Regina miró el video en su teléfono, el brillo de la pantalla reflejando en su rostro mientras una sonrisa macabra se formaba en sus labios. Era una sonrisa fría, calculadora, una que no mostraba ni una pizca de arrepentimiento, solo satisfacción. Al verlo, sintió asco, pero ya no dolor, su mente comenzó a maquinar, y la euforia que sentía la envolvía como una capa de hielo, intensa y peligrosa. —Esperemos —dijo, con voz suave pero cargada de veneno—, en una semana es la fiesta de compromiso de Dinorah y Keane. Justo en ese momento voy a exponer toda la verdad. Quiero verlos sufrir. Quiero que sean destruidos y caigan en desgracia delante de todo su mundo. Cada palabra que salía de sus labios era como una promesa oscura. El deseo de venganza se reflejaba en su mirada, una mezcla d

