—Creía que ya éramos amantes. —¿Y qué más quieres? —Selene lo fulminó con la mirada. Alaric era un descarado oportunista. Él se rió suavemente y le susurró al oído con voz ronca: —Lo dejamos por ahora... pero luego te pediré la recompensa. —Que... que no sea demasiado —tartamudeó Selene, mordiéndose el labio inferior. Selene tenía poca experiencia en la intimidad. Solo se había acostado con Alaric, quien la conquistaba con seguridad y habilidad. Se dejó llevar, completamente, hasta alcanzar el clímax. Cuando volvió en sí, él ya estaba vestido, con un cigarrillo entre los dedos. Al notar su mirada, bajó los ojos hacia sus muslos aún descubiertos. —¡No me mires así, idiota! —Selene se apresuró a cubrirse con el vestido, avergonzada. Se arregló la ropa rápidamente y al ponerse de pie,

