Máximo separó sus labios de los de ella con una pausa que hacía crecer la tensión en el aire. Sus ojos brillaban con un deseo arrebatador, llenos de lujuria y promesas de lo que estaba por venir. —Necesitas un castigo, por no haber confiado en mí —susurró con voz grave, cargada de intenciones. Ella desvió la mirada, sus ojos se posaron brevemente sobre la navaja, que descansaba en la mesa junto a ellos. El temor comenzó a recorrer su cuerpo, pero se obligó a ignorarlo, buscando en su interior la valentía para enfrentarlo. —Máximo… —su voz tembló un poco al pronunciar su nombre, como una súplica, pero también como una provocación silenciosa. —¿Tienes miedo de mí? —preguntó él, su sonrisa era un destello de picardía, una mezcla de dulzura y travesura que le hacía perder el control. Ella

