Regina, llena de furia y miedo, empujó a Máximo con todas sus fuerzas. La rabia se reflejaba en su rostro, y en un arrebato de desesperación, le abofeteó con toda la fuerza que pudo reunir. El sonido del golpe resonó en la habitación como una sentencia. Máximo, sin inmutarse, tocó suavemente su rostro donde la marca de la bofetada aún brillaba en su piel. Un pequeño destello de diversión cruzó sus ojos, y una risa baja y cargada de ironía escapó de sus labios. —¿Cuál es tu nombre? —preguntó con calma, como si nada hubiera sucedido, como si las emociones de ella no le importaran en lo más mínimo. Regina, con la respiración entrecortada por el miedo y la indignación, lo miró fijamente a los ojos, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. —¡Soy Regina Giralt! ¡Soy una mujer muy ri

