Máximo la sujetó del brazo. Sus ojos se encontraron, y Regina sintió cómo el peso de su mirada la anclaba al suelo. —Regina Giralt, no lo entiendes, no puedes escapar de mí, salvé tu vida, ahora eres mía. —Máximo… Él sonrió con esa sonrisa casi cínica que siempre la hacìa estremecer. —Escúchame bien —dijo Máximo con voz grave—. Nunca volvería con una traidora. Y menos con Mercedes. Regina contuvo la respiración. —La quise, sí. La odio, no. Me da asco. Y me parece una mala persona. Pero eso no significa que me importe. Se acercó un poco más a ella, sin soltarla. —Mercedes marcó mi vida, sí… —admitió—. Pero no para bien. Me engañó con mi propio hermano. Hay personas que dejan huellas porque te hicieron feliz… y otras porque te destrozaron. Ella pertenece a la segunda categoría. Re

