Me asomé por la entrada de la cocina, Edmond estaba de perfil anverso al mesón sirviendo en dos platos de porcelana blanca los pedazos de pizza. Tragué saliva cuando se dio cuenta de mi presencia, giró su rostro y me miró. —Hola—dije seriamente y cuadré los hombros. No es como si le conociera mucho, pero estaba segura de que si me acobardaba él buscaría otra forma de burlarse de mí, y hasta el momento lo estuve haciendo bien con mis sarcásticas contestas que lograban irritarlo, aunque no lo admitiera. Entonces me pregunté cómo iba a funcionar su plan si apenas podía soportarlo, no tenía sentido. —Eres lenta—sonrió juguetonamente y volvió a concentrarse en servir la pizza. Rodé mis ojos en silencio, sus cambios de humor eran extraños y repentinos. —Me parece divertida la forma en la

