Si no hubiera sido por la rápida reacción de un guardia, que logró alzar la mano de Mercedes en el último instante, la bala habría perforado el estómago de Máximo. El disparo resonó en la noche como un trueno, haciendo que todos se estremecieran, pero golpeando el aire. Máximo se quedó inmóvil, con el pecho alzado y la respiración pesada. Sus ojos oscuros, llenos de furia contenida, se clavaron en la mujer que aún forcejeaba entre los guardias. —¡Tú mataste a mi hijo! —gritó Mercedes con el rostro desencajado por el dolor y la rabia. Sus lágrimas caían descontroladas, su voz se quebraba en desesperación. Los guardias la sujetaron con más fuerza, pero Máximo no se detuvo. Dio un paso lento y calculado hacia ella, dejando que el miedo la envolviera. Su mano se cerró con b********

