¿Qué puedo decir? Hubo más sexo en casa, en la calle, en casa de Natalia, en la de Nick. Diferentes posiciones, tríos y parejas. Juegos y juguetes.
Y es que las relaciones son complicadas, son una maraña de sentimientos, acciones y omisiones; pero en mi caso, fue el sexo quien dio la pauta para poder mejorar mi matrimonio. Nuestras conversaciones se hicieron más periódicas, y no hablo de las simplezas diarias, sino de esas cosas que usualmente nos guardábamos; sin motivo o comprensión alguna. Tal vez creía que lo lastimaría más, pero resultó que mi silencio era peor, haciendo alejarnos estando juntos. Sebastián era mi cómplice, mi amante, la persona a la que amaba y con la que estaba convencida, quería compartir el resto de mi vida. No cometería el error de abandonar la relación que habíamos retomado. Quizá era atípico, pero funcional.
-¿Qué se traen ustedes dos? –Preguntó Vincent, cuando Sebastián deslizó su mano sugestivamente por mi cadera. Nuestro hijo mayor, había regresado hacía un par de semanas de Ciudad Épsilon, ya que había terminado su licenciatura.
-¿De qué? –Respondí con otra pregunta.
-No le prestes atención querida –Sebastián se acercó para darme un casto beso en los labios. –Pasó por ti a las 6 – me guiñó un ojo, tomando un pan tostado de la barra del desayunador. Habíamos planeado ir a cenar y después a bailar. Sí, cuantos más meses pasaban, más tiempo compartíamos: agregamos salidas y actividades para hacer juntos.
-¿No vas a desayunar? –Le pregunté con indignación, haciendo que se detuviera en la entrada de la cocina. –Lo siento, pero tengo que irme más temprano, si quiero salir a tiempo para llegar a mi cita – me miró con picardía; - además, tengo un pupilo – apuntó con la vista a Vincent, – que está tardando en captar el proceso –Vincent, abrió los ojos incrédulo y yo sólo me reí. –¡No llegues tarde! –Lo sentenció y salió de la cocina por completo.
-¡Ves! Eso es a lo que me refiero –Vincent llamaba mi atención una vez más; pero yo, seguía sin entender. –Parece que el haberlos dejado solos, les hizo bien – sonreí, la mejora en nuestro matrimonio era notoria. –Mamá, sólo quiero recordarte que tengo 23 años, ya estoy grande para tener otro hermano. –
-¡Vincent! –Grité turbada, pero él ya había salido corriendo a gran velocidad de la cocina.
Fin.