Todo permanecía en silencio, un silencio incómodo y preocupante. A penas me acababa de despertar, cuando la oscuridad se apodero de mí. No lograba ver nada, me arrastré por aquel frío suelo hasta hallar una húmeda pared. Y me agarré a ella mientras dejaba caer mis lágrimas. Estaba muerta de miedo, mi cuerpo temblaba de frío y una herida en mi pecho no dejaba de sangrar produciéndome un inmenso dolor. Quería gritar, quería romper cosas. Pero si siquiera sabía dónde estaba. Antes de que me diera cuenta, una intensa luz se encendió en el techo. Inmediatamente, mis ojos se cerraron dañados por aquel contraste. Escuché unos pasos acercándose a mí, y quise abrirlos, pero seguía dañándome tanta luz. —Mírate —Pronunció aquella voz— Hace poco eras una humana normal y corriente, y por culpa del d

