Llevaba más de dos horas consciente, desde que había logrado salir de la cámara de recuperación. El dolor, y la tristeza. Me mantenían, en un estado temporal de autismo. Nada volvería a ser, como antes. Me dije. Recostado, sobre una cama improvisada; en el interior, de una antigua enfermería. Con la mirada, perdida en el espacio. A mi lado, se encontraba una unidad robótica plateada; con forma de cilíndrica, y con múltiples aparatos. Que se encargaba de suministrarme, diversos medicamentos. Además de monitorear mis signos vitales a, través de un sistema de intravenosas. – ¿Te encuentras bien? – apareció, Robert. Sujetando, unos cartuchos plásticos; parecidos a, cilindros de cristal. Los cuales, se encontraban cargados con medicinas, y anestésicos. Robert, vestía una extraña armadura p

