Todo era penumbras a, mi alrededor. No podía ver, absolutamente nada. Aunque, por alguna extraña razón. Era algo, que no me perturbaba. Digamos, que el lugar. Me parecía, tan familiar. Que no pude, sentir temor. Mucho menos, incomodidad. Ante el inmenso frío abrasador, de las sombras. El cual, acariciaban mi piel. Con la misma delicadeza, y ternura; de una madre. Por lo que era, imposible. Que actuará con temor o, desagrado. Ni siquiera, sentía preocupación. Por el sonido, de los ecos distantes. Producto, de las heladas corrientes de viento; silbantes. Una tétrica, melodía. Fácilmente, comparable. A los susurros de sufrimiento o, agonía; de las almas, sin descanso. ¿En qué lugar tan extraño, me encontraba? Me cuestione, dudosos. Sin recodar absolutamente nada, de mi existencia. Observa

