El motor del coche dejó de hacer ruido, jugando con mi corazón, me latía tan rápido que apenas lograba respirar. Pronto la puerta se abrió, Dylan me empujó hacia atrás con la mano. Pero una silueta esbelta y pálida salió del coche. No pude verla el rostro, llevaba una pamela enorme puesta en la cabeza.
Unos cabellos rubios ondulados se dejaban ver cayendo por sus hombros mientras perfeccionaban su silueta. Pronto me dirigió una mirada, peor seguía sin reconocerla ya que llevaba unas gafas de sol el triple de grandes que sus ojos. No obstante, estaba segura de que la conocía.
Repentinamente alzó su mano y la colocó en las gafas.
—¿Quién eres? ¿Qué quieres de nosotros? —Se atrevió a preguntar Dylan.
La chica agacho la cabeza y se retiró las lentes, a continuación, levanto su mirada dejándonos ver sus ojos, tan bonitos como oscuros.
—Jad... —Pronto me corregí— Paola...— Recordé retrocediendo un paso.
—¿La conoces? —Dudó el muchacho preocupado.
—Eso creía —Dije entristecida.
—Éramos mejores amigas —Informó Paola.
—Lia, si quieres podemos irnos, no tienes que hablar con ella si no quieres.
Dirigí una mirada dulce al joven, realmente parecía una buena persona.
—No te preocupes, estoy bien —Intenté tranquilizarlo— Es pasado.
—Como desees.
—Lia, no quiero recuperar el tiempo perdido, más que nada porque sé que eso es imposible. Veo que ya te han dicho la verdad sobre mí, mi nombre, lo que soy... Pero quiero dejar claro que nunca quise hacerte daño, eras muy importante para mí, y lo sigues siendo, solo quiero ayudarte. Y si acepté ese trabajo solo fue porque me prometieron que no te harían daño y prefería ser yo antes de que otro fingiera ser tu amiga y te acuchillara por la espalda.
—¿Crees que tú no lo hiciste? —Escupí dañada.
—Sí, pero otra persona te hubiera hecho más daño, yo te quiero, de verdad que para mí eres como de mi familia.
—¿Entonces por qué me llevaste a esa fiesta? ¿Por qué dejaste que me secuestraran?
—Te llevé a allí porque tu quisiste, yo fui para acompañarte, iba a protegerte de ellos, pero en el accidente te fuiste y no pude ayudarte. Te juro que no hay nada de lo que arrepienta más que dejarte allí, al menos no te ha ocurrido nada grabe, sigues siendo tú.
—Te equivocas —Corregí— No soy la misma chica de siempre.
Agache mi mirada y deje que mis ojos se tiñeran de rojo, sin embargo, estaba tan furiosa que mis dientes crecieron al mismo tiempo. Al finalizar la miré y observé la reacción de su cara.
—Eres... eres una vampiresa —Tartamudeó confusa.
—Deberías haberle contado la verdad desde el principio y todo esto no hubiera ocurrido.
De pronto al decir aquello último la imagen de mi hermana allí tirada paso por mi mente, haciendo que me bloqueara y, a la vez, unas lágrimas cayeron por mis mejillas dejando su recorrido marcado.
—Vámonos —Propuso Dylan agarrándome de la mano y sacándome de aquella escena.
—¡Lia! —Llamó mi ex mejor amiga— Te están buscando. Tus hermanos te buscan.
Al escuchar eso mis pies frenaron sin que yo se lo mandara.
—Toda irá bien— Apoyo el joven limpiándome las lágrimas con sus mangas.
Definitivamente, era un buen chico, a pesar de su apariencia.
Me dejo en casa, y él se marchó. Me arrastré hasta la cama y pronto me quedé dormida.
"Caminaba por un callejón oscuro, tenebroso, la lluvia caía y unos truenos le acompañaban. Me adentré en una nueva calle, uno que yo conocía ya que estaba a un par de manzanas de mi antigua casa, en la cual vivía con mi padrastro y mi hermana. Siempre me metía por aquellos callejones ya que se tardaba bastante menos si iba por ahí que si iba por la calle principal. Y como siempre me quedaba con mis amigos hasta tarde, debía correr para poder llegar a tiempo a casa. Sabía que no era muy seguro meterse por allí, pero normalmente no había nadie, y si había, corría y nunca me pasaba nada. Pero esta vez era distinto, había algo que me hacía encontrarme insegura, algo me perturbaba. Continué el camino sin poder dejar de mirar a todas partes, buscando que iba a ir mal, sin embargo, todo parecía tranquilo. Giré por un pequeño callejón para poder meterme en otro, y cuando llegué a ese último una silueta me sorprendió por la espalda dejándome inconsciente. Mientras perdía el equilibrio y caía en aquel mar de pesadillas, vi otra silueta, una femenina, tirada en el suelo. Me estaba dando la espalda, pero por la altura diría que tenía entre 10 a 15 años. Poco después caí.
Me desperté sentada en el suelo, apoyando mi espalda en la pared. Un hombre encapuchado se agacho en frente del otro cuerpo. Seguía dándome la espalda, pero observé un pequeño detalle más, era una chica morena, con media melena, y vestía unas mayas negras, una típica chamarra verde y unas zapatillas.
El hombre le desnudo el cuello, y dejó crecer sus colmillos.
—Vampiro —Susurré colocándome la mano en la herida que me había hecho al golpearme.
Me colocó en una posición cómoda y le clavo sus asquerosos dientes en la impecable piel de la joven.
La joven no se quejó, parecía estar drogada, no obstante, sí que se retorció. Poco después aparecieron ocho siluetas más. Todas encapuchadas, y comenzaron a morder a la joven, sin remordimiento alguno, como si fueran monstruos.
Me levanté y arrastré tambaleándome hasta ellos, agarré al primero y lo aparte de la joven. Repetí mi jugada con todos. Era extraño, no se percataban de que yo estaba allí hasta que les empujaba. Y cuando lo hacía no volvían a morderla ni me atacaban, pero di poca importancia a eso ya que quería salvar a la muchacha.
Solo me quedaba uno, el último, el original. Él era quien me había golpeado y quien llevaba más tiempo asesinando a aquella persona. Lo agarré, pero esta vez el joven se dio la vuelta y me dejo ver su rostro, lo cual me hizo retroceder.
Era Harry.
Se levantó y dirigió hacía mí, sus ojos eran completamente rojos, no tenía pupila, era toso iris.
—Harry... —Balbuceé cayéndome al suelo mientras retrocedía moviéndome a gatas.
Me choqué con la pared y miré al resto de los jóvenes, todos tenía los ojos iguales, y me miraban como si fuera una impostora en aquel lugar. Y definitivamente, aquellos ocho chicos que había tirado eran el resto de mis hermanos. Entonces se levantaron sin dejar de mirarme y, sin esperarlo, corrieron hacía a mi mientras gritaban.
Yo grité con ellos, hasta que me di cuenta que estaba gritando sola, ya no había nadie, excepto aquella joven allí tirada.
Mi corazón aun latía muy rápido, me coloqué la mano en el pecho e intentó coordinar aquellos latidos y mi respiración. Cuando pareció que respiraba normal, o al menos, más lento, me acerqué a la chica gateando y la moví para poder ver su rostro, así asegurarme de que seguía viva.
Sin embargo, en cuanto vi su rostro se me cayó de las manos y me eché para atrás.
—Lia...— Pronunció entre susurros mientras una gota de sangre caía por su boca— Me has salvado hermanita— Finalizó sonriendo."