Alaric sonrió levemente, aprovechando el gesto de tomar su vaso para ocultar la frialdad en sus ojos. Estaba furioso de que Lucían viera a su gatita borracha. La molestia era tan grande que, en el fondo, incluso sintió el impulso de llevársela a casa. Luego, echó un vistazo a Selene cuando nadie prestaba atención y anotó mentalmente en su cuadernito de venganzas que ella pagaría por esto más tarde. No obstante, Selene pareció percibir algo y un escalofrío le recorrió el cuerpo. —¿Qué pasa? —preguntó Lucían, abrazando a Selene. De repente, recordó sus viejos tiempos amorosos, mirando tiernamente esos ojos llorosos y la cara sonrojada de Selene, pero el amor se reprimió y el odio emergió al instante. Selene, atónita, reaccionaba lentamente bajo la influencia del alcohol. —Lucían... Al o

