegí para poseerte. Además, no harás nada que no quieras y yo no te obligare .
El sólo pensar que el puede ir a donde esa mujer y pedirle relaciones me estremece. Lo deseo, deseo a mi Jefe. Y haré hasta lo imposible para que no se aleje de mi. Haría cualquier cosa por el.
- Tu trabajo en el bajo mundo ¿En qué consiste?- todo me da vueltas. Mientras más me dice, más quiero preguntar
- Hay cuatro factores principales en la mafia, Maddison - con sus dedos enumera cada una- el fraude, la estafa, el robo y la violencia, es algo que no puede faltar en todos los mafiosos. En mi caso yo sólo los uso en ocasiones que lo requiera. No soy uno de esos que van por ahí matando y torturando personas por querer.
Iba a hablar pero me corta.
- Es todo lo que responderé- se levanta del sillón y se dirige hacia la pared de cristal- se que dije que iba a responder a todas tus preguntas, pero mientras menos sepas de todo esto, en menos peligros estarás.
Lo que el no sabe es que entre menos sepa, más pienso. Y no hay peor tormenta que la que uno se arma en la cabeza. Soy consciente de eso.
- Prácticamente estoy en este mundo, Marcus, tu mundo- lo señalo y el me mira- lo que me pasó hoy es una clara señal de eso.
- Y lo sé- su mirada se vuelve dulce y viene hacia mi- cuando te vi siendo amenazada por ese desgraciado, no podía pensar en otra cosa que no fuera en ti. Me siento culpable por lo que te pasó- me acaricia la mejilla y pasa su pulgar por mi labio inferior- no dejaré que nada te pase, Maddison.
Y con esas palabras une sus labios con los míos cerrando con un beso esa promesa. Tira de mi labio inferior suavemente y lo muerde.
Nos miramos a los ojos y sonreímos.
Cuando estoy con el ,huracanes de mariposas revolucionan hasta la última esquina de mi alma.